En esta casa durmió la hija del tirano, en sus galerías el Playboy fumaba puros, la usaron los constitucionalistas de Caamaño como comando de combate, y cuando todo terminó, llegaron familias sin techo a dividir sus salones con cartones. Santo Domingo tiene esa costumbre: reivindicar sus heridas
SANTO DOMINGO. – Puede que el nombre que le asignó la gente sobrecoja a algunos lectores, sobre todo a aquellos que desconocen la existencia de este edificio, en pleno centro de la capital, emblemático por muchas razones más allá de su mote durante casi 30 años: Ensanche Cucaracha.
Este nombre, sin embargo, llenó de orgullo a quienes lo habitaron y a quienes desde allí contribuyeron a una gesta patriótica. Un nombre que no lo eligió ningún presidente, ni urbanista, ni siquiera un decreto municipal, sino que surgió de la calle misma, que en esta ciudad ha sido siempre la primera en bautizar las cosas.
Nacida para acoger
Hay casas que acumulan vidas ajenas como otras acumulan polvo y esta es una de ellas. Su construcción fue ordenada por el sacerdote Napoleón Andrickson entre 1929 y 1931, en la esquina de la calle Jacinto de la Concha esquina Félix María Ruíz, hoy avenida México, en Villa Francisca. Así lo cuenta la página web de la Casa de la Juventud, entidad que aloja el edificio en la actualidad.
Se diseñó para impresionar: en la falda de una colina, desde donde se dominaba la visual del barrio; con dos plantas de galerías perimetrales corridas (un porche) y ventanas verticales amplias, diseñadas para capturar la brisa del Caribe; columnas de fuste liso, balaustradas de hormigón torneado y una esquina curva que suaviza el volumen con una elegancia poco común en el barrio, y más en esa época.
Pero no duró mucho en manos de la Iglesia. Para 1935, la familia Trujillo ya la había absorbido dentro de ese apetito territorial que caracterizó a la Era y allí fue a vivir Flor de Oro, una de las hijas del dictador, que se había casado en 1932 con Porfirio Rubirosa, el célebre playboy dominicano nacido en San Francisco de Macorís y cuyo matrimonio terminó en divorcio en 1938.

Crédito: Archivo General de la Nación.
Cuando el matrimonio se deshizo, ella abandonó el lugar y la casa quedó vacía, sumida en ese limbo extraño de las propiedades del poder, hasta que en abril de 1965 llegó una sacudida que removió todo un país y entonces la casa tuvo una nueva misión: sede de un comando militar de revolucionarios constitucionalistas, que la ocuparon como parte de la resistencia en Villa Francisca, uno de los frentes más activos del bando civil.
Cuando la gesta terminó y los combatientes se fueron, la casa quedó otra vez sin dueño visible y entonces ocurrió lo que ocurre siempre en esta ciudad cuando un espacio queda sin dueño: la gente llegó y la habitó. Llegaron familias del interior del país, migrantes que buscaban en la capital lo que la capital rara vez tiene para los recién llegados, y se instalaron adentro. Luego llegaron más, dividieron los salones, los pasillos y las galerías señoriales con cartones, hasta que sumaron noventa familias en una casa construida para una sola.
De ese hacinamiento nació el nombre que la vivienda cargó durante décadas: Ensanche Cucaracha. No como insulto sino como descripción: gente que sobrevive donde otros dirían que no se puede o que solo podrían hacerlo las alimañas. Así estuvieron casi treinta años. La casa que había alojado a la hija del tirano y el playboy más famoso de la época, alojó luego, con la misma vocación de hogar, a los más pobres de la ciudad.
Un destino luminoso

Con el nombramiento de Monseñor Francisco Ozoria como Arzobispo de Santo Domingo en 2016, pasó a ser sede de la Vicaría Episcopal de Adolescencia y Juventud de la Arquidiócesis. (Fuente/Solangel Valdez).
En 1993, el sacerdote Luis Rosario gestionó la donación del edificio a la Pastoral Juvenil del Arzobispado de Santo Domingo. Las noventa familias fueron reubicadas en Los Mameyes y Los Farallones, en Santo Domingo Este y la casa fue restaurada. La Casa de la Juventud fue formalizada como institución sin fines de lucro mediante el Decreto 184-95 del 15 de agosto de 1995 y durante años han funcionado allí programas tan distintos como el Instituto de Formación Teológico-Pastoral, un módulo dental, asistencia legal, una imprenta juvenil y un programa de orientación telefónica.
Con el nombramiento de Monseñor Francisco Ozoria como Arzobispo de Santo Domingo en 2016, pasó a ser sede de la Vicaría Episcopal de Adolescencia y Juventud de la Arquidiócesis.
La misma esquina curva. Las mismas columnas. Las mismas balaustradas que vieron pasar a la hija del dictador, a los combatientes de abril y a noventa familias con sus cartones, hoy reciben a los jóvenes del barrio y del país. Porque Santo Domingo tiene la vocación de remasterizar sus heridas y convertirlas en otra cosa.
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