Este modelo continúa impulsando el crecimiento de América Latina, pero la próxima competencia ya no será por ubicación geográfica. Será por infraestructura, talento y capacidad de ejecución
Durante los últimos años, pocas palabras han generado tanto entusiasmo en el sector inmobiliario como nearshoring. Conferencias, estudios y titulares coinciden en que la relocalización de operaciones representa una oportunidad histórica para nuestra región.
Y es cierto. Pero creo que estamos entrando en una segunda etapa de esa conversación. La primera consistía en atraer empresas. La segunda consistirá en demostrar que somos capaces de recibirlas. Porque una empresa no toma la decisión de invertir únicamente mirando un mapa.
Evalúa si encontrará la infraestructura adecuada, disponibilidad de talento, seguridad jurídica, eficiencia logística, energía confiable y activos inmobiliarios capaces de acompañar su crecimiento.
La competencia ya cambió
Hace algunos años, la ventaja competitiva estaba determinada principalmente por el costo de la mano de obra. Hoy la conversación es mucho más compleja. Las empresas analizan el tiempo necesario para iniciar operaciones, la disponibilidad inmediata de naves industriales y oficinas, la conectividad con puertos y aeropuertos, la estabilidad energética y la capacidad de los desarrolladores para responder con rapidez.En otras palabras, ya no compiten únicamente los países.
Compiten sus ecosistemas. Y dentro de esos ecosistemas, el sector inmobiliario juega un papel determinante.
Mucho más que naves industriales
Cuando hablamos de nearshoring solemos pensar en manufactura y parques logísticos. Sin embargo, su impacto es mucho más amplio. Cada empresa que llega necesita oficinas para sus equipos administrativos, centros de distribución, espacios comerciales para apoyar su operación y servicios que acompañen el crecimiento de sus colaboradores.
El efecto multiplicador sobre el mercado inmobiliario es enorme. Por eso, desarrollar proyectos de manera aislada ya no es suficiente. Necesitamos planificar ciudades, corredores logísticos y polos empresariales que funcionen como ecosistemas integrados. Ese será uno de los grandes diferenciadores de los mercados más exitosos durante la próxima década.
República Dominicana tiene una gran oportunidad
Nuestro país cuenta con ventajas que muchos inversionistas valoran: ubicación estratégica, conectividad aérea y marítima, zonas francas consolidadas y una economía que ha demostrado resiliencia. Sin embargo, ninguna ventaja es permanente.
Debemos seguir invirtiendo en infraestructura, innovación, sostenibilidad y planificación para mantenernos competitivos frente a otros mercados que también buscan atraer inversión. El nearshoring no es un destino asegurado. Es una oportunidad que debe ganarse todos los días.
Quienes comprendan esta nueva etapa dejarán de construir únicamente metros cuadrados. Comenzarán a construir las condiciones que harán posible la próxima generación de inversiones. Porque el verdadero desafío ya no consiste en atraer empresas. Consiste en lograr que decidan quedarse.
Pregunta estratégica
Si una multinacional evaluara hoy instalar su próxima operación en su ciudad, ¿encontraría únicamente un edificio disponible o un ecosistema preparado para impulsar su crecimiento?
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