Este domingo 26 de julio, la República Dominicana celebra a los padres dominicanos, esos hombres que a veces solo saben amar en silencio
SANTO DOMINGO. – Este domingo 26 de julio, la República Dominicana celebra a los padres dominicanos, que hoy reciben más amor que nunca, y también desde calzocillos, sandalias, camisas, carteras, sombreros, pañuelos y, los más afortunados, viajes o estadías en resorts.
En España, este día se celebra en marzo, el día de San José, pero en el resto del continente americano se celebra en junio y hasta en agosto, pero República Dominicana es el único que lo hace el último domingo de julio.
Y aunque es menos conocido, buscando algo más que decretos, descubrimos que los padres dominicanos también tienen su himno, escrito en 1991 por encargo del Ministerio de Educación, con letra del general retirado E. N. Vinicio A. Rivera Jiménez.
No es un himno marcial ni solemne, es más bien una súplica de ternura. «Cantemos al padre, al noble pilar», dice una de sus estrofas, para luego pedir que se le honre en vida y, si ya no está, que se honre su memoria.
Pocos dominicanos lo han cantado alguna vez, y menos aún saben que existe, pero ahí está, guardado en los archivos del sistema educativo, como un recordatorio modesto de que también a la paternidad se le quiso poner música y se puede encontrar en YouTube interpretado por algunas corales.
Desde cuando lo celebramos
La fecha no nació del calendario litúrgico ni de una tradición ancestral, sino de la Ley 501 del año 1941, promulgada durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, que fijó la celebración para el primer domingo de junio, siguiendo de cerca la costumbre estadounidense inaugurada por Sonora Smart Dodd en homenaje a su propio padre viudo.
Pero esa cercanía con el Día de las Madres, apenas un mes de diferencia, resultaba insostenible para los bolsillos dominicanos, así que, en 1969, en el primer gobierno de Joaquín Balaguer, la Ley 443 trasladó la fecha al último domingo de julio, donde permanece hasta hoy.
Fue, hay que decirlo sin rubor, una decisión tan comercial como sentimental, pues los bolsillos y el comercio necesitaban espaciar sus dos grandes celebraciones familiares, y de paso le regaló a los padres dominicanos un mes propio, alejado de toda comparación.
Y si de padres se trata, ninguna crónica dominicana puede cerrar los ojos ante los otros padres, los fundacionales: Duarte, Sánchez y Mella, a quienes la historia patria bautizó como los Padres fundacionales.
No es casualidad que el lenguaje mismo haya elegido esa palabra para nombrar a quienes engendraron la nación. Y si bien Juan Pablo Duarte, el llamado Padre de la Patria, nunca tuvo descendencia propia, su nombre se invoca cada vez que un dominicano quiere hablar de origen, de raíz, de la casa primera.
Hay algo profundamente elocuente en que un pueblo use la misma palabra para nombrar al hombre que cría un hijo y al hombre que funda una patria: ambos son, a su manera, actos de entrega silenciosa cuyo fruto no siempre se ve a tiempo.
Quizás por eso este domingo de julio tiene su propia belleza discreta. Se celebra menos, se anuncia menos, aunque se siente igual. Y como bien dice aquel himno olvidado, antes de que sea tarde, honrémoslo en vida.
Himno a los padres dominicanos
Dejemos que vuele en esta canción
El amor que anida nuestro corazón
Para hacer justicia, al hombre ejemplar
Que se entrega todo por saber amar.
Cantemos al padre, al noble pilar,
Que aun siendo tan fuerte nos sabe arrullar.
El sufre en silencio por nuestro pesar
Aunque nunca veamos sus ojos llorar.
Si al retorno a casa, tras dura jornada,
Le vemos callado ceñudo, pensando,
Besemos su frente con un beso santo
Diciendo a su oído, yo te quiero tanto.
Honremos al padre que, junto a la madre,
Llenan la existencia de júbilo y gloria,
Honrémoslo en vida sin que se haga tarde
Y si ha muerto honremos, su hermosa memoria.
Autor: general retirado E. N. Vinicio A. Rivera Jiménez
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