El boletín de agosto de la Universidad del Sur de la Florida confirma el descenso de la biomasa flotante en el Caribe, justo cuando el sector hotelero exigió al Gobierno dominicano una política firme, y este activó un nuevo operativo en la región Este
SANTO DOMINGO. – Hay cambios que un pescador o un bañista notan antes de que aparezcan en un informe: el color del mar, la textura de la superficie, el olor que lo repele al acercarse a la orilla o lo que flota alrededor de la embarcación.
Este año, esa lectura empírica y el dato científico apuntan, por primera vez en meses, en la misma dirección: la biomasa de sargazo que en pleno verano alcanzó niveles extraordinarios comenzó a ceder, pero el mismo dato que trae ese alivio llegó acompañado de una advertencia pública del sector hotelero, que reclamó al Gobierno una política que, según sus propios voceros, todavía no existe.
El boletín correspondiente a agosto de 2026 del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la University of South Florida (USF), publicado el 2 de septiembre por la red CARICOOS, confirma que la cantidad total de sargazo continuó descendiendo en todas las regiones analizadas.
Dentro del llamado cinturón de sargazo, la cantidad se redujo a la mitad respecto del nivel de julio, mientras que en el golfo de México quedó en aproximadamente un tercio del registrado el mes anterior.
La noticia no significa que las costas dominicanas estén libres de sargazo, y tampoco que el problema haya terminado. Significa algo más preciso, y, después de un año particularmente intenso, alentador: la cantidad de sargazo flotante en las regiones monitoreadas por satélite comenzó a disminuir.
El cinturón sigue allí, se extiende desde la costa occidental de África hasta el golfo de México y mantiene una distribución semejante a la observada durante los meses anteriores. El oceanógrafo Frank Muller-Karger, de la USF, ha explicado que “lo que inicialmente eran pequeños parches terminaron convirtiéndose en una nueva población estable en el Atlántico tropical”, en referencia a un cinturón que, desde 2011, reaparece cada año con distinta intensidad.
Pero lo que interesa seguir ahora es que la cantidad ha comenzado a ceder. El descenso llega después de una temporada que puso al sargazo nuevamente en el centro de la conversación científica, ambiental y turística del Caribe.
El viceministro de Recursos Costeros y Marinos, José Ramón Reyes, había calificado el momento de “una situación que hay que asumir como una emergencia” el 3 de junio, cuando alertó que el Caribe llegó a acumular entre 70 y 80 millones de toneladas de sargazo flotante, frente a 30 y 40 millones el año anterior, con arribos que se duplicaron mes a mes entre enero y mayo respecto a 2025.
En junio, el fenómeno alcanzó uno de sus mayores registros, con un reporte de la NASA que indicaba que fue el segundo junio con mayor cantidad de sargazo observada por satélite, solo por detrás de 2025, mientras la USF estimaba alrededor de 33,6 millones de toneladas métricas en las regiones monitoreadas.
La historia cambia de dirección
El boletín de agosto de la USF señala que, salvo en el Atlántico oriental, la cantidad de sargazo en las regiones estudiadas todavía estaba por encima del percentil 75 de los niveles históricos registrados para agosto entre 2011, año en que iniciaron las mediciones, y 2025.
El descenso no devuelve todavía al Caribe a una situación normal: hay menos que durante el pico, pero sigue habiendo más de lo habitual para esta época en buena parte de la región.

La situación dominicana de estos días tiene, además de un componente científico, uno político y empresarial, que antecede por días al operativo. (Foto/Pexels).
La universidad prevé que la disminución continuará durante los próximos meses, posiblemente hasta noviembre, y, al mismo tiempo, advierte que continuarán los eventos de llegada a las costas del Caribe y las Antillas Menores, aunque con menor intensidad que durante los meses de verano.
Ahí hay una diferencia que conviene no perder de vista: menos sargazo en el océano no significa ausencia del alga en una playa determinada. La información satelital permite observar grandes extensiones del océano y seguir la evolución regional de la biomasa, pero no permite convertir automáticamente ese dato en una predicción sobre qué ocurrirá mañana frente a una playa específica. La propia USF advierte que sus productos regionales deben leerse según la escala, y ofrece mapas de alta resolución para determinadas zonas costeras.
La NOAA y la USF desarrollaron, además, un sistema diario de riesgo de inundación costera por sargazo. El indicador utiliza los datos del índice de algas flotantes de la USF y analiza las condiciones en un entorno de entre 50 y 100 kilómetros alrededor de cada punto costero para clasificar el riesgo como bajo, advertencia, medio o alto.
Esa herramienta ayuda a entender por qué el descenso regional no equivale a una desaparición inmediata en las playas: una masa de sargazo puede seguir desplazándose, concentrándose y llegando a determinados litorales mientras la cantidad total del océano comienza a reducirse.
Los empresarios empujan
La situación dominicana de estos días tiene, además de un componente científico, uno político y empresarial, que antecede por días al operativo.
El 4 de septiembre, durante la Convención Anual de Asonahores en Punta Cana, el empresario turístico Frank Rainieri, del Grupo Puntacana, advirtió: “Tenemos que crear una política contra el sargazo; hasta ahora se ha hablado, pero no hay una política coherente y firme”, y pidió autorizar de inmediato programas de barreras marinas, pues los insumos tardan seis meses en llegar al país y dos meses adicionales en instalarse.
Ese mismo día, la asociación hotelera Inverotel envió una carta al ministro de Turismo, David Collado, en la que solicitó actuar “con la mayor celeridad” para evitar que a República Dominicana le ocurra lo que ya padece Quintana Roo, una carta que trascendió en la prensa especializada en turismo el 8 de septiembre.
El ministro Collado, por su parte, había advertido desde el 1 de septiembre que la llegada masiva de sargazo “pone en riesgo la competitividad y la imagen” del destino, mientras coordinaba una limpieza en Playa Rincón con la Marina de Guerra, el Ministerio de Obras Públicas y brigadas del CEIZTUR.
El fondo con el que cuenta el propio Ministerio de Turismo ilustra la distancia entre el diagnóstico y la solución: Collado confirmó el 29 de junio que mantiene nueve millones de dólares depositados en una cuenta de Asonahores, destinados a un mecanismo de recolección en altamar, pero condicionados a que aparezca “una solución definitiva”. El desembolso, hasta la fecha, no se ha producido.
Es en ese contexto, con el sector privado exigiendo públicamente una política y un fondo de nueve millones de dólares a la espera de un mecanismo viable, que el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a cargo de Armando Paíno Henríquez, anunció, cinco días después, el 9 de septiembre, el inicio de un operativo nacional de protección ambiental en la región Este ante la presencia masiva de sargazo.
El operativo contempla brigadas técnicas, inspección de los protocolos de limpieza, análisis de impacto ambiental y evaluación de soluciones sostenibles, enmarcado en la Resolución 0046-2025, que establece los lineamientos generales para la recogida de sargazo en los litorales del país.
Sin embargo, no hay contradicción científica entre estos datos y los de la USF. Uno describe la cantidad de sargazo que permanece flotando en grandes regiones del océano; el otro responde a lo que continúa llegando a las costas y requiere manejo, y a la presión pública para que ese manejo se note. Para un país cuya economía turística depende de buena parte de su litoral, esa diferencia es fundamental.
Qué pasa en México
México ofrece un contraste que conviene mirar de cerca, y que también se mueve con el calendario. A mediados de agosto, la agencia Reuters reportó que Quintana Roo ya había retirado más de 105.000 toneladas de sargazo en 2026, superando todo lo recogido durante 2025.
Tres semanas después, el 8 de septiembre, la Secretaría de Marina mexicana informó que la cifra había subido a más de 123.400 toneladas recolectadas en lo que va de 2026, un 33% más que las 92.782 toneladas retiradas durante todo 2025. El ritmo de recolección, en otras palabras, no se ha detenido pese al descenso que documenta la USF en la biomasa flotante.
México también está combinando seguimiento satelital, inteligencia artificial y centros de monitoreo para anticipar el fenómeno, mientras prepara un centro de economía circular en Puerto Morelos que abrirá en 2027.
Es un proceso que muestra cómo la respuesta al sargazo se está desplazando desde la limpieza de playas hacia la vigilancia, la prevención y el aprovechamiento de la biomasa.
Después de meses de máximos, el descenso trae una noticia que hasta hace poco no estaba en el centro de la conversación: la presión sobre el océano comienza a reducirse. Pero la USF no habla de desaparición, habla de descenso, y esa palabra es clave.
El pronóstico científico apunta a que la cantidad seguirá disminuyendo durante los próximos meses, posiblemente hasta noviembre, y a que las arribazones continuarán, aunque menos severas que durante el verano.
Para el pescador que mira el mar, para quien trabaja en una playa, para un hotel que ha tenido que retirar toneladas de algas de su frente costero o para una comunidad que vive del litoral, el cambio no se mide solamente en millones de toneladas.
Se mide en cuánto tarda en volver a verse el agua y la arena, en cuánto esfuerzo deja de ser necesario para mantener una playa utilizable, y en cuánto tiempo transcurre entre el momento en que el satélite detecta que el mar está soltando sargazo y el momento en que esa mejoría llega realmente a la orilla.
Rainieri lo planteó en términos de calendario: un programa de barreras autorizado hoy tardaría al menos ocho meses en instalarse, es decir, llegaría después de que la próxima temporada ya haya empezado.
Por ahora, la señal que llega desde el océano es favorable, el sargazo de 2026 ya pasó su pico, pero el Caribe, y la industria que depende de sus costas, todavía tienen que esperar para sentir completamente el alivio.
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