Mientras la construcción dominicana crecía a un ritmo histórico entre 1996 y 2000, la producción de vivienda social avanzaba a otro paso y en otra dirección
SANTO DOMINGO. – En 1999, la construcción dominicana creció 18.2%, según el propio discurso de rendición de cuentas del presidente Leonel Fernández ante la Asamblea Nacional. Fue el sector de mayor expansión de la economía nacional ese año, por encima de las comunicaciones (15.6%) y la industria local (10.9%).
Los metros de construcción de apartamentos y viviendas bajo permiso de la Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones pasaron de 1.8 a 3.1 millones de metros cuadrados en tres años, un aumento de 80%, y el consumo de cemento colocó al país en el primer lugar de América Latina y el Caribe, solo por detrás de Estados Unidos en todo el hemisferio.
Esas cifras describen una economía de la construcción en pleno auge, pero conviene preguntarse, con la misma atención con la que el discurso presidencial detalló el crecimiento del sector, qué proporción de esa expansión llegó a la vivienda social y cuál se destinó a otro tipo de desarrollo.
Cómo se explica el 18.2%
El propio presidente Fernández fue explícito sobre el origen de ese crecimiento: «la inversión privada en centros comerciales, hoteles, torres residenciales y viviendas familiares», combinada con «la notable inversión pública en carreteras, aeropuertos, soluciones viales urbanas, edificación de escuelas, remodelación de hospitales» y los proyectos habitacionales de bajo costo para los damnificados del huracán Georges.
De los cuatro componentes privados mencionados, tres, centros comerciales, hoteles y torres residenciales, corresponden a un segmento del mercado inaccesible para la familia dominicana promedio de finales de los noventa.
Solo el cuarto, viviendas familiares, se acerca a la vivienda de uso residencial corriente, sin que el discurso distinga cuánto de ese crecimiento correspondió a vivienda de clase media o alta frente a vivienda social.
El turismo, motor paralelo de esa misma expansión, aporta una referencia útil: el número de habitaciones hoteleras en construcción alcanzó las 10,200 durante el año anterior al discurso de 1999, de las cuales entraban en operación 4,630, llevando la oferta total a 43,215 habitaciones.
Es decir, solo en un año, la industria hotelera dominicana puso en construcción casi la mitad de las habitaciones que el INVI había completado como soluciones habitacionales de interés social durante todo 1998 (21,538 unidades).
Ambos sectores, turismo y vivienda social, empleaban la misma mano de obra, el mismo cemento y la misma varilla, pero competían por ellos desde posiciones económicas completamente distintas.
La vivienda social, aparte
Frente a ese crecimiento de dos dígitos en la construcción general, el ritmo de producción habitacional pública fue distinto en 1997, cuando la ejecución gubernamental en proyectos de vivienda a escala nacional sobrepasó apenas las 3 mil unidades habitacionales.
En 1998, el INVI reportó 21,538 soluciones terminadas, cifra elevada por la emergencia de Georges y las 10,000 viviendas prefabricadas de reconstrucción, pero excepcional dentro de la serie del cuatrienio, no representativa de un ritmo sostenido.
Puesto en perspectiva frente al déficit habitacional que el propio gobierno reconoció en más de 700 mil unidades, ni siquiera el año más productivo del período, impulsado por la reconstrucción post-huracán, alcanzó a mover de forma significativa esa cifra estructural.
El crecimiento de 18.2% en la construcción de 1999 convivió, en otras palabras, con un déficit habitacional que continuaba prácticamente intacto.
Es importante subrayar que ninguno de los discursos de rendición de cuentas de Fernández intentó ocultar esa disparidad, sino al contrario, la mencionaron explícitamente año tras año, casi como un estribillo obligado dentro del relato de progreso: el gobierno crecía, la construcción crecía, el turismo crecía, y el déficit de 700 mil viviendas permanecía como la nota al margen que ningún discurso de cierre de febrero pudo borrar del balance oficial.

El crecimiento de 18.2% en la construcción de 1999 convivió, en otras palabras, con un déficit habitacional que continuaba prácticamente intacto. (Foto(AGN).
El cemento no distingue clases, el crédito sí
La explicación de esa desconexión no está únicamente en la voluntad política del gobierno de turno, sino en la estructura misma del financiamiento a la vivienda que existía en el país.
El programa de bono para la vivienda que el INVI y el Banco Nacional de la Vivienda ensayaron en 1998 y 1999 dependía, para la parte de financiamiento privado, de la capacidad de las familias beneficiarias de acceder a crédito hipotecario formal, algo que la mayoría de los hogares de menores ingresos no podía hacer sin la garantía o subsidio directo del Estado.
Esa misma limitación estructural, el acceso desigual al crédito formal según el nivel de ingreso, es la que documentos posteriores sobre el déficit habitacional dominicano, como los elaborados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) a partir de los censos de población y vivienda, seguirían señalando como una de las causas persistentes del problema mucho después de que terminara el gobierno de Fernández.
La banca comercial y las asociaciones de ahorros y préstamos, con capacidad de financiar torres residenciales y proyectos turísticos a un ritmo de 18.2% anual, no encontraban en la vivienda social del mismo período un negocio igualmente rentable.
El desafine financiero y territorial
El auge de la construcción privada se concentró en Santo Domingo y en los polos turísticos de Bávaro, Punta Cana, Bayahibe y Puerto Plata, donde el discurso del año 2000 reportó la apertura de nuevas instalaciones hoteleras y un aumento de más de 5,000 habitaciones.
Los proyectos de vivienda social vinculados a la reconstrucción post-Georges, en cambio, se ubicaron en El Tamarindo, en la capital, y en San Juan de la Maguana y Bonao, zonas rurales o semiurbanas del interior del país que no formaban parte del circuito de inversión privada que impulsaba el crecimiento de dos dígitos del sector.
Esa distribución territorial reforzó, en la práctica, la separación entre las dos economías de la construcción dominicana de finales de siglo: una orientada al capital privado, nacional y extranjero, concentrada en las zonas de mayor plusvalía, y otra orientada a atender la emergencia social, concentrada en las zonas de menor desarrollo relativo.
Ambas contaban en las mismas estadísticas nacionales de crecimiento del sector construcción, pero respondían a lógicas de inversión, financiamiento y localización completamente distintas.
Al cierre del cuatrienio 1996-2000, la República Dominicana podía, con razón, presentar cifras de crecimiento en la construcción que la colocaban entre las economías más dinámicas del Caribe en ese renglón.
Pero esa misma cifra, leída junto a los datos de producción habitacional social del período, revela dos historias paralelas que rara vez se cuentan juntas: la del país que construía torres, centros comerciales y habitaciones hoteleras a un ritmo histórico, y la del país que seguía intentando, con recursos comparativamente modestos, reducir un déficit de 700 mil viviendas que la propia bonanza de la construcción no estaba diseñada para resolver.
Fuentes: Discursos de rendición de cuentas del presidente Leonel Fernández ante la Asamblea Nacional (27 de febrero de 1998, 1999 y 2000), publicados en La Modernización de la República Dominicana: Memorias de una Gestión 1996-2000; Oficina Nacional de Estadística (ONE), publicaciones sobre la medición del déficit habitacional en República Dominicana.
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