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Los muros de la vergüenza: el V Centenario y la fisonomía de la ciudad (1991-1992)

Los edificios levantados a ambos lados del Expreso V Centenario, que atravesó Villa Juana y Villa Consuelo para unir la avenida John F. Kennedy con la Padre Castellanos, no dejaban ver “otra ciudad”, que quedaba detrás

SANTO DOMINGO. – En los años setenta, cuando el arquitecto Rafael Tomás Hernández diseñó los edificios multifamiliares que acompañaron el trazado de la avenida 27 de Febrero, puso en práctica la creación de edificios como barreras visuales que ocultaban los cordones de miseria y que más tarde se conocerían como “muros de la vergüenza”.

Décadas después, la investigadora Natalia Ulloa Cáceres las definió en su tesis doctoral como las pantallas que creaban una barrera visual entre el recorrido por las nuevas avenidas y el resto de los barrios marginados que quedaban sin intervenir, a sus espaldas.

Lejos de desaparecer, esa lógica constructiva se profundizó en el retorno de Balaguer en 1986 y para el 1992, cuando la República Dominicana recibió al mundo con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, la práctica había producido su expresión más ambiciosa.

La historiadora Amparo Chantada, quien dedicó su tesis doctoral en la Universidad Politécnica de Madrid al análisis de la política urbana de Balaguer entre 1986 y 1992, identificó el objetivo simbólico del programa: proyectar a Santo Domingo como la «Atenas del Nuevo Mundo».

El geógrafo Christian Girault, director de investigación emérito del Centre National de la Recherche Scientifique de Francia, lo describe en un artículo publicado en la Revista ECOS UASD en 2024: Balaguer utilizó la conmemoración para aplicar su vieja receta de política del “hormigón y de la varilla”.

El secreto del Expreso V Centenario

El proyecto más representativo de ese programa fue la construcción del Expreso V Centenario: un eje vial que atravesó Villa Juana y Villa Consuelo para unir la avenida John F. Kennedy con la avenida Padre Castellanos, creando un corredor moderno, visible desde el carro.

Lo que no se veía era la “otra ciudad”, oculta detrás de los edificios levantados a ambos lados de la vía. Nathalia Ulloa Cáceres documenta que el proyecto desalojó a unas cuatro mil personas y construyó alrededor de 2,500 apartamentos en 125 edificios de cinco plantas sin ascensor y anota que no se sabe con certeza qué proporción de esas nuevas viviendas fue asignada a las familias desplazadas.

La misma Ulloa Cáceres señala que ese modelo no era nuevo: “la producción de vivienda social no fue concebida como vía para la eliminación del déficit habitacional sino, en el mejor de los casos, como una medida compensatoria a la destrucción de las viviendas para la implementación de vías rápidas que atraviesan los barrios populares agilizando la comunicación de otras zonas de la capital, como el aeropuerto, los puertos de mercancía, las zonas industriales, las carreteras nacionales”.

Y añade que esa descripción “no dista mucho de la solución espacial que encontramos en las primeras viviendas unifamiliares de los barrios de Mejoramiento Social de los años cuarenta”.

Los proyectos de 1992

Los complejos habitacionales construidos junto al Expreso V Centenario formaron parte de la renovación urbana desarrollada entre 1986 y 1992. (Fuente: AGN).

El año de la conmemoración se inauguraron en el Distrito Nacional tres proyectos habitacionales adicionales: los complejos José Contreras y La Fe, construidos en el marco de las obras del V Centenario y también fue intervenido el sector Hoyo de Chulín, donde se levantaron los edificios conocidos como Puerto La Isabela.

Ulloa Cáceres documenta todos en su tesis doctoral como parte de la última etapa de producción de vivienda oficial dentro del período 1986-1992.

En la parte oriental de la ciudad, el Parque del Este fue construido en las cercanías del Faro a Colón, dotado de los conjuntos habitacionales de Los Mameyes y los edificios de los Farallones, inaugurados en 1988.

El libro Historias para la Construcción de la Arquitectura Dominicana, 1492-2008, editado por Gustavo Luis Moré y publicado por el Grupo León Jimenes en 2008, consigna que esos proyectos formaban parte de un plan de ordenamiento territorial de la zona este vinculado directamente a las obras del V Centenario.

El Faro a Colón y la Ciudad colonial

Las obras del Quinto Centenario redefinieron la imagen urbana de Santo Domingo con grandes proyectos de infraestructura y vivienda. (Fuente externa).

En la ribera del río Ozama, frente a la zona colonial, se ejecutaron los trabajos del Faro a Colón: un monumento en forma de cruz tendida, proyectado desde la época de Trujillo y diseñado finalmente por el arquitecto Teófilo Carbonell.

El libro de Moré recoge los términos en que el ingeniero Bienvenido Martínez Brea, el mismo funcionario que supervisó las obras públicas de Trujillo y de los dos ciclos de Balaguer desde la Oficina del Palacio Nacional, describió su obra en 1996 como: “la majestuosidad del Faro a Colón y la total desarrabalización y embellecimiento de la margen oriental de la ría del Ozama”.

Girault, sin embargo, lo sitúa en su contexto de manera más fría: un proyecto “planeado desde la época de Trujillo, en el estilo grandilocuente característico de los regímenes autoritarios, y a un costo muy elevado”.

En 1992 simultáneamente se restauraron los monumentos y las calles principales del Centro Histórico colonial: un conjunto que formaba una imagen coherente para el turismo y los eventos internacionales del V Centenario. El casco histórico rehabilitado a un lado del río, el Faro al otro y entre ambas orillas quedaba todo lo que no aparecería en las fotografías oficiales.

El Parque Mirador Norte y la tipología estancada

El último proyecto de gran escala del período fue el Parque Mirador Norte, un cinturón verde de cinco millones de metros cuadrados que bordea la margen norte del río Isabela. Su diseño estuvo a cargo del arquitecto Rafael Tomás Hernández, quien, según documenta el libro de Moré, siguió actuando “hasta el último minuto de manos del Presidente Balaguer” durante los gobiernos de 1986 a 1996.

Era el mismo arquitecto que supervisaba las obras del Estado y presidía Urbanizaciones Nacionales, C. por A., la empresa privada que recibió los contratos habitacionales más importantes del período.

Ulloa Cáceres describe el resultado tipológico de toda la etapa: entre 1986 y 1992, la producción de vivienda pública se caracterizó por “la repetición de un modelo” sin revisión ni evolución. La planta tipo salón-comedor, cocina, área de lavado, pasillo, baño y tres dormitorios, se reprodujo en decenas de proyectos a lo largo del país sin adaptación a las condiciones físicas de cada sector ni a las necesidades de las familias.

“Se produce un estancamiento en la evolución de las tipologías construidas”, escribe la investigadora, que resalta que lo que cambió entre proyecto y proyecto fue la orientación del bloque en el terreno, no el programa de la vivienda.

Fuentes: Ulloa Cáceres, Natalia. La vivienda social en Santo Domingo. Oportunidades de reciclaje del parque construido. Tesis doctoral, UPV, 2013. | González Mueses, Evelyn Vanessa. TFM, MAAPUD 5, UPV, 2014. | Girault, Christian. Santo Domingo: La trayectoria del desarrollo urbano y la expansión metropolitana (1970-2022). Revista ECOS UASD, julio-diciembre 2024. | Moré, Gustavo Luis et al. Historias para la Construcción de la Arquitectura Dominicana, 1492-2008. Grupo León Jimenes, 2008. | Chantada, Amparo. Del Proceso de Urbanización a la Planificación Urbana de Santo Domingo (1986-1992). Tesis doctoral, UPM, 1998.

Serie: Historia de la vivienda social en República Dominicana. (Capitulo XXII).

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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