InicioBienestar EstructuralDerribando el pensamiento mágico: no todo se puede

Derribando el pensamiento mágico: no todo se puede

SANTO DOMINGO. – Durante años nos han vendido la seductora idea de que si realmente queremos algo, podemos lograrlo. El famoso “yo quiero, yo puedo” se convirtió en mantra, en promesa y, para muchos, en medida de valor personal.


Pero hay un problema: no siempre es cierto. No todo se puede y aceptar eso no te limita, te ubica. Sobre todo porque el verdadero bienestar no se basa en insistir hasta agotarte, sino en construir una vida que no dependa únicamente de tu fuerza de voluntad, sino de la solidez de su estructura.


Reconocerlo no es rendirse, es, sin quizás, el primer paso hacia un bienestar más honesto y sostenible, como dijo la psicóloga Itania María en el encuentro Mujer de Concreto.


El actor y conferencista Odín Dupeyrón lo dice sin rodeos: no todo depende de las ganas. A veces no es suficiente, a veces no tienes los recursos, el contexto o no es el momento adecuado.

Pensar que es así, dice Dupeyrón, es la práctica del pensamiento mágico. Y forzar la narrativa de que “todo se puede” termina siendo más dañino que útil.

Él lo define como el “pensamiento mágico-pen… (tonto)”, que nos ha hecho creer que tenemos el control absoluto de lo que logramos, que todo es cuestión de actitud, disciplina o enfoque. Pero eso es un espejismo.

Actor, escritor y conferencista mexicano, Dupeyrón se ha posicionado como una voz crítica frente al optimismo simplista del desarrollo personal. Desde el teatro y la reflexión, insiste en que no todo depende de las ganas, cuestionando el pensamiento mágico que promete resultados sin considerar contexto, capacidades o circunstancias reales.

Durante una conferencia decía: “Quiero cantar -Pero no puedes. -Deseo tanto cantar. -Pero no tienes la voz. -Es que amo cantar. -Es que no vas a cantar en la vida… bueno, solo en la ducha».

Puede resultar graciosa la anécdota, pero desde la economía conductual, figuras como Daniel Kahneman han demostrado que tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de decisión y a subestimar el peso del contexto y el azar. En otras palabras, no partimos todos del mismo terreno.


Y aquí es donde el paralelismo con el mundo inmobiliario resulta inevitable: no es lo mismo construir sobre roca firme que sobre suelo inestable. Puedes tener el mejor diseño, la mejor intención y el mejor equipo, pero si la base no acompaña, el resultado será frágil y con la vida ocurre lo mismo.

Psicólogo nacido en Israel y ganador del Premio Nobel de Economía, Kahneman es una de las figuras más influyentes en el estudio de la toma de decisiones. Su trabajo demuestra que las personas no siempre actúan de forma racional y que tendemos a sobreestimar nuestro control, ignorando factores como el azar y el entorno.


Cuando “poder con todo” se vuelve una carga



La semana pasada hablábamos de esa presión silenciosa de poder con todo. De cumplir, rendir, sostener. Pero pocas veces se habla del costo.


El mandato de que todo depende de ti tiene un efecto colateral: si no lo logras, la culpa también es completamente tuya, independientemente de las circunstancias.


La investigadora Brené Brown ha estudiado cómo estas narrativas alimentan la vergüenza y el agotamiento.

Porque se entiende que cuando fallas bajo la lógica del “todo se puede”, no solo fallas en una meta: fallas como persona y eso no es bienestar, es desgaste.


Aceptar que no todo está bajo control no te hace débil. Te hace realista.
Brown es investigadora y profesora estadounidense, que ha dedicado su carrera a estudiar la vulnerabilidad, la vergüenza y el comportamiento humano.

Sus hallazgos revelan cómo la presión por ser autosuficientes y “poder con todo” impacta negativamente la salud emocional, promoviendo en cambio una cultura más honesta sobre los límites personales.

Entonces, si no se trata de querer más… ¿de qué se trata?


De diseñar mejor. El bienestar estructural no se construye a punta de motivación, sino de sistemas. De decisiones que se sostienen en el tiempo porque están pensadas para tu realidad, no para una versión idealizada de ti mismo.


Autores como James Clear, escritor y conferencista estadounidense, reconocido por su trabajo en formación de hábitos y mejora continua, insisten en que la disciplina es frágil, pero los sistemas son estables.

Traducido al lenguaje inmobiliario, no se trata de empujar una puerta todos los días para cerrarla, sino de cambiar la bisagra.
Ajustar expectativas a los recursos reales, que implica elegir qué sí sostener y qué no.
Diseñar entornos, físicos y mentales, que reduzcan la fricción diaria, ya que un espacio mal distribuido te obliga a esforzarte más, mientras uno bien pensado fluye contigo. Y tu vida también debería hacerlo.


Aceptar no es renunciar


Decir “no todo se puede” incomoda, porque rompe con años de discursos motivacionales, pero también libera. Porque cuando dejas de intentar con todo, empiezas a elegir mejor.
Y ahí ocurre algo interesante: no es que haces menos… es haces con más sentido. Porque el bienestar, como una buena construcción, no depende de cuánto levantas, sino de qué tan bien está sostenido.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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