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Los primeros siete días de un edificio

En una obra hay un momento que nadie fotografía y que decide medio siglo de vida útil: la semana siguiente al vaciado. Cuando dirigimos una losa con mi equipo de ingenieros, la conversación importante no ocurre cuando sale la última mezcladora: ocurre los siete días después, cuando la estructura todavía se está haciendo por dentro y casi nadie la está mirando.

Dentro del hormigón ocurre una reacción química lenta que se llama hidratación. El agua de la mezcla funciona ahí como ingrediente activo: es lo que permite que el cemento forme los cristales que le dan resistencia al material. Mientras haya agua disponible, la reacción sigue avanzando. El día que el agua se va, la reacción se detiene donde estaba. Y lo que quedó a medias no se recupera después con nada.

Los números son claros. Un hormigón curado correctamente alcanza cerca del 65 a 70 por ciento de su resistencia de diseño a los siete días, y llega al cien por ciento a los veintiocho. El mismo hormigón, con la misma mezcla, dejado al sol sin curado puede quedarse entre un treinta y un cincuenta por ciento por debajo de lo que se calculó. No se cae al día siguiente. Simplemente envejece más rápido, se fisura antes y deja entrar el agua que arruina el acero de refuerzo diez años más tarde.

En el trópico esto pesa el doble. En República Dominicana, Panamá, Colombia, México o Centroamérica, una losa vaciada al mediodía con treinta y dos grados, sol directo y brisa de costa pierde agua de superficie en cuestión de horas. El mismo diseño estructural, con los mismos planos y el mismo suplidor de hormigón, rinde distinto en Bogotá que en Punta Cana. Esa diferencia la produce el protocolo de curado.

Curar bien no tiene misterio: mantener la superficie húmeda de forma continua durante un mínimo de siete días, y hasta catorce en elementos críticos. Riego programado, mantas geotextiles saturadas, membranas de curado en las superficies que las admiten, arena húmeda, plástico donde aplique. Vaciar temprano en la mañana o al caer la tarde. Y alguien con nombre y apellido responsable de que eso se cumpla, no la buena voluntad del que esté de turno.

Lo interesante es el costo. El curado es de las partidas más baratas de todo el presupuesto de una torre. Agua, mano de obra, unas mantas. Frente a eso está lo que cuesta reparar: resanes, impermeabilizaciones repetidas, inyecciones de fisuras, filtraciones que aparecen en el apartamento vendido y se convierten en una conversación incómoda con el comprador. Es de las pocas decisiones en construcción donde hacerlo bien cuesta menos que hacerlo mal.

En los proyectos que dirijo, el curado tiene protocolo escrito, se registra en bitácora y se firma. A más de uno le ha parecido excesivo para algo tan elemental. Luego caminan un edificio de quince años sin una fisura estructural y entienden por qué insistimos tanto en algo que nadie ve.

Un edificio bien construido se reconoce por los años en que no da problemas. Y buena parte de esos años se ganan o se pierden en una semana que nadie recuerda.

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El contenido y las opiniones aquí expuestas corresponden únicamente a su autor. Inmobiliario.do no asume responsabilidad por dichas afirmaciones ni las considera vinculantes a su visión editorial.
Yermys Peña
Yermys Peña
Yermys Peña es arquitecta, empresaria de la construcción y desarrolladora inmobiliaria con más de una década liderando proyectos de alto impacto en el Caribe. CEO de Studio YP, firma internacional de arquitectura y desarrollo; socia directiva de Construger; y fundadora de Eleva Business Institute, donde transforma perfiles técnicos en líderes empresariales. Miembro del Forbes Business Council.
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