SANTO DOMINGO.- Hace casi tres años, Lucas Castellanos llegó a República Dominicana desde España con dos maletas, una laptop y varias preguntas sobre cómo sería empezar desde cero en un país que no conocía.
A medida que se asentaba en la ciudad, fue trazando los próximos pasos de su nueva rutina. Entre las notas que había acumulado en su libreta destacaba una búsqueda clave para mantener su vida profesional en marcha: coworkings en Santo Domingo.
Como profesor de español para extranjeros de forma remota, necesitaba un espacio desde donde pudiera impartir sus clases sin interrupciones, con una conexión estable y las condiciones adecuadas para trabajar cada día.
Casos como el de Lucas comienzan a repetirse con más frecuencia. La demanda de espacios flexibles ha crecido entre profesionales, emprendedores y empresas que buscan modelos de trabajo más dinámicos, impulsando cambios en el mercado inmobiliario corporativo dominicano.
Claudia Guzmán, especialista en bienes raíces corporativos, comerciales e industriales, afirmó que los coworkings transformaron la forma en que las empresas conciben la oficina.

“La oficina ya no se ve solo como un gasto. Para muchas empresas es una herramienta para proyectar imagen, atraer talento y crear una mejor experiencia para sus empleados y clientes”.
Explicó que anteriormente lo habitual era alquilar espacios por varios años y asumir gastos de mobiliario, servicios y adecuaciones. Sin embargo, señaló que, en la actualidad, muchas organizaciones priorizan mayor flexibilidad y capacidad de adaptación.
“Hoy muchas empresas prefieren soluciones más prácticas: espacios listos para usar, con servicios incluidos y contratos más flexibles. Ya no se busca solo una buena ubicación o cierta cantidad de metros, sino un lugar que funcione bien, que se vea profesional y que permita adaptarse si la empresa crece o cambia”, precisó.
Indicó que este cambio no pasó “de la noche a la mañana”, sino como resultado de la evolución tecnológica que ha facilitado el crecimiento del trabajo híbrido, así como la pandemia ocurrida por la COVID-19.
Durante el proceso de investigación, una revisión en Google Maps confirmó la presencia de espacios de coworking en distintas regiones del país. Santo Domingo concentra la mayor oferta, seguido de Santiago, mientras que destinos turísticos como Punta Cana, Bávaro, Puerto Plata y Samaná muestran una creciente presencia de estos espacios.
Evolución del sector
Lejos de representar el fin de las oficinas convencionales, el crecimiento de estos entornos de trabajo compartido apunta a una transformación en la forma en que las empresas ocupan y utilizan los inmuebles corporativos.
Guzmán, quien es directora comercial y socia de CREA Plusval, considera que ambos modelos coexistirán, ya que mientras algunas organizaciones requieren instalaciones propias que refuercen su identidad y garanticen privacidad, otras buscan esquemas más adaptables que les permitan responder a necesidades específicas sin asumir compromisos de largo plazo.
“Más que una competencia entre modelos, yo lo veo como una combinación. La oficina tradicional sigue siendo importante, pero ahora tiene que ofrecer más valor y adaptarse mejor a las nuevas formas de trabajo”, comentó.
Indicó que esta evolución abre oportunidades para modernizar la oferta de oficinas en República Dominicana y desarrollar productos más alineados con las dinámicas laborales actuales.
Bienestar y productividad
El auge de los coworking no solo refleja cambios en la ocupación de oficinas, sino también en la forma en que las personas trabajan y se relacionan.
La psicóloga industrial Jueny García Sención explicó que la expansión del trabajo remoto ha traído desafíos para los colaboradores, entre ellos mayores niveles de estrés, agotamiento mental y dificultades para establecer límites entre la vida personal y profesional.

“Las personas necesitan sentirse conectadas, reconocidas y parte de un entorno donde exista colaboración y apoyo”.
Señaló, además, que la reducción de las interacciones presenciales ha incidido en la motivación, el sentido de pertenencia y la conexión con los equipos.
“Las dinámicas laborales cambiaron, pero las necesidades continúan siendo las mismas. Las personas hoy en día valoran más que nunca la flexibilidad y la autonomía. Sin embargo, también se necesita la interacción, cierta estructura, espacios más adecuados y flexibles que favorecen la conexión profesional”, indicó.
Ante este escenario, planteó que las oficinas compartidas han ganado relevancia al combinar flexibilidad e interacción profesional, favoreciendo la colaboración, el intercambio de ideas y la creación de redes de contacto.
“Muchas personas experimentan una mejoría significativa en su enfoque, creatividad y productividad cuando trabajan en espacios diseñados para compartir ideas, generar networking y mantener cierto equilibrio entre independencia y comunidad”, apuntó.
Mirada operativa
La directora general de WeConnect Coworking, Solange Ormazábal, afirmó que el perfil de los usuarios ha evolucionado de manera notable en los últimos años.

“Hoy el coworking ya no es solo un espacio de trabajo; es una herramienta estratégica para las empresas”.
Explicó que, aunque inicialmente estos espacios estaban orientados principalmente a freelancers y startups, hoy atraen a una base de clientes mucho más diversa que incluye empresas de distintos tamaños y perfiles corporativos.
Según expresó la politóloga Ormazábal, la pandemia aceleró esta transformación al impulsar la búsqueda de espacios de trabajo más flexibles y adaptables.
“Hoy buscan mucho más que una oficina. Buscan flexibilidad, eficiencia y comodidad. Valoran espacios listos para operar, buena ubicación, conectividad, seguridad y una experiencia que les permita enfocarse en su negocio sin preocuparse por la operación diaria”, dijo.
Oferta disponible
Un análisis de 20 espacios de coworking identificados en 10 puntos del país muestra que la oferta se concentra en oficinas privadas y compartidas, salas de reuniones y espacios para eventos.
Entre los servicios más frecuentes destacan internet de alta velocidad, recepción de correspondencia, áreas colaborativas, salas de reuniones, conferencias y actividades de networking.
Más allá de las oficinas privadas, compartidas y las salas de reuniones, estos espacios se han convertido en puntos de encuentro para profesionales con historias y trayectorias distintas.
Para Lucas Castellanos, la búsqueda de ese lugar terminó siendo mucho más que una necesidad profesional: fue una oportunidad para conocer personas, crear nuevas conexiones y construir una nueva vida en un país que, con el tiempo, se convirtió en su nuevo hogar.
Contenido publicado originalmente en la edición 15 de El Inmobiliario impreso.
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