El crecimiento de la población, la demanda de servicios y una nueva visión del desarrollo urbano impulsan proyectos que buscan acercar el comercio y las oficinas a donde vive la gente
SANTO DOMINGO.— Durante mucho tiempo, vivir en Arroyo Hondo significó una paradoja. Sus calles ofrecían tranquilidad, amplias zonas residenciales y una ubicación estratégica dentro del Distrito Nacional, pero buena parte de la vida diaria ocurría fuera de sus límites.
Quien necesitaba una reunión de trabajo, una oficina, un restaurante, un café, un supermercado con mayor oferta o determinados servicios especializados, casi siempre terminaba recorriendo el mismo camino: cruzar la avenida John F. Kennedy en dirección a Naco, Piantini o alguno de los principales corredores comerciales de la capital.
Era una dinámica que parecía natural, hasta que el propio crecimiento del sector comenzó a cuestionarla.
Con el paso de los años, Arroyo Hondo dejó de ser únicamente un lugar para vivir. El aumento de proyectos habitacionales, la consolidación de una población de clase media, media alta y alta, y el crecimiento de la demanda de bienes y servicios comenzaron a evidenciar una necesidad distinta: el sector necesitaba desarrollar su propia centralidad.
Ya no bastaba con construir viviendas. También era necesario acercar los espacios donde las personas trabajan, consumen, se recrean y realizan buena parte de sus actividades cotidianas.
Ese cambio de visión explica el surgimiento de una nueva generación de desarrollos comerciales que buscan acompañar el crecimiento residencial y reducir la dependencia histórica de otros polos urbanos.
Cuando una comunidad madura, también cambian sus necesidades
Las ciudades evolucionan por etapas.
Primero llegan las viviendas. Después aparecen los colegios, los centros de salud y los supermercados. Más adelante surgen oficinas, restaurantes, espacios de entretenimiento y comercios especializados. Es un proceso que responde menos a una estrategia aislada de inversión y más al comportamiento natural de una comunidad que comienza a demandar servicios cada vez más cercanos.
Para Héctor Bretón, gerente general de Porto Town Center by La Marquesa, esa fue precisamente la realidad que encontraron antes de desarrollar el proyecto.
«Arroyo Hondo es un sector pujante del Distrito Nacional. Aquí vive una gran masa de familias de clase media, media alta y alta que tradicionalmente, para cubrir sus necesidades de consumo y acceder a espacios de oficinas, debía trasladarse hacia sectores como Naco o Piantini.»
La observación va más allá de una oportunidad de negocio.
También refleja una transformación urbana: cuando una comunidad alcanza determinado nivel de consolidación, comienza a exigir que la oferta comercial evolucione al mismo ritmo que su crecimiento residencial.
Menos desplazamientos, más ciudad
Durante décadas, buena parte de la planificación urbana se concentró en separar funciones.
Había sectores para vivir.
Otros para trabajar.
Otros para comprar.
Y otros para el entretenimiento.
Ese modelo terminó aumentando la dependencia del automóvil y convirtiendo los desplazamientos diarios en parte inevitable de la rutina urbana.
Hoy la lógica comienza a cambiar.
Los nuevos desarrollos buscan acercar los servicios a los lugares donde ya viven las personas, reduciendo tiempos de traslado y fortaleciendo la vida de barrio.
Bretón considera que esa es una de las principales transformaciones que experimentará Arroyo Hondo.
«Después de Porto Town Center, Arroyo Hondo nunca será igual.»
Su explicación no gira alrededor de un edificio, sino de una nueva manera de vivir el sector.
Los residentes, afirma, podrán resolver una parte importante de sus necesidades sin salir de la comunidad: instalar oficinas, reunirse alrededor de un café, acceder a supermercados, disfrutar de restaurantes, encontrar servicios especializados o compartir espacios familiares.
Cada uno de esos desplazamientos que antes obligaba a cruzar la Kennedy comienza a trasladarse hacia el propio entorno donde viven miles de familias.
En una ciudad marcada por la congestión vehicular, esa cercanía adquiere un valor que trasciende lo comercial.
También representa tiempo recuperado.
El comercio sigue a las personas
Tradicionalmente se ha dicho que la vivienda impulsa el desarrollo urbano.
Sin embargo, una vez un sector alcanza determinada densidad poblacional, ocurre el proceso inverso: el comercio empieza a seguir a las personas.
Los desarrolladores dejan de preguntarse dónde construir y comienzan a preguntarse dónde viven quienes todavía no cuentan con suficientes servicios cerca de sus hogares.
Arroyo Hondo parece encontrarse precisamente en ese punto de inflexión.
Para Bretón, el crecimiento ordenado de los proyectos residenciales continuará impulsando la demanda de oficinas, comercios y espacios de servicios durante los próximos años.
Eso significa que la transformación del sector apenas comienza.
No se trata únicamente de levantar nuevos edificios, sino de acompañar el desarrollo habitacional con infraestructura comercial capaz de responder a una población cada vez mayor.
Una nueva forma de entender los proyectos comerciales
La imagen tradicional de una plaza como un lugar destinado exclusivamente a las compras también empieza a cambiar.
Los desarrollos actuales buscan convertirse en espacios donde conviven trabajo, gastronomía, servicios, recreación y vida comunitaria.
Esa visión también estuvo presente en el diseño de Porto Town Center.
Más de 155 estacionamientos, áreas abiertas, espacios iluminados y una arquitectura concebida para facilitar la circulación forman parte de una propuesta que, según Bretón, busca integrarse al entorno en lugar de competir con él.
«Creemos que los proyectos inmobiliarios deben integrarse al entorno, y esa ha sido nuestra filosofía.»
La afirmación resume un principio que cada vez gana más relevancia dentro del desarrollo urbano contemporáneo: los proyectos ya no pueden entenderse como elementos aislados, sino como piezas que contribuyen a construir ciudades.
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