El gremio ocupa desde 1995 el antiguo Pabellón de Venezuela y alega que la salida forzosa vulnera la legalidad; el Senado reclama los terrenos para su programa de modernización
SANTO DOMINGO. – La Sociedad de Arquitectos de la República Dominicana (SARD) rechazó este martes la notificación con la que el Senado de la República le concede 15 días calendario para abandonar su sede en el Centro de los Héroes, el antiguo Pabellón de Venezuela, rebautizado como Pabellón Emilio Brea, que el gremio ocupa desde 1995.
El acto, fechado el 18 de septiembre y entregado por el alguacil Anisete Dipré Araújo, establece que el Senado necesita los terrenos para continuar su programa de modernización y advierte que, si el plazo no se cumple, acudirá a los órganos jurisdiccionales competentes, según reseñó Diario Libre.
“El desalojo ilegal de los gremios debilita la institucionalidad, vulnera el respeto a la legalidad y perjudica el desarrollo del país”, afirmó la presidenta de la SARD, arquitecta Lucirys Mateo.
El profesor Juan Manuel Franco Taboada, de la Universidade da Coruña, coordinó un estudio del pabellón con estudiantes de maestría de la PUCMM y, en ese trabajo, afirma que el Senado expropió el inmueble en 2001 y lo devolvió en 2004.
Esas fechas coinciden con los dos decretos que cita la SARD, así que el Senado de hoy estaría reclamando lo mismo que ya reclamó hace 25 años.
Llamado al diálogo
La SARD pidió a la presidencia del Senado dejar sin efecto el requerimiento y abrir un diálogo que reconozca los derechos adquiridos de los más de 12,000 profesionales de la arquitectura que dice representar.
Si no hay respuesta, anunció que agotará las vías legales, institucionales y de movilización gremial para conservar su sede.

Los argumentos del gremio
Según el comunicado de la junta directiva, el gobierno de Venezuela entregó formalmente el inmueble a la SARD en 1995 “como un acto de hermandad internacional”, con el propósito de albergar sus operaciones, la defensa del ejercicio técnico y el desarrollo académico de la arquitectura nacional.
“Este local no es una ocupación fortuita ni un espacio sin propósito”, subraya el texto.
Como respaldo jurídico, Mateo citó el decreto 751-04, firmado el 5 de agosto de 2004 por el entonces presidente Hipólito Mejía, que derogó el decreto 235-01, del 13 de febrero de 2001, relativo a la porción de terreno asignada al pabellón.
A juicio de la SARD, aquella derogación dejó atrás los intentos de desposesión de 2001 y consolidó su permanencia en el edificio.
La entidad sostiene, además, que la notificación atenta contra su patrimonio institucional y desconoce los acuerdos gestionados con ministerios del Estado para restaurar el pabellón. En junio de 2023, la SARD y el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones firmaron un acuerdo para el rescate de la antigua edificación, según informó entonces Diario Libre.
Un conjunto sin ley protectora
El pabellón fue levantado en 1955 para la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, origen del actual Centro de los Héroes, un conjunto que todavía carece de protección legal específica. En mayo pasado, el arquitecto Sergio Cross, miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM) y de DOCOMOMO Internacional, advirtió que “el Centro de los Héroes aún no está oficialmente declarado patrimonio monumental mediante una ley protectora” y mencionó el deterioro de la sede de la SARD al reclamar un plan integral de conservación para el complejo.
La obra es del venezolano Alejandro Pietri (1924-1992), que según Latour se inspiró en Frank Lloyd Wright y Bruce Goff y resolvió las cubiertas con hormigón armado, como “una especie de pérgola” abierta a la brisa y al salitre.
DOCOMOMO la inventarió como pieza del patrimonio moderno dominicano.
Visto desde el aire, el antiguo Pabellón de Venezuela traza sobre el terreno una espiral blanca. El edificio nace en un volumen circular coronado por una linterna troncocónica de lamas verticales, que deja entrar la luz cenital, y se prolonga en un brazo curvo que se va estrechando mientras rodea un patio ajardinado, hasta rematar en punta junto a la esquina.
Toda la cubierta, dividida en franjas radiales, descansa sobre una sucesión de soportes triangulares calados que sobresalen del perímetro como los rayos de una corona solar y sostienen los aleros que dan sombra a los muros.
El pabellón le da la espalda a la calle y se abre hacia su jardín interior, sembrado de palmas, senderos de piedra y jardineras circulares, en una relación entre arquitectura y vegetación propia del modernismo tropical de los años cincuenta.
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