InicioAndamio Cultural¡Qué Casa!La casa de Balaguer: un mundo dentro y fuera del muro gris

La casa de Balaguer: un mundo dentro y fuera del muro gris

La casa de la Máximo Gómez 25 fue testigo de las entregas de juguetes, electrodomésticos y funditas de comida que hacía su hermana Emma, con la Cruzada de Amor, y por allí desfilaron tanto los pobres de solemnidad como las figuras políticas de la democracia dominicana

SANTO DOMINGO.- Aunque Joaquín Balaguer pidió un lugar modesto con habitación y baño en planta baja y espacio de sobra para los libros, la obra alcanzó 450 metros cuadrados, provocando que el mandatario bromeara con que le estaban construyendo una iglesia, según cuenta Rafael Tomás Hernández R., entonces ayudante del ingeniero Humberto Ruiz Castillo, asesor del Poder Ejecutivo, en su columna “La Máximo Gómez 25”, publicada en Hoy.

Porque él y su hijo Hugo diseñaron esa casa, cuya construcción costó cerca de 30 mil pesos en 1957. Ella guarda historias, intrigas, leyendas urbanas y secretos a voces, desde sus cimientos hasta la muerte del político y escritor en 2002.

La fachada original respondía a un eclecticismo típico de la vivienda burguesa dominicana de mediados del siglo XX: un cuerpo sobrio y moderno, de líneas limpias, techo plano y muros blancos, sin mayor ornamento, que concentra todo su gesto decorativo en la entrada.

Una base racional con un fragmento historicista prestado, como marca de distinción social: un arco de medio punto enmarcado en piedra clara y una celosía de motivo geométrico sobre un balcón de herrería. Un acento morisco, ajeno al resto del volumen, que aparece en fotografías de 1966 y aún conserva.

Según contó Víctor Gómez Bergés en una mesa redonda reseñada por El Nacional, el general Guarionex Estrella, jefe de ayudantes militares de Trujillo, le confió que el dictador instó a Balaguer a mudarse, porque su canciller no podía vivir del modo humilde que lo hacía, por lo que éste tramitó un préstamo en el Banco Agrícola.

Balaguer se mudó a un anexo sobre el garaje, dejó casi vacía la casa grande y al lado tenía su biblioteca, que había iniciado en 1944 con un libro titulado “Guía Emocional de la Ciudad Romántica”, según El Granero del Sur.

Realmente esa era la parte atrás, que da a la calle Mahatma Gandhi y eran dos plantas: abajo, el despacho desde donde trabajaba, y el comedor de tres butacas; arriba, su habitación, que se exhibe todavía tendida, con una cruz encima, y un salón-biblioteca.

Las personas de su cercanía conocían la casa más que él. El general Luis María Pérez Bello, su edecán, y Xiomara Herrera, otra asistente, que lo acompañó desde 1955 hasta el final, igual que Aníbal Páez, quien compró la vivienda contigua y la conectó por dentro para bañarlo, vestirlo y darle de comer.

Cuando empeoró su ceguera y su movilidad, Páez dormía en una camita plegable junto a la suya, y aun así discutían, según narró César Medina en Listín Diario, agregando que cuando Balaguer se enojaba, “los San Antonio salían de su despacho”.

Hoy esta casa es un museo que conserva el azucarero sobre la mesa desde el día de la hemorragia que lo llevó al hospital, en 2002, y la bicicleta fija con la que ejercitaba las piernas, afectadas por flebitis. El retrato de Santa Francisca Javier Cabrini al que rezaba cada mañana. Los pasamanos de caoba colocados para que se moviera solo en silla de ruedas y la biblioteca donde conviven Cervantes, Balzac y Menéndez Pelayo con los santos que, según contó él mismo a Hoy, mantenía cerca porque alejaban los malos espíritus.

Publicada originalmente en la edición núm. 16 de El Inmobiliario Impreso.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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