Mientras el peso fuerte reduce costos en dólares para el sector formal, le resta poder adquisitivo a las remesas que financian la vivienda popular
SANTO DOMINGO. – El Banco Central de la República Dominicana (BCRD), celebra que las remesas familiares sumaron US$6,219.3 millones en el primer semestre de 2026, con un incremento interanual de 6.7%.
Pero hay un efecto colateral de ese mismo auge que pasa casi inadvertido: la apreciación del peso dominicano, que ya alcanza 7.2% frente al dólar al 8 de julio, reduce cada mes el poder de compra real de miles de familias que dependen de esos envíos para construir, ampliar o remodelar su vivienda.
El fenómeno es más que una curiosidad cambiaria para el sector inmobiliario y de la construcción, ya que una parte significativa de las remesas que llegan al país, particularmente fuera de las zonas metropolitanas, se destina históricamente a proyectos de autoconstrucción y mejoramiento habitacional, un patrón documentado por décadas en la política de vivienda dominicana.
No afecta a todos igual
Cuando el peso se fortalece, cada dólar remitido rinde menos pesos en el mercado cambiario, lo que encarece en términos relativos la mano de obra local, los materiales de origen nacional y los trámites asociados a esas obras, justo en momentos en que, según reporta el propio BCRD, la persistencia de los conflictos en Medio Oriente presiona al alza los precios del petróleo y sus derivados, un insumo directo de buena parte de la cadena de materiales de construcción.
El otro lado de la moneda favorece, en cambio, a los proyectos formales del sector inmobiliario que dependen de insumos importados. Un peso más fuerte abarata en términos relativos el acero, el cemento especializado, los acabados y el equipamiento que las constructoras adquieren en dólares, lo que podría traducirse en menores costos de desarrollo para promotores con capacidad de importación directa, mientras el mercado de autoconstrucción financiado con remesas enfrenta el efecto inverso.
La concentración geográfica de los envíos añade otra capa a esta lectura. El Distrito Nacional recibió el 51.0% del flujo de junio, seguido por Santiago (9.6%) y la provincia de Santo Domingo (6.8%), de manera que las zonas metropolitanas absorbieron el 67.4% del total mensual.
Esa concentración coincide, precisamente, con las plazas donde el mercado inmobiliario formal , edificaciones verticales, proyectos con financiamiento bancario y desarrollos con insumos importados, tiene mayor peso relativo frente a la autoconstrucción, lo que sugiere que el impacto de la apreciación cambiaria no se distribuye de manera uniforme entre los distintos segmentos del sector.
El BCRD proyecta que las remesas cerrarán 2026 por encima de los US$12,200 millones, dentro de un total de ingresos de divisas que superaría los US$50,200 millones, cifra que incluye también los US$11,900 millones esperados por turismo y los US$5,300 millones en inversión extranjera directa.
Ese volumen de divisas, sostenido en gran medida por el buen desempeño del mercado laboral estadounidense, con una tasa de desempleo de 4.2% en junio y la creación de 57,000 empleos en el mes, seguirá siendo determinante para la estabilidad cambiaria del país.
Pero el reto para el sector vivienda será monitorear si la fortaleza del peso continúa erosionando el poder adquisitivo de las remesas destinadas a la construcción popular, incluso mientras las cifras agregadas del BCRD proyectan un año favorable para la captación de divisas.
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