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Miércoles de Ceniza: inicio de Cuaresma, entre el dogma y las habichuelas con dulce

No es sólo el tiempo de volar chichiguas, hacer habichuelas con dulce y cumplir promesas. También es tiempo en que, cada vez más, se enciende la llama de la solidaridad, en solitario o en colectivo.

SANTO DOMINGO. – El próximo miércoles 18 de febrero, millones de católicos en el mundo iniciarán la Cuaresma, un período de 40 días de preparación espiritual que antecede a la Semana Santa, en recordación de los 40 días que, según los Evangelios sinópticos, Jesús pasó en el desierto en ayuno y oración antes de iniciar su vida pública, y también a los 40 años del pueblo de Israel en el desierto, como relata el libro del Éxodo.

En República Dominicana, esa fecha no solo marca el comienzo de un tiempo litúrgico de recogimiento, ayuno y penitencia; también activa un calendario cultural propio, donde conviven la imposición de la ceniza, la abstinencia de carne, las procesiones parroquiales y una tradición culinaria profundamente arraigada, las habichuelas con dulce.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y concluye antes de la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. El número 40 no es arbitrario. El teólogo Joseph Ratzinger, luego papa Benedicto XVI, explicó en su obra “El espíritu de la liturgia que la Cuaresma”, que “no es un tiempo de tristeza, sino de conversión”, un itinerario espiritual que invita a revisar la vida personal a la luz del Evangelio.

El Catecismo de la Iglesia Católica establece que este período está marcado por tres prácticas fundamentales, la oración, el ayuno y la limosna.

La ceniza, símbolo de fragilidad


La celebración del Miércoles de Ceniza incluye la imposición de ceniza en la frente de los fieles, generalmente en forma de cruz. El sacerdote pronuncia una de dos fórmulas, “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”, esta última tomada del libro del Génesis.


Buscamos referencias sobre esta celebración y encontramos que el historiador francés Jean Delumeau, especialista en historia del cristianismo, documentó que el uso de la ceniza como signo de penitencia se remonta a las prácticas públicas de los primeros siglos del cristianismo.

En la Edad Media, el rito se extendió progresivamente a todos los fieles, hasta consolidarse como una celebración universal en la Iglesia latina.


En República Dominicana, las parroquias registran cada año una de las mayores asistencias litúrgicas precisamente el Miércoles de Ceniza, aun entre fieles que no participan regularmente en la misa dominical y durante el día exhiben su cruz gris en la frente sin reparos. Para muchos, la cruz de ceniza es un recordatorio visible de pertenencia cultural y religiosa.

Ayuno y abstinencia, qué implica

El Derecho Canónico establece que el ayuno obligatorio aplica el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo para los fieles entre 18 y 59 años, salvo impedimentos de salud y consiste en realizar una sola comida fuerte al día, pudiendo ingerirse algo ligero en la mañana y en la noche.

La abstinencia de carne rige el Miércoles de Ceniza y todos los viernes de Cuaresma para los mayores de 14 años.


Esto así porque el consumo de carne está históricamente asociado a celebración y abundancia, por lo que es sustituida por pescado u otros alimentos sencillos.

Encontramos también que el antropólogo español Julio Caro Baroja documentó cómo las prohibiciones alimentarias en el calendario cristiano configuraron patrones culturales que siglo tras siglo aún persisten, especialmente en sociedades de fuerte tradición católica.


En el contexto dominicano, el consumo de pescado, berenjena, pastas, bacalao y arenque aumenta notablemente durante estos días, según comerciantes y mercados populares, mientras que muchos hogares adaptan sus menús a la práctica de la abstinencia.

Dulce, identidad y temporada

Aunque no forman parte del mandato litúrgico, las habichuelas con dulce son, en la práctica, un marcador cultural del tiempo cuaresmal dominicano, ya sea en entorno urbano o rural. Se elaboran tradicionalmente durante la Cuaresma y, de manera más intensiva, en Semana Santa.
El historiador dominicano Roberto Cassá ha señalado que muchas tradiciones culinarias del país son resultado del mestizaje colonial, donde ingredientes europeos, africanos y taínos confluyeron en preparaciones locales.

Las habichuelas se combinan con leche de coco y evaporada, azúcar, batata, pasas y especias, servidas con galletas de leche o casabe. Los dos grandes dilemas son: con o sin granos. Frías o calientes.


El antropólogo y escritor Marcio Veloz Maggiolo, en sus estudios sobre cultura popular dominicana, explicó que la comida ritual cumple una función de cohesión social, refuerza la memoria colectiva y delimita el tiempo festivo o sagrado.

En ese sentido, la temporada de habichuelas con dulce no solo responde a un gusto gastronómico, sino a un calendario simbólico compartido. Hablar de habichuelas con dulce es hablar de Cuaresma y Semana Santa.

Durante la cuaresma, la abstinencia de carne no sólo transforma el menú principal, con un aumento en el consumo de pescado, vegetales y mariscos, sino que también activa un repertorio dulce profundamente arraigado en la memoria culinaria del país.

De las habichuelas con dulce, que atraviesan el país y sus primas las habas, al chacá sureño, el dulce de ñame en Samaná o el pan de batata y el majarete en el Cibao, cada provincia aporta su propia forma de endulzar la vigilia, uniendo la devoción religiosa a la creatividad gastronómica de las familias.

Del carnaval al recogimiento

La Cuaresma sucede inmediatamente después del carnaval, que culmina el martes previo al Miércoles de Ceniza, conocido como Martes de Carnaval o Mardi Gras en la tradición francesa. Ese tránsito del desenfreno festivo al recogimiento penitencial forma parte de la lógica del calendario cristiano.


El sociólogo Émile Durkheim sostenía que las sociedades marcan tiempos diferenciados entre lo profano y lo sagrado y que esos ritmos estructuran la vida colectiva. La Cuaresma encarna ese paso hacia lo sagrado, un tiempo que, más allá de la práctica estrictamente religiosa, sigue influyendo en dinámicas familiares, comerciales y culturales en el país.

Más que prohibiciones

Para la Iglesia, la Cuaresma no se reduce a dejar de comer carne o a cumplir formalidades externas. El papa Francisco ha insistido en distintos mensajes cuaresmales que el ayuno verdadero implica también “renunciar a la indiferencia” y abrir espacio a la solidaridad.
En parroquias dominicanas, este período suele estar acompañado de retiros espirituales, viacrucis los viernes, jornadas de confesión y campañas de ayuda social.

De igual modo, muchas personas escogen hacer un sacrificio personal durante estos 40 días, como dejar de decir malas palabras o no comer algo que le gusta, andar en transporte público, usar determinada vestidura, dejar de hacer compras o incluso crear cadenas de favores.


Así, el próximo miércoles 18 no solo se marcará una cruz de ceniza en la frente de los fieles, sino que se abrirá un tiempo que entrelaza Biblia, historia y cultura popular.

Un tiempo donde el silencio del desierto convive con el olor a canela y coco en las cocinas de todo un país y más allá, y en el que la tradición religiosa continúa dialogando con la identidad dominicana contemporánea, allí donde se encuentre un criollo.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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