Casi 9 de cada 10 obras activas en la región metropolitana (el 12.1%) no son para vender, sino para habitar o alquilar.
SANTO DOMINGO. – Cuando se habla del “mercado inmobiliario” dominicano, con sus precios, sus ventas y sus proyectos en oferta, se describe apenas una parte de lo que realmente se construye y, para verificarlo, hay que echar un vistazo al gráfico 7 del Registro de Oferta de Edificaciones (ROE) 2026-1 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).
Según el documento, el 87.8% de las obras activas registradas en la Región Metropolitana está destinado exclusivamente a uso propio o alquiler y apenas el 12.1% se construye para la venta, y un 0.2% adicional combina ambos propósitos.
La diferencia es más clara cuando se mira el dato de las casas y de los apartamentos. De acuerdo con el informe, el 97.5% de las unidades de vivienda unifamiliar activas es “no comercializable”, es decir, corresponde a autoconstrucción o a edificaciones para uso familiar directo. Apenas 1.0% está vendido, separado o reservado, y 1.1% adicional se encuentra en oferta inmediata.
“Esto indica que apenas el 2.2% de las casas se encuentra vinculado con alguna condición de comercialización”, precisa el texto del ROE.
En los apartamentos ocurre lo contrario: 42.0% ya está vendido, separado o reservado, 35.5% está en oferta inmediata y 5.8% en oferta futura, para un 83.3% ligado directamente a la comercialización, según el mismo gráfico.
El mismo contraste aparece al medir metros cuadrados en lugar de unidades. Según el Gráfico 41 del informe, el 95.7% del área individual construida de las casas activas es no comercializable, frente a 12.8% en los apartamentos.
El propio Registro de Oferta de Edificaciones mide, en consecuencia, un mercado de apartamentos orientado mayormente a la venta y un mercado de casas orientado mayormente a la autoconstrucción.
Hay que tener en cuenta que el alcance del ROE cubre solo una fracción del país, porque censa únicamente edificaciones de 100 metros cuadrados o más, dentro de la zona urbana de la Región Metropolitana, según se detalla en sus aspectos metodológicos.
Toda la autoconstrucción por debajo de ese umbral, así como la que ocurre fuera del Gran Santo Domingo, queda fuera de su cobertura.
A escala nacional, el ingeniero Héctor O’Reilly, segundo vicepresidente de la Comisión Permanente del Código Modelo Sísmico para América Latina y El Caribe, señaló en el más reciente congreso de esa comisión, según recogió El Inmobiliario, que en el país se producen entre 60,000 y 70,000 viviendas informales al año.
El geólogo Osiris de León, en la misma cobertura, estimó en 70% la proporción de la construcción dominicana que es informal, con prácticas como añadir niveles sin soporte adecuado o eliminar columnas estructurales, un riesgo que calificó de “lo más alarmante y peligroso” frente a la exposición sísmica del país.
Los datos del ROE 2026-1 muestran, así, que incluso dentro del universo formal que censa la ONE, menos de 13 de cada 100 obras activas se construye para la venta. Las cifras sobre la construcción informal indican, a su vez, que ese universo formal es una fracción menor de la actividad constructiva total del país.
Lecturas recomendadas:



