Desafío, globalización y pobreza, la combinación de palabras en la misma frase que resume la tensión de todo el cuatrienio
SANTO DOMINGO. – El 27 de febrero del año 2000, en su último discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, el presidente Leonel Fernández describió un país transformado: la construcción había crecido 18.2% en 1999, el consumo de cemento colocaba a la República Dominicana en el primer lugar de América Latina y el Caribe, y los metros de construcción bajo permiso de la Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones habían pasado de 1.8 a 3.1 millones de metros cuadrados en tres años, un aumento de 80%.
El discurso llevaba por título «El Desafío de la Globalización y La Pobreza», y esa combinación de palabras, globalización y pobreza en la misma frase, resume la tensión de todo el cuatrienio.
Porque el mismo gobierno que exhibía cifras de expansión económica sin precedentes había reconocido, apenas dos años antes, que el déficit de viviendas en el país superaba las 700 mil unidades y esa cifra, lejos de reducirse en algún momento del período, se mantuvo como el trasfondo constante de cada discurso presidencial de finales de febrero.
El progreso en el discurso
Los datos macroeconómicos del cierre del siglo XX fueron notables, según el propio discurso presidencial del 2000, que anunció un crecimiento de 18.2% en la construcción durante 1999 y lo explicó por la combinación de inversión privada en centros comerciales, hoteles, torres residenciales y viviendas familiares, junto con inversión pública en carreteras, aeropuertos, escuelas y hospitales.
El turismo también se recuperaba tras el golpe recibido en 1998 por el paso del huracán Georges, con 2,649,000 visitantes en 1999, 15% más que en el año anterior.
Ese crecimiento de la construcción convivía con una economía de la vivienda que seguía funcionando en dos velocidades: la de las torres y proyectos turísticos financiados por el capital privado, y la de las soluciones habitacionales de bajo costo que el Estado intentaba producir a través del Instituto Nacional de la Vivienda (INVI), sin lograr cerrar la brecha entre ambas.
El discurso siguió con el sector de las comunicaciones que creció 15.6% en 1999, impulsado por la instalación de nuevas líneas telefónicas residenciales y comerciales, celulares y servicios de internet.
La industria local avanzó 10.9%, con mayor demanda de materiales de construcción como pintura, varilla y cemento y es ese contexto de expansión generalizada el que permitió al discurso presidencial de cierre de siglo hablar de «modernización» sin que la palabra sonara vacía, al menos para quienes podían acceder al crédito hipotecario o a un proyecto turístico. Para quienes dependían de una solución habitacional estatal, el ritmo era otro.
Lo que el INVI reportó
Las cifras oficiales de producción habitacional del período, tomadas de los discursos de rendición de cuentas del propio presidente Fernández, muestran un ritmo modesto frente a la magnitud del déficit.
Durante 1997, la ejecución gubernamental en proyectos de vivienda a escala nacional sobrepasó las 3 mil unidades habitacionales, con una inversión acumulada superior a los 1,000 millones de pesos.
A esa cifra se sumaban más de 10 mil unidades heredadas de administraciones anteriores, cuya terminación gradual requería una inversión adicional estimada, a diciembre de 1997, en más de 2,000 millones de pesos.
Para 1998, el INVI reportó la conclusión de 21,538 soluciones habitacionales, con otras 34,973 en ejecución y la cifra parece alta, hasta que se contrasta con el déficit acumulado de 700 mil viviendas mencionado apenas un año antes: incluso al ritmo más productivo del cuatrienio, el Estado dominicano tardaría décadas en cerrar la brecha, sin contar el crecimiento natural de la demanda por formación de nuevos hogares.
El peso del pasado
El dato más revelador del período no aparece en las cifras de producción, sino en la lista de obras pendientes que cada gobierno hereda del anterior. En su discurso de 1998, Fernández anunció la finalización, para abril de ese año, del proyecto habitacional de Los Barrancones, iniciado en 1979 para alojar a los damnificados del huracán David, es decir, un proyecto con casi 19 años de atraso. En la misma intervención se comprometió a continuar el proyecto habitacional de Invivienda, comenzado en 1984.
El mismo discurso ofrece otros ejemplos del patrón, aunque fuera del renglón estrictamente habitacional: el hospital regional de San Pedro de Macorís llevaba 18 años en construcción, y la escuela elemental de El Cedro, en Miches, 19 años.
Como observó el propio presidente ante la Asamblea, el niño que debía ingresar a esa escuela cuando se ordenó su edificación ya había terminado la primaria, la intermedia, el bachillerato, la universidad y una especialidad, para cuando finalmente se concluyó la obra.
La vivienda social dominicana de finales de siglo compartía esa misma lógica de arrastre: proyectos que sobreviven a varios gobiernos, cada uno de los cuales los retoma sin necesariamente completarlos.
Ese patrón de obras que se arrastran de una administración a otra, documentado también en la producción académica sobre el tema, como los trabajos de Natalia Ulloa Cáceres y de Evelyn Vanessa González Mueses sobre la vivienda social dominicana del siglo XX, sugiere que el problema habitacional dominicano no ha sido tanto de diseño de política como de continuidad institucional. Cada gobierno anuncia sus propias soluciones sin necesariamente terminar las del anterior.
Nace el bono de vivienda
El período 1996-2000 introdujo, sin embargo, un cambio de enfoque que tendría consecuencias más allá del cuatrienio. Según el discurso presidencial de 1999, el INVI y el Banco Nacional de la Vivienda iniciaron el programa de bono para la vivienda, un esquema que propugnaba por la unión de esfuerzos entre el sector público, desde una óptica de facilitador, y el sector privado, como ente ejecutor, tanto en su papel de financiador como de productor de viviendas.
Se trataba de un giro hacia la lógica de subsidio a la demanda en lugar de construcción directa por el Estado, un modelo que se consolidaría en los años siguientes y que marcaría buena parte de la política habitacional dominicana del nuevo siglo.
En esa misma línea de reasignación de activos estatales hacia la vivienda, el gobierno declaró de utilidad pública el inmueble que ocupaba la Fábrica de Clavos Enriquillo y ordenó su traspaso al INVI para la construcción de un complejo habitacional, una práctica de reconversión de propiedades industriales en suelo para vivienda social que se repetiría en otros contextos.
Un balance de cierre de siglo
Al cerrar el siglo XX, la República Dominicana llegaba con una economía de la construcción en pleno auge y con una política de vivienda social que, pese a cifras de producción respetables en términos absolutos, seguía sin acercarse a resolver el déficit estructural heredado de décadas anteriores.
El propio lenguaje de los discursos presidenciales, que pasó de «Gobernabilidad Democrática» en 1997 a «El Desafío de la Globalización y La Pobreza» en el 2000, refleja ese reconocimiento creciente de que la modernización económica y la pobreza habitacional avanzaban en paralelo, sin que la primera resolviera la segunda.
Lo que ninguno de esos discursos podía anticipar en su momento era que, a mitad del período, un fenómeno natural pondría a prueba de la manera más brutal posible toda la infraestructura habitacional del país.
De eso, y de cómo el huracán Georges se convirtió en el punto de quiebre de la política de vivienda del gobierno de Leonel Fernández, trata el próximo reportaje de esta serie.
Fuentes: Discursos de rendición de cuentas del presidente Leonel Fernández ante la Asamblea Nacional (27 de febrero de 1997, 1998, 1999 y 2000), publicados en La Modernización de la República Dominicana: Memorias de una Gestión 1996-2000; Natalia Ulloa Cáceres, La vivienda social en Santo Domingo (tesis doctoral, Universidad Politécnica de Valencia, 2013); Evelyn Vanessa González Mueses, Sobre la vivienda social dominicana en el siglo XX. Caso de Santo Domingo (TFM, MAAPUD 5, Universidad Politécnica de Valencia, 2014).
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