La seguridad ya no es solo arneses y cascos, ahora hay que hablar de manuales y protocolos, lo cual es un valor agregado para las empresas que los aplican.
SANTO DOMINGO. – En estos tiempos, la seguridad en las obras no se reduce a evitar y prevenir accidentes. Hay una corriente de gestión empresarial que comienza a entenderla como parte de una cultura de bienestar, de la construcción de entornos laborales donde el cuidado mutuo y la confianza sean tan importantes como el acero o el cemento.
“La prevención de riesgos no solo reduce accidentes, también mejora la percepción de los trabajadores sobre el valor que la empresa les otorga”, dice Diana Gicela Villota Ortega, experta colombiana, quien junto a otros investigadores publicó en 2022 una revisión sobre seguridad y salud en el trabajo en el sector construcción (Dialnet).
Este planteamiento abre la puerta a una discusión más amplia: ¿cómo transformar la seguridad en un eje de bienestar estructural?
Un artículo de HSE Tools de agosto de 2023 refuerza esta idea al señalar que “la cultura de seguridad se fortalece cuando los directivos predican con el ejemplo, comunican de manera abierta y reconocen las buenas prácticas”. Es decir, el liderazgo no solo dicta normas, sino que moldea la percepción de los equipos sobre su propio valor dentro de la organización.
En América Latina los cubanos Ciro Martínez Oropesa y Ricardo Montero Martínez, sazonaron las discusiones sobre el tema en un estudio publicado en Salud de los Trabajadores en diciembre de 2015, en el que subrayan que la cultura de seguridad en una empresa constructora debe evaluarse como un sistema vivo, donde la percepción de los trabajadores es tan importante como las métricas de accidentalidad.
Esta visión conecta la seguridad con la confianza, la motivación y la cohesión interna.
Como ejemplo, traemos el uso de código de colores en los cascos, que no proviene de ninguna norma internacional rígida, sino de una práctica que se popularizó en Estados Unidos en la década de 1930, cuando se construía la presa Hoover y el puente Golden Gate.
Allí se comenzó a diferenciar a ingenieros, obreros y supervisores mediante colores, lo que facilitaba la identificación rápida en proyectos con miles de trabajadores. Con el tiempo, esta práctica se extendió y se convirtió en un estándar “de facto” en la industria, aunque cada país y empresa lo adapta según sus necesidades y posibilidades.
Código de colores en construcción
- Blanco: ingenieros, arquitectos, supervisores y jefes de obra.
- Amarillo: obreros generales, personal de construcción y operadores de maquinaria.
- Azul: electricistas, técnicos y personal de mantenimiento.
- Verde: inspectores de seguridad, personal de salud ocupacional o brigadas de primeros auxilios.
- Rojo: bomberos o personal encargado de la prevención de incendios.
- Naranja: operadores de maquinaria pesada o personal en áreas de alto riesgo.
- Gris o café: visitantes o personal temporal.
- Negro: supervisores de obra en algunos países (aunque menos común).
En República Dominicana, algunas constructoras aplican parte de este código en sus prácticas de seguridad ocupacional, lo que permite mantener orden y claridad en los proyectos, además de reforzar la cultura de prevención.
También es común ver a trabajadores, ingenieros y visitantes sin la debida protección en muchas obras. Bien sabido es que los obreros alegan que el casco les da calor y por eso no lo usan o lo usan cuando aparece la supervisión.
En el país, el Reglamento 522-06 de Seguridad y Salud en el Trabajo, obliga al uso de cascos (“cascos de seguridad”) para trabajos de construcción, minas y otros sectores, e incluso distingue tipos de casco según el riesgo: uso general, eléctrico, para minas, bombero, etc. Sin embargo, no establece un código de colores para los mismos, lo que implica que no obliga a asignar colores específicos según el rol de los trabajadores.
La cuestión no es si la seguridad puede ser un eje de bienestar estructural, sino cuándo decidiremos asumirla como tal.
La seguridad en construcción se está resignificando como un eje de bienestar estructural. No se trata únicamente de evitar accidentes, sino de construir culturas organizacionales donde el cuidado mutuo, la confianza y la sostenibilidad humana sean tan centrales, como el cemento y el acero.
Porque en cada casco bien ajustado, en cada protocolo claro y en cada gesto de cuidado entre compañeros, se está construyendo algo más que una obra: se está levantando una cultura donde cada vida tiene valor.
Y ese, quizá, sea el verdadero cimiento del futuro y el prestigio que quiere edificar la empresa.




