Hay una forma de muerte que no tiene velorio, y quizás tú la estás viviendo cada día: te levantas, te vistes, abres el teléfono, haces el seguimiento, vas a la reunión… y no sientes nada. El cuerpo va. El alma, no.
No es pereza ni falta de ganas. Es que algo por dentro se apagó, y lo peor es que casi nadie lo nota —ni tú mismo.
Puedes cerrar ventas desde ese lugar, cumplir metas, aparentar que todo está bien. Pero hay una diferencia enorme entre estar activo y estar presente, y cuando llevas mucho tiempo así, una venta cerrada ya no te produce alegría, solo alivio. Eso no es éxito. Eso es supervivencia disfrazada.
Este Domingo de Resurrección recordamos la Resurrección de Cristo, y más allá de la fe de cada quien, hay algo en esa imagen que me parece profundamente humano: que de lo que parece muerto puede brotar vida nueva, que no todo final es el final, y que resucitar el propósito no llega con una nueva técnica ni con un discurso motivacional. Llega cuando decides hacerte una pregunta honesta:
¿Qué fue lo que se apagó, y cuándo permití que se apagara?
Esa pregunta es el primer latido.
Sabes que es momento de resurgir cuando escuchas a tus clientes para responder y no para entender, cuando evitas el silencio porque en él aparece una voz incómoda, cuando ya nada de tu trabajo te entusiasma contárselo a alguien. Eso no es solo una crisis. Es una convocatoria.
Resucitar no es reinventarse de cero —a veces es simplemente volver al origen: recordar qué sentiste la primera vez que ayudaste a alguien a encontrar su hogar, qué te decías cuando todavía creías que podías comerte el mundo. También es darte permiso de sentir lo que has evitado: el cansancio real, la decepción acumulada, las veces que diste desde el vacío en lugar de hacerlo desde la plenitud. Sentirlo no te debilita, te limpia, y del espacio limpio nace algo nuevo.
Esta resurrección no ocurre de inmediato. Ocurre un latido a la vez.
Mientras desarrollaba este artículo, sentí que tenía que escribirte una Carta Pública para el Alma —como hago en mi podcast Reenfoque Positivo—, porque algunas cosas no caben en el análisis. Solo en la carta.
Para ti, que sientes que ya no te queda nada por dentro.
Sé que llevas tiempo funcionando en silencio, que lo disimulas bien, que tú mismo a veces dudas si lo que sientes es real.
Es real.
Apagarse no es fracasar: es una señal de que algo en ti todavía recuerda cómo se sentía hacer esto con amor, y se niega a conformarse con menos.
Lo que se apagó no murió. Solo está esperando que tú decidas encenderlo de nuevo.
Resurge. El mercado no te necesita en modo automático. Te necesita entero.
Con cariño, yo.
Desde mi corazón para tu corazón.
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