InicioAndamio CulturalCima Sabor Navideño: El sonido que enciende la Navidad dominicana

Cima Sabor Navideño: El sonido que enciende la Navidad dominicana

Hay un día del calendario dominicano en el que la Navidad deja de ser una expectativa y empieza a instalarse en las casas, plazas, calles, comercio y, sobre todo, en la memoria

SANTO DOMINGO. – Sin que aparezca todavía la brisa fresca y aunque no haya empezado la pelota, en las casas empiezan a abrir cajas y a discutir qué se queda y qué se cambia este año según las tendencias de decoración.

Pero más que nada, el 15 de octubre a las 6:00 de la tarde, una sirena y un pregón anuncian que ya en la República Dominicana es Navidad. “¡UuuuuuuuuuuuuuuuuuH! ¡Arranca Cima Sabor Navideño!…” Y con un fragmento de: “Tengo una juma desde el año pasao…” del Conjunto Quisqueya y otro de “Volvió Juanita” de Milly Quezada, un país entero entra en modo pascuero. 

Y es como si la gente esperara esa señal para sacar cuentas, empezar a reparar pequeñas averías, a seleccionar el nuevo color de la casa, a revisar las luces del arbolito, desempolvar los nacimientos y comenzar a pensar “¿A quién le tocará la cena este año?”.

Desde que comienza a sonar el programa, el país parece recibir una autorización colectiva para entrar en ambiente festivo. Algunos se apresuran a colocar el árbol, otros empiezan a preguntar cuándo se hará la cena familiar y no faltan quienes consideran que ya es tiempo de poner el nacimiento, aunque todavía falten semanas para diciembre.

Cuenta la hemeroteca que hace 44 años, el 15 de octubre de 1982, el radiodifusor Roberto Vargas Mejía puso en marcha el espacio a través de la radioemisora Cima 100 y desde entonces, el programa ha mantenido una presencia que supera ampliamente su condición de propuesta musical de temporada, pues se convirtió en una costumbre, una referencia sonora que los dominicanos reconocen dentro y fuera del país.

Es un programa sencillo que tiene mucho de esa particular manera de celebrar que caracteriza a los dominicanos con merengues, salsas, aguinaldos y canciones populares que, por repetición o asociación, terminaron formando parte del repertorio sentimental de la Navidad.

Al sintonizar el oyente se encuentra con el Conjunto Quisqueya, Milly, Jocelyn y Los Vecinos, La Patrulla 15, Johnny Ventura y tantos otros intérpretes que han puesto ritmo a las fiestas de varias generaciones.

Desde “Pato Robao”, en cualquiera de las versiones, hasta “El Tiguerón”, de La Patrulla 15, Cima Sabor Navideño trae consigo una sucesión de temas que a pocos deja indiferentes. Algunas canciones invitan a bailar, otras a recordar y unas cuantas a reírse de las ocurrencias de sus compositores.

Hasta “El Santo Cachón”, de Los Embajadores, encontró acomodo en ese universo musical, sin tener nada que ver con la Navidad, a no ser la fecha en que se popularizó en el país. Sin ser un villancico ni de lejos, menos una canción alegre, ¿quién se atreve a discutirle su lugar en el repertorio que anuncia la temporada?

Porque en la Navidad dominicana también hay espacio para el doble sentido, las historias de amores contrariados y los personajes que parecen sacados de cualquier esquina o callejón del barrio.

La selección musical tiene esa libertad que distingue a la programación, al no tratarse exclusivamente de canciones navideñas, sino de temas que el público ha ido incorporando a sus propias celebraciones.

La Navidad también se construye con esas asociaciones que pasan de una generación a otra, sin necesidad de que nadie explique el cómo ni el por qué.

La radio que acompañaba las noches

La relación de los dominicanos con la radio tiene capítulos que van mucho más allá de la música, pues ha habido momentos en los que el aparato receptor era una presencia central en los hogares, una compañía para hacer las labores domésticas, conocer las noticias, acompañar las largas noches de apagones y amenizar las conversaciones entre vecinos.

Después del huracán David, en septiembre de 1979, la vida cotidiana estuvo marcada por los daños y las dificultades que dejó el fenómeno atmosférico y, en aquellos días y, sobre todo noches, la radio tenía una importancia especial.

Las noches transcurrían en penumbra, sin electricidad y mucho calor, mientras las voces y la música llenaban los espacios que de otro modo habrían quedado en silencio.

Casi todos sintonizaban Cima Sabor Navideño, sin tener claro si habría celebraciones en navidad, debido a lo grave de los destrozos. La música salía de las casas y parecía que una sola radio acompañaba a todo el barrio.

De madrugada, otro espacio tenía su propia complicidad con los oyentes: “100 canciones y un millón de recuerdos”, pero ese tendrá su propia historia.

Eran tiempos en que la radio podía reunir a personas que no necesariamente estaban juntas. No había que organizar una fiesta ni convocar a nadie. Bastaba encender el aparato para compartir una misma programación.

Con los años, Cima Sabor Navideño encontró también su lugar en esa relación cotidiana y hoy su propuesta musical acompaña las reuniones familiares, a los colmadones y hasta una de las pruebas de paciencia más conocidas del dominicano contemporáneo: los tapones.

Porque si hay algo que puede hacer más llevadera una fila interminable de vehículos es que por la radio suene un merengue conocido, más si se trata de los temas que se colocan en el programa. El conductor que lleva veinte minutos avanzando a paso de tortuga puede encontrarse tarareando una canción que le recuerda una Navidad de hace treinta años.

Si bien el tapón no desaparece, al menos tiene banda sonora.

La sirena de Cima Sabor Navideño parece tener, además, un efecto particular sobre quienes todavía no han decidido cuándo comenzar sus preparativos. De pronto, el árbol deja de parecer una tarea prematura y sacar las cajas de adornos se convierte en una urgencia que no existía el día anterior.

Una tradición que ha atravesado los años

Cima Sabor Navideño lleva 44 años en el aire. (Foto/Pexels).

Desde su primera transmisión, el programa ha vivido los cambios de la industria radial, la transformación en los hábitos de consumo musical y varias generaciones que han crecido escuchando esas canciones. Las mismas siempre, disfrutadas como si fuera la primera vez.

Una de las particularidades es que nunca ha sido un espacio transmitido en vivo. Es un enlatado, pregrabado, condición que sin embrago no ha impedido que se conserve como cita anual con sus oyentes.

Cada 15 de octubre vuelve a ocupar su lugar en la programación y a convocar a quienes esperan escuchar sus primeras notas para dar por inaugurada la temporada navideña.

Otra temporada difícil fue en 2020, cuando la pandemia del coronavirus modificó las celebraciones, limitó los encuentros familiares y obligó a mantener distancias. Cima Sabor Navideño no dejó de sonar, aunque la Navidad tuvo que adaptarse a unas circunstancias extraordinarias.

La música siguió acompañando a quienes encontraron en ella una manera de conservar algo de normalidad.

En junio de 2021 falleció Orlando Ortiz, quien fue la voz oficial de Cima 100 desde 1978 hasta 2007 y cuya interpretación quedó asociada a la identidad sonora de la emisora. Murió a causa de la COVID-19, dejando también un recuerdo entre quienes reconocían su voz como parte de la historia de la radio dominicana.

Su ausencia no modificó una de las señas más reconocibles del programa: la promoción que anuncia su llegada. La sirena a las 6:00 de la tarde y el jingle originales se mantienen. Ese sonido que los oyentes identifican desde hace décadas no ha necesitado renovarse para seguir cumpliendo su cometido.

El creador del espacio, Roberto Vargas Mejía, había puesto en marcha una idea que terminó adquiriendo una dimensión que probablemente supera cualquier expectativa y más de cuatro décadas después, el programa sigue convocando a una audiencia dispersa por el mundo que no necesita demasiadas explicaciones para reconocer cuándo comienza la Navidad.

No importa que falten 10 semanas y 2 días para la celebración del día de Navidad, son 72 programas durante los cuales Cima Sabor Navideño acompaña al país, como banda sonora anticipada o como reclamo de que no hay que esperar al encendido de las luces de una plaza, a la inauguración de una feria ni al anuncio de las ofertas comerciales.

La fuerza de este programa está en los recuerdos que despierta, en las costumbres que acompaña y en la capacidad de reunir, alrededor de una misma frecuencia, a personas que pueden tener edades, ocupaciones y experiencias muy distintas.

La Navidad dominicana tiene muchas señales: el olor de los pasteles en hoja, las luces de colores, las reuniones familiares, el movimiento de los mercados y las primeras invitaciones para celebrar. Pero hay una que parece tener la autoridad de poner en marcha todas las demás: suena la sirena, comienza la música y, aunque todavía falte para diciembre, el país entiende el mensaje. Ya es Navidad, porque comenzó el aguinaldo radial más largo que se transmite en el país: el de Cima Sabor Navideño.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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