Dos tercios de la IED del primer semestre, unos US$2,194.6 millones, correspondieron a nuevos aportes de capital, según el Banco Central
SANTO DOMINGO. – Cuatro meses después de que Fitch Ratings cambiara de positiva a estable la perspectiva crediticia de República Dominicana y advirtiera que un shock petrolero suficientemente fuerte podía llevar al Banco Central a elevar las tasas de interés antes de finalizar 2026, los datos muestran dos movimientos simultáneos: la tasa activa promedio ponderada de la banca múltiple encadena tres lecturas consecutivas al alza, mientras la inversión extranjera directa no solo no se ha retraído, sino que aumentó durante el primer semestre del año.
La coincidencia no permite establecer una relación causal entre ambos fenómenos, pero plantea una pregunta relevante para la inversión extranjera: qué efecto tendría sobre las decisiones futuras de capital un escenario en el que aumenten simultáneamente el costo del financiamiento y los riesgos asociados a los precios internacionales del petróleo.
En abril de 2026, Fitch Ratings rebajó la perspectiva crediticia de República Dominicana de positiva a estable y mantuvo la calificación soberana en BB-, una decisión que no representó una reducción de la calificación, pero modificó la evaluación que la agencia hacía sobre la trayectoria del riesgo crediticio del país.
Una columna de opinión firmada por Daniel Toribio, economista y exministro de Hacienda, publicada en Acento y Hoy, calificó la decisión como una “advertencia” que, sin suponer “un desplome inmediato”, tampoco era “un trámite sin importancia” porque podía incidir sobre la confianza, el costo del crédito y la percepción de riesgo.
La calificación soberana tiene además una dimensión vinculada con la estrategia financiera del Estado: el Ministerio de Hacienda y Economía, en su documento “Camino al Grado de Inversión”, utiliza las evaluaciones de Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s como referencias para medir el avance de República Dominicana hacia el grado de inversión y señala que alcanzar esa categoría contribuye a reducir los costos de financiamiento en los mercados internacionales.
En la actualidad, las tres agencias mantienen al país por debajo de esa categoría: el informe trimestral de riesgo país de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano, actualizado a junio de 2026, registra una calificación de BB- en Fitch, Ba2 en Moody’s y BB en Standard & Poor’s.
Según reportó Diario Libre al citar el informe de Fitch, la calificadora fundamentó el cambio de perspectiva, entre otros elementos, en que el crecimiento dominicano se había situado por debajo de su promedio histórico, con una expansión de 2.1% en 2025, y señaló la debilidad de sectores como construcción y manufactura.
Pero la agencia también planteó un escenario hacia adelante, al advertir que, si el impacto de los precios del petróleo resultaba “lo suficientemente grande”, el Banco Central de la República Dominicana podría elevar las tasas de interés oficiales hacia finales de 2026.
Cuatro meses después, la tasa que el Banco Central fija directamente no ha aumentado: la tasa de política monetaria permanece en 5.25%, de acuerdo con la serie histórica publicada por el organismo.
La tasa que sí se ha movido es la activa promedio ponderada de los bancos múltiples, que responde a las condiciones de intermediación financiera y de mercado.
Esa tasa había descendido de 14.99% en mayo de 2025 a 13.28% en marzo de 2026, una reducción de 171 puntos básicos en el contexto del ciclo de flexibilización monetaria. El descenso se detuvo posteriormente y la tasa pasó a 13.79% en julio y a 14.08% en agosto de 2026.
El dato de agosto representa 29 puntos básicos más que en julio y 80 puntos básicos por encima del nivel de marzo, aunque la comparación no implica que el aumento de la tasa activa haya sido provocado por la decisión de Fitch ni por el petróleo. El Banco Central no ha establecido públicamente esa relación causal.
Lo que sí ha reconocido el Banco Central es la presión proveniente del mercado petrolero y así lo expuso en su comunicación correspondiente a agosto, en la que señaló que el precio del petróleo intermedio de Texas permaneció elevado durante el mes debido a la prolongación del conflicto en Medio Oriente, situándose alrededor de US$85 por barril al cierre de ese mes.
También indicó que los precios de los combustibles refinados habían aumentado en una magnitud superior a la registrada por el crudo, generando presiones adicionales sobre los costos internos.
En ese contexto, la inflación interanual pasó de 5.67% en junio a 5.13% en agosto, según el Banco Central, mientras la inflación subyacente se situó en 4.76%. La inflación acumulada hasta agosto fue de 2.60% y la meta de inflación del Banco Central es de 4.0%, con un rango de tolerancia de más o menos un punto porcentual.
El comportamiento de las tasas y del petróleo, sin embargo, no ha coincidido hasta ahora con una reducción de la inversión extranjera directa.
Los datos del Banco Central muestran que República Dominicana recibió US$3,276.5 millones de inversión extranjera directa durante enero-junio de 2026. El monto supera en US$233.4 millones, equivalente a 7.7%, los US$2,892.8 millones recibidos durante el mismo período de 2025.
Más relevante aún para evaluar el comportamiento de los nuevos proyectos es la composición del flujo: de los US$3,276.5 millones registrados en el primer semestre, aproximadamente US$2,194.6 millones correspondieron a nuevos aportes de capital, alrededor de dos terceras partes del total.
La inversión tampoco se detuvo después de la decisión de Fitch, ya que los datos revelan que durante abril-junio, el segundo trimestre del año y el período que comenzó pocas semanas después del cambio de perspectiva anunciado por la calificadora, el flujo de inversión extranjera directa alcanzó aproximadamente US$1,604.6 millones, de acuerdo con las cifras del Banco Central.
Ese dato no permite concluir que la decisión de Fitch haya sido irrelevante para los inversionistas, porque las decisiones de inversión y sus desembolsos pueden responder a proyectos aprobados con anterioridad y ejecutarse durante varios períodos.
Tampoco permite atribuir el aumento de la IED a la ausencia de un incremento de la tasa de política monetaria.
Lo que sí permite establecer es que, hasta junio, no existe evidencia en los flujos registrados por el Banco Central de una contracción de la inversión extranjera posterior al cambio de perspectiva.
El BC es cauteloso a futuro
Sin embargo, el aumento de la inversión extranjera directa no significa que las condiciones que han permitido atraer esos flujos estén garantizadas hacia adelante.
La economista Elisa Vilorio de Painter, en un análisis publicado el 8 de septiembre en Página Abierta del Banco Central, sitúa la captación de capital extranjero dentro de un entorno internacional caracterizado por tensiones geopolíticas y comerciales, nuevos aranceles y una mayor cautela en las decisiones de inversión.
En ese contexto, Vilorio cita la estabilidad, la profundidad del mercado cambiario, la fortaleza institucional y la capacidad de resistencia ante escenarios de elevada incertidumbre, los que, además de los costos empresariales son también determinantes para atraer inversión extranjera.
El texto sostiene que los inversionistas no observan solo los aranceles o los costos operativos, sino también la estabilidad macroeconómica, la disponibilidad de divisas, el acceso a los mercados y la capacidad de un país para preservar sus condiciones de competitividad.
La autora plantea además que la competencia por la inversión extranjera será mayor y que los inversionistas serán cada vez más selectivos, y de cara a ese escenario, identifica como desafíos para el país, continuar fortaleciendo las instituciones, mejorar el capital humano, elevar la productividad, profundizar los encadenamientos entre empresas nacionales y extranjeras, promover la innovación y diversificar tanto los mercados de exportación como las fuentes de inversión.
Este planteamiento introduce una dimensión adicional en la discusión abierta por la advertencia de Fitch: la inversión extranjera directa puede continuar creciendo aun cuando cambien las condiciones bajo las cuales se evalúan los nuevos proyectos.
Los datos del primer semestre muestran que los flujos de capital hacia República Dominicana siguieron aumentando, pero el análisis publicado por el Banco Central coloca el foco en los factores que deberán sostener la capacidad del país para competir por esos recursos en un entorno internacional más exigente.
A futuro, el Banco Central proyecta que la inversión extranjera directa supere los US$5,300 millones durante 2026 y que los ingresos de divisas procedentes de la IED, las remesas, el turismo, las exportaciones de bienes y otros servicios superen US$50,200 millones al finalizar el año.
La situación actual coloca dos señales distintas sobre la misma mesa, por un lado, la inversión extranjera continúa llegando y los nuevos aportes de capital representan una proporción significativa del flujo registrado durante el primer semestre.
Por otro, Fitch introdujo en abril un escenario de riesgo vinculado con el petróleo y las tasas de interés, mientras que en los meses siguientes la tasa activa de la banca múltiple comenzó a subir aunque la tasa de política monetaria permaneció sin cambios.
Para un inversionista extranjero, la diferencia es relevante porque una eventual subida de las tasas no afecta únicamente al costo de los préstamos contratados por empresas locales, sino que tiene un impacto directo en proyectos que requieren financiamiento, ya que una mayor tasa puede elevar el costo de capital y modificar la rentabilidad esperada, particularmente en actividades con inversiones iniciales elevadas y períodos prolongados de recuperación.
Esa posibilidad es una implicación financiera del escenario planteado por Fitch, no una consecuencia que los datos disponibles permitan atribuir ya a la inversión extranjera en República Dominicana.
Aunque una calificación soberana más baja o una perspectiva menos favorable puede influir en la percepción del riesgo país y, dependiendo de las condiciones del mercado, en el costo al que el Estado, las empresas y los proyectos vinculados al país consiguen financiamiento.
Pero en el caso dominicano no hubo una rebaja de la calificación en abril: Fitch mantuvo el BB- y modificó la perspectiva de positiva a estable.
Por eso, los datos disponibles hasta junio muestran una situación diferente a la de una retirada de capital extranjero: la inversión extranjera directa creció 7.7%, alcanzó US$3,276.5 millones y aproximadamente dos terceras partes del flujo correspondieron a nuevos aportes de capital.
Al mismo tiempo, la tasa activa promedio de la banca múltiple pasó de 13.28% en marzo a 13.79% en julio y 14.08% en agosto, mientras la tasa de política monetaria permaneció en 5.25%.
El petróleo constituye el punto de conexión entre las dos historias, pero no una explicación automática de ellas:
- Fitch lo identificó en abril como un riesgo que podía llevar a un aumento de las tasas oficiales si el shock era suficientemente fuerte.
- En agosto, el Banco Central volvió a señalar el incremento de los precios del petróleo y de los combustibles refinados como una fuente de presión sobre los costos internos.
- La tasa de política monetaria, sin embargo, permaneció sin cambios, mientras la tasa activa promedio ponderada de la banca múltiple, aumentó.
- La inversión extranjera directa, por su parte, continuó creciendo durante el primer semestre, mientras el análisis publicado por el Banco Central advierte que la capacidad del país para sostener la atracción de capital dependerá también del fortalecimiento institucional, el capital humano, la productividad, la innovación y la diversificación de los mercados y de las fuentes de inversión.
La radiografía que ofrecen los datos hasta ahora es, por tanto, menos lineal que la advertencia de Fitch: República Dominicana conserva el flujo de inversión extranjera y registra nuevos aportes de capital, mientras enfrenta un entorno financiero en el que las tasas activas han comenzado a subir y los precios internacionales del petróleo mantienen una presión que el Banco Central reconoce en sus informes.
La cuestión que queda abierta es si un escenario de petróleo elevado y mayores costos financieros terminará modificando el ritmo, el costo o la estructura de las nuevas inversiones, especialmente si la presión sobre las tasas llegara a trasladarse desde el mercado bancario hacia la política monetaria.
Por ahora, los datos permiten establecer el punto de partida: la advertencia crediticia llegó primero; la inversión extranjera continuó creciendo después; y las tasas activas comenzaron a subir mientras la tasa de política monetaria se ha mantenido estable.
La evolución de esas tres variables, riesgo soberano, costo del dinero e inversión extranjera, será la que permita determinar si la advertencia de abril queda como una señal preventiva o se convierte en un factor con efectos observables sobre las decisiones de inversión.
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