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Bayahíbe, donde el mar dejó de traer solo peces

Bayahíbe, el pintoresco poblado costero de la provincia La Altagracia, que La Romana reclama, es un destino turístico que recibe más de un millón de visitantes al año y debe su nombre a la lengua taína

SANTO DOMINGO.- Según la Fundación del Español Urgente (Fundéu Guzmán Ariza), el vocablo resulta de las voces indígenas “baya”, referido a un molusco bivalvo y el higüero, y “jibe” o “hibe”, el cedazo que los taínos empleaban para tamizar la harina de yuca en la elaboración del casabe.

Bayahíbe: un topónimo ligado a la cotidianidad y a los recursos primigenios. Herencia lingüística que sobrevive en esta franja del litoral caribeño dominicano.

Origen

Su fundación se sitúa en 1874 con la llegada del puertorriqueño Juan Brito, y durante casi un siglo, la pesca fue casi la única actividad comercial: sus habitantes se hacían a la mar en botes de vela y dependían del viento para el regreso.

En la década de 1970, pocos se aventuraban por ese camino intransitable de tierra para llegar a aquellas aguas turquesa, donde se divertían los niños, las estrellas de mar, los mosquitos y los erizos.

Y entonces llegó Wayne Fuller, estadounidense o canadiense según quien cuente su historia, quien contra todo pronóstico levantó las primeras cabañas rústicas de piedra para turistas en una Bayahíbe aislada y sin carreteras, y quien más tarde impulsó el plan de ordenamiento territorial que bautizó Dominicus Americanus, fusión de “dominicano” y “americano”.

La semilla del actual clúster hotelero, en el que relucen los nombres de Ettore Colussi y Rafael Blanco Canto, fundadores de Club Dominicus en 1987, está en el proyecto de Fuller, que abarcó dos mil acres, cinco millas de playa y cinco resorts todo incluido, que atrajeron a pobladores de distintos puntos del país y extranjeros que se fueron quedando.

Atractivos

El Estado creó el Parque Nacional del Este, hoy Parque Nacional Cotubanamá, con el Decreto 1311 del 16 de septiembre de 1975, protegiendo la isla Saona y el cayo Catalinita. Tiene senderos ecológicos, más de 400 cuevas registradas, petroglifos y lagunas subterráneas de aguas azules.

Isla Saona: La más grande y famosa por sus playas blancas bordeadas de cocoteros y sus piscinas naturales de aguas poco profundas.

Isla Catalina: Es ideal para snorkel y buceo por sus arrecifes de coral; es también donde se ubican los restos del Quedagh Merchant, y es un sitio de buceo y arqueología subacuática.

Playa Dominicus: Certificada con Bandera Azul por la calidad, es la franja que concentra buena parte de la oferta hotelera todo incluido de la zona.

Piscina Natural Palmilla: Franja de aguas poco profundas en mar abierto, popular para nadar y relajarse alejado de la costa.

Cueva del Puente y sendero Padre Nuestro: Sistema de cuevas y cenotes de agua dulce dentro del parque nacional, con un centenario árbol que crece en el interior de una de ellas y petroglifos en sus paredes.

El pueblo de Bayahíbe

El caserío con restaurantes, tiendas artesanales y las coloridas casas de madera que recuerdan su pasado de aldea de pescadores. Tiene cinco mil 600 habitantes, según el Censo de 2022, y la población flotante llega a picos de 7,000 a 8,000 personas, indica Yesenia Brito, directora municipal. La ocupación ronda el 80 % en sus cerca de 6 mil habitaciones, apunta Andrés Fernández, presidente de la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe.

Particularidades

La naturaleza fue tan pródiga, que tienen una flor única: la Rosa de Bayahíbe (Pereskia quisqueyana), un cactus endémico que el botánico Alain Liogier describió en 1977 y que el Congreso Nacional, mediante la Ley 146-11 de julio de 2011, declaró Flor Nacional de la República Dominicana.

En diciembre de 2007, frente a Isla Catalina, arqueólogos de la Universidad de Indiana, liderados por Charles Beeker, confirmaron el hallazgo de los restos del Quedagh Merchant, barco que el pirata escocés William Kidd abandonó en 1699 tras capturarlo en el océano Índico. El proyecto dio origen a “museos vivos en el mar”: el mismo mar que alimentó a los pescadores se convirtió en patrimonio histórico y atractivo turístico.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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