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Los XII Juegos: La sede que se ganó sin existir

El 27 de febrero de 1974, unas 30 mil personas llenaron un estadio que no existía cuatro años antes. Los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe transformaron la ciudad y la idea que el país tenía de sí mismo

SANTO DOMINGO. – En 1970 Juan Ulises García Saleta, conocido por todos como Wiche, subió al podio en la asamblea ordinaria de la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe, celebrada en Panamá, y anunció que Santo Domingo quería ser sede de los próximos Juegos.

Se dice que con disimulo hubo miradas cruzadas y sotosonrisas entre los presentes, no por descortesía, sino porque el país carecía en ese momento de la infraestructura necesaria, no solo deportiva: el país no estaba preparado en ningún sentido.

La República Dominicana no tenía instalaciones que se acercaran a los requisitos técnicos que ODECABE exigía para albergar un certamen de esa escala. Pero, lo que Wiche propuso no era organizar los juegos en la ciudad que había, sino construir, en cuatro años, la ciudad deportiva que el país nunca había tenido.

El dato más sorprendente de esta crónica es que, contra todo pronóstico, don Wiche consiguió la sede de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 1974 sin que esta existiera siquiera.

La ciudad que se construyó para el deporte

Era la primera vez que el país construía instalaciones deportivas de ese nivel y nada de lo que existía hasta ese momento tenía esa escala. (Fuente: AGN).

Conseguido el objetivo, había que trabajar y el gobierno de entonces ofreció todo el apoyo: un terreno de más de 722 mil metros cuadrados, en pleno centro de la ciudad y 20 millones de pesos, que eran 20 millones de dólares con el cambio a la par.

Y allí, en la cuadra comprendida entre la 27 de Febrero, la John F. Kennedy, la Máximo Gómez y la Ortega y Gasset, se levantó el complejo deportivo más ambicioso que el país había ejecutado en toda su historia, con nombre propio: Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, y padre intelectual: el ingeniero Wiche García Saleta, quien lo concibió como una ciudad dentro de la ciudad.

Para febrero de 1974, el complejo contaba con el Estadio Olímpico Juan Pablo Duarte, con capacidad para 22,000 personas, el Palacio de los Deportes, que con los años sería bautizado como Virgilio Travieso Soto y conocido popularmente como «La Media Naranja» por el color del duomo que lo techa, una piscina olímpica, velódromo, pabellones de voleibol y gimnasia, estadios de béisbol y sóftbol, además de canchas abiertas de tenis y baloncesto.

Era la primera vez que el país construía instalaciones deportivas de ese nivel y nada de lo que existía hasta ese momento tenía esa escala. Nada de lo que vino después puede entenderse sin esos cimientos.

El 27 de febrero a las 4:15 de la tarde

El Gobierno decretó día libre, dice la hemeroteca que todo lo guarda.

Empleados públicos y privados quedaron liberados de sus obligaciones, y 30 mil almas colmaron el Estadio Olímpico aquella tarde del 27 de febrero, fecha elegida, con toda su carga simbólica por el aniversario de la Independencia.

Cuando el sol bajaba sobre la capital y el evento más grande que el país había organizado estaba a punto de comenzar. Balaguer presidió la ceremonia junto al alcalde Rafael Estrella Rojas, Lord Killanin, entonces presidente del Comité Olímpico Internacional y José Beracasa, titular de ODECABE.

Los 23 países participantes desfilaron en orden alfabético, con la excepción de Panamá, sede de los juegos anteriores, que abrió el desfile, y República Dominicana que, como anfitriona, cerró.

La bandera nacional la portó Donato Vásquez, recién graduado con honores de ingeniería agronómica de la Universidad Católica Madre y Maestra y Atleta del Año en 1973.

El punto de mayor emoción lo marcó la llegada de la antorcha. Cuando el atleta Alberto Torres de la Mota, apodado «Gringo», recorría la pista de chevrón, se produjo un silencio que ninguna de las 30 mil personas presentes quisieron ni pudieron romper.

Cuando encendió el pebetero, la tensión se rompió y el estadio estalló. Hubo aplausos, lágrimas, abrazos y alegría. Los XII Juegos habían comenzado y todavía hoy se habla de aquella hazaña.

Catorce jornadas, 23 países, 18 deportes

La República Dominicana es uno de los cinco países del mundo, junto a México, Cuba, Colombia y Venezuela, que ha organizado el certamen tres veces. (Fuente: AGN).

Durante catorce días, del 27 de febrero al 13 de marzo de 1974, Santo Domingo fue la capital del deporte regional, con cerca de 2,000 atletas de 23 delegaciones en 18 disciplinas: atletismo, baloncesto, béisbol, boxeo, ciclismo, clavados, fútbol, gimnasia artística, judo, levantamiento de pesas, lucha olímpica, natación, polo acuático, sóftbol, tenis, tiro deportivo, vela y voleibol. Del patio participaron 203 deportistas.

El dominio absoluto fue de Cuba, que se alzó con 191 medallas, 101 de ellas de oro, doblando prácticamente a su seguidor más cercano. México sumó 82, Puerto Rico 69, Venezuela 55, Colombia 44.

Para el país anfitrión, el cuadro fue modesto en número, 16 medallas en total, y la única de oro valió por todas las demás.

El hombre de las pesas

Se llamaba Jorge Amaury Cordero Rivera, había nacido en San Pedro de Macorís y era pesista. En la categoría de 145 kilogramos, Cordero no solo ganó: levantó al país entero con él.

Fue la única medalla dorada que República Dominicana obtuvo en los XII Juegos, y el regocijo que produjo fue desproporcionado y comprensible al mismo tiempo. El país nunca había tenido un escenario como ese para celebrar a sus atletas y Cordero fue inmortalizado en el Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano en 1987.

El resto del medallero dominicano lo completaron el boxeador Alejandro Pérez (plata), el luchador olímpico Justino de los Santos (plata), el cuarteto del relevo 4×100 metros integrado por Porfirio Veras Mercedes «Popo», Javier Amarante, José L. Oficial y Gil Fortuna (plata); el equipo de béisbol (plata), y una lista de bronces que incluyó al judoca Juan Chalas y los equipos de baloncesto femenino y voleibol masculino y femenino.

Lo que quedó

Cuando los atletas regresaron a sus países y las instalaciones quedaron en silencio, Santo Domingo tenía algo que no tenía antes: un complejo deportivo permanente, moderno, a la altura de los estándares internacionales.

El Centro Olímpico Juan Pablo Duarte no fue un proyecto efímero construido para la ocasión. Ha sido desde 1974 la infraestructura sobre la que el deporte dominicano organizó su crecimiento.

Esos XII Juegos también dejaron algo más difícil de medir, aunque perceptible: la certeza de que el país era capaz de organizarse a esa escala, y el lema que Max Reynoso le dio a los XII Juegos, «Compromiso de Todos», no fue una frase de relleno, fue la descripción exacta de lo que ocurrió.

Hoy el Estado Olímpico lleva el nombre de Félix Sánchez, el atleta que nació el 30 de agosto de 1977, tres años después de aquella ceremonia inaugural, y que se convertiría en el mayor deportista de la historia dominicana.

Campeón mundial en los 400 metros con vallas en 2001 y 2003, ganó en Atenas 2004 la primera medalla de oro olímpica de la historia de la República Dominicana, y regresó en Londres 2012, a los 34 años, para ganar el oro de nuevo con el mismo tiempo exacto que en Atenas, 47.63 segundos, convirtiéndose en el atleta de mayor edad en ganar ese título olímpico.

El centenario

Este julio y agosto, una Santo Domingo con torres de 30 pisos, dos líneas de metro y vuelos directos a cuatro continentes vuelve a ser sede, esta vez de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, entre el 24 de julio y el 8 de agosto de 2026.

No solo es la tercera vez que el país recibe el certamen, sino, que son los juegos del centenario: exactamente cien años después de que la primera edición se celebrara en Ciudad de México en 1926.

Por eso la escala es otra y las emociones se reeditan con otros protagonistas. En 1974 participaron 23 países y cerca de 2,000 atletas en 18 deportes. Este año serán 37 delegaciones, más de 6,000 atletas y 57 disciplinas.

La República Dominicana es uno de los cinco países del mundo, junto a México, Cuba, Colombia y Venezuela, que ha organizado el certamen tres veces.

Wiche García Saleta, el hombre que, en la Panamá de 1970, convenció a ODECABE de que Santo Domingo podía hacerlo, tiene ahora su nombre en una de las estaciones del Metro que pasa justo bajo el Centro Olímpico que él concibió.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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