InicioOpinionesComisionista o asesor: la diferencia que el cliente nota

Comisionista o asesor: la diferencia que el cliente nota

Entre un comisionista y un verdadero asesor hay una diferencia tajante que el cliente termina notando. No está en el esfuerzo, sino en el enfoque. El comisionista hace lo mínimo indispensable para llegar a la firma, mientras que el asesor procura lo necesario para que esa firma sea una buena decisión.

Esa diferencia se ve desde el primer encuentro. El asesor conoce a fondo lo que ofrece, domina la letra pequeña y, por eso, la explica con claridad. Entiende la capacidad financiera de quien tiene enfrente y lo ayuda a elegir una propiedad que pueda sostener económicamente, incluso si eso significa recomendarle otro proyecto que se ajuste mejor a su presupuesto y a sus necesidades.

Se involucra porque sabe que esa persona está tomando una de las decisiones económicas más importantes de su vida y que su criterio puede marcar la diferencia entre una compra tranquila y una carga financiera durante años.

El comisionista, en cambio, ni siquiera es capaz de hacer lo más básico. Cuando consigue un cliente, llama a la constructora y es esta la que presenta el proyecto, prepara el plan de pago y, muchas veces, hasta cierra la venta. Su aporte termina siendo llevar al cliente hasta la puerta y, aun así, cobra una comisión como si hubiera gestionado toda la operación.

La brecha se acentúa después de la firma. Para el comisionista, la venta termina cuando se cierra el negocio y el cliente deja de existir. Las llamadas ya no se contestan con la misma rapidez, las dudas sobre el avance de la obra quedan sin respuesta y quien confió se siente, de pronto, solo frente a una empresa que no conoce. El asesor entiende que el cierre es apenas el comienzo de la relación y, por eso, acompaña al cliente durante todo el proceso, hasta la entrega de las llaves.

Aquí la constructora también tiene su parte de responsabilidad. Cuando premia únicamente el volumen de ventas y no se pregunta cómo se cerró cada operación ni cómo se atiende al cliente después, termina reforzando las malas prácticas del comisionista.

Cada comprador abandonado a su suerte asocia su mala experiencia con la marca del proyecto, no con la persona que lo atendió. Esa factura la paga la empresa, no el intermediario.

Por eso, la comisión, que es legítima, debe ser el resultado de un trabajo bien hecho y no el pago por abrir una puerta. Quien decide asesorar de verdad descubre algo que ningún comisionista llega a entender: un cliente bien acompañado regresa y recomienda. Y esa confianza no se compra con ninguna campaña publicitaria.

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El contenido y las opiniones aquí expuestas corresponden únicamente a su autor. Inmobiliario.do no asume responsabilidad por dichas afirmaciones ni las considera vinculantes a su visión editorial.
Raquel Salas
Raquel Salas
Relacionista pública de los desarrollos Mystiq, CEO y fundadora de Reenfoque Positivo y Equilibrio Inmobiliario, directora Grupo de Medios RP, coach integrativa certificada por John Maxwell Leadership, autora de «Antes de Decir que Sí» y «Tiempo para Mí».
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