Sin culpas ni sobreexigencia: retomar el ritmo laboral tras el asueto exige ajuste, no inmediatez. Estas son las claves que plantean los expertos para reconectar
SANTO DOMINGO. – Es lunes y, aunque terminaron los días de asueto, sientes que no vas a la par, que has perdido el ritmo y no es precisamente agotamiento, pero encontrar el foco te está costando, tu cuerpo va lento, la mente se dispersa y lo urgente parece más pesado de lo habitual.
Después de cuatro días sin trabajar, la reconexión no es automática, así que es bueno que sepas que no es una percepción individual e incluso tiene sustento científico.
En la literatura psicológica se reconoce como “síndrome postvacacional”, una fase de reajuste en la que disminuyen temporalmente la motivación y la capacidad de concentración, tras un periodo de descanso.
El psicólogo estadounidense Mark Travers explicó en Forbes, el 19 de marzo de 2025, que este bajón responde a un cambio en los estímulos, debido a que, durante el descanso, el cerebro se acostumbra a la novedad y la recompensa constante. Al regreso, “lucha por reajustarse a la rutina”, lo que se traduce en desmotivación y dificultad para enfocarse.
La profesora de psicología de la Universidad de Nueva York Tessa West lo resume de forma más directa: regresar al trabajo es “un shock para el sistema”. La afirmación, recogida en 2024 por el medio especializado Advisory Board, apunta al cambio abrupto entre el descanso y la exigencia.
No es falta de disciplina, es adaptación
Volver, aunque hayas descansado, no significa que tu rendimiento será igual desde el primer día. Una de las ideas más consistentes entre especialistas es que el error no está en sentirse desconectado, sino en exigir un buen desempeño de inmediato.
La revista Harvard Business Review, en un análisis publicado en julio de 2024 por la periodista Rebecca Knight, plantea una recomendación concreta: reincorporarse de forma gradual, ya que intentar recuperar todo lo pendiente en el primer día, no acelera el proceso, sino que lo dificulta.
En la misma línea, West insiste en ajustar expectativas y evitar sobrecargar la agenda inicial: programar tareas simples o posponer decisiones complejas permite que el cerebro recupere su ritmo natural.
El enfoque es claro: empezar pequeño no es postergar, es estrategia cognitiva.
Sí, puedes mantener algo de descanso
Otro punto en el que coinciden los expertos es que cortar de golpe con todo lo que generaba bienestar durante el asueto puede intensificar el malestar.
La psicóloga clínica Mónica Johnson explicó en la revista SELF que incorporar pequeñas actividades placenteras, incluso en días laborales, ayuda a suavizar la transición y sostener parte del equilibrio alcanzado durante el descanso.
Actividades como caminar, leer o simplemente reservar un espacio sin exigencias no es un lujo, es parte del proceso de ajuste.
Reconectar no es retomar, es reconstruir
Es mucho lo que se ha escrito sobre este tema. El psicólogo Hrachya Hovhannisyan advirtió en 2025 que el retorno a la rutina puede generar fatiga, baja motivación y dificultad de concentración, incluso en personas que han descansado.
El problema no es el cansancio acumulado, sino el cambio de ritmo y por eso, distintas publicaciones médicas coinciden en que el reajuste puede tomar varios días y forzarlo no lo acelera.
El regreso tras Semana Santa, aunque es un asueto breve, deja en evidencia que el ritmo laboral no siempre es sostenible sin pausas. Y cuando el cuerpo se desacostumbra, aunque sea por unos días, lo hace notar.
No se trata de retomar la rutina exactamente donde se dejó, sino de reconstruirla, porque después del asueto, el cuerpo no obedece órdenes y entonces debemos negociar tiempos.
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