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RD llevó el sargazo a la ONU, y la ONU le dio la razón

Un año después de que el país llevara el problema a Naciones Unidas, el informe oceánico más completo jamás escrito lo confirma: el sargazo no nace aquí, pero aquí se paga la factura

SANTO DOMINGO. – «Fortalecimiento de la respuesta mundial ante la afluencia masiva de floraciones de sargazo» fue el nombre de la propuesta de resolución llevada por la República Dominicana, con el copatrocinio de Barbados y Jamaica, a la Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente (UNEA-7), organismo que la aprobó el 11 de diciembre de 2025, en Nairobi.

Esta resolución estaba dedicada por completo al sargazo y fue la primera vez en la historia que se aprobó una resolución de este tipo.

La Cancillería dominicana anunció el logro días después, y la jefa de la delegación negociadora, Claudia Taboada, ministra consejera en la Misión Permanente ante Naciones Unidas en Ginebra, lo describió como resultado de años de trabajo diplomático dedicados a visibilizar un problema que el país no genera, pero que recibe con una intensidad creciente.

Seis meses después de esa votación, la evaluación científica más completa jamás realizada sobre el estado de los océanos, el WOA III de Naciones Unidas, terminó por darle la razón a la apuesta dominicana con datos concretos.

Y, en paralelo, los números de este mismo año muestran que la urgencia diplomática no era retórica: la temporada de sargazo de 2026 ya es la más severa jamás registrada en la región.

Contaminación y cambio climático

El respaldo llega desde el subcapítulo dedicado al Mar de los Sargazos, en el WOA III, que confirma que las floraciones que inundan playas en latitudes cada vez más al sur, es decir, el fenómeno que golpea al Caribe, se atribuyen a aportes antropogénicos de nutrientes al sistema oceánico.

El documento vincula esas floraciones, de forma específica, con las descargas de los ríos Orinoco y Amazonas y con el cambio climático de origen humano, y aclara un matiz que rara vez llega a la conversación pública: el sargazo que llega a las costas del Caribe no es, en términos genéticos, el mismo que da nombre al propio Mar de los Sargazos.

Predomina allí una variante distinta, identificada como S. natans VIII, que forma comunidades biológicas menos diversas que las del mar que le da origen al nombre.

El subcapítulo dedicado a las macroalgas en general, dentro del bloque de biodiversidad del mismo informe calcula que el llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico contiene más de 20 millones de toneladas de sargazo flotante, distribuidas desde África Occidental hasta el Golfo de México.

Ese mismo subcapítulo, coordinado por la investigadora Elizabeth Cottier-Cook, junto a un equipo de catorce especialistas, documenta que el aumento de macroalgas sobre los arrecifes del Caribe mexicano y la proliferación de sargazo pelágico más allá de su zona de origen, ya están registrados en la literatura científica revisada por pares.

Evidencia por toneladas

Mientras la ONU documentaba el respaldo científico a la resolución dominicana, el fenómeno se aceleraba en tiempo real. Según datos del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de la Florida (USF), reportados por la agencia EFE, entre enero y el 30 de junio de 2026 se acumularon cerca de nueve millones de toneladas métricas de sargazo en las costas de República Dominicana y Puerto Rico, la cifra más alta registrada para ese período desde que existe monitoreo satelital sistemático del fenómeno.

El volumen supera los 8.3 millones de toneladas del mismo semestre de 2025 y multiplica por más de siete el registro de apenas 1.2 millones de toneladas en 2024.

La propia USF había advertido de la magnitud de la temporada semanas en su boletín del 31 de mayo de 2026, cuando reportó 28.9 millones de toneladas métricas de sargazo en el Atlántico centro-occidental, 13.8 millones en el mar Caribe y 6.6 millones en el golfo de México, niveles sin precedentes para ese mes en la mayoría de las áreas monitoreadas.

Los propios investigadores atribuyen el incremento a un proceso llamado mezcla vertical, mediante el cual aguas profundas ricas en nutrientes ascienden a la superficie por efecto de vientos y corrientes marinas, en combinación con temperaturas más cálidas y mayor exposición solar.

La ONU investiga, el Estado gasta

La resolución de diciembre encomendó a la directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) elaborar un informe integral sobre las iniciativas existentes contra el sargazo y convocar una reunión de alto nivel para fortalecer la cooperación internacional, pero ese proceso multilateral toma tiempo.

Mientras tanto, el impacto se administra puertas adentro: el Ministerio de Turismo mantiene disponibles unos US$9 millones para financiar iniciativas contra el sargazo en los principales polos turísticos del país, aunque el ministro David Collado ha condicionado su uso a que exista una solución técnicamente validada, pues gastar esos recursos sin una respuesta probada, advirtió, sería una decisión irresponsable.

En paralelo, el propio Ministerio entregó treinta camiones, seis tractores y seis barredoras a alcaldías y juntas distritales de zonas costeras, con una inversión de RD$128 millones, entre los municipios beneficiados figuran Boca Chica, Haina, San Pedro de Macorís y Laguna de Nisibón, entre otros puntos de actividad turística.

Convertir un problema en oportunidad

Si la diplomacia dominicana apuesta a que la comunidad internacional investigue el origen del fenómeno, la ciencia dominicana ya trabaja en qué hacer con la macroalga que de todos modos sigue llegando.

El Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), a través de su Grupo Interdisciplinario de Investigación de Sargazo, mantiene dos líneas de trabajo simultáneas. La primera, desarrollada junto a la Asociación Banelino y publicada este año, evaluó el uso del sargazo como biofertilizante en cultivos de tomate, y encontró que elementos de preocupación como arsénico, cadmio y plomo se mantuvieron por debajo de los límites de cuantificación en los frutos cosechados, aunque el propio equipo recomendó estudios de campo de mayor duración antes de extender la práctica a otros cultivos o condiciones agrícolas.

La segunda línea, más reciente, logró extraer alginato del sargazo que llega a las costas dominicanas. La investigación nació como tesis de grado de Cristal Richiez, estudiante de la Licenciatura en Biotecnología, bajo la asesoría del profesor Yaset Rodríguez Rodríguez, y alcanzó un rendimiento del 16% de este biopolímero, una cifra que se ubica dentro del rango que reporta la literatura internacional, de entre 8% y 30%.

El alginato tiene aplicaciones en las industrias alimentaria, farmacéutica, cosmética y agrícola por sus propiedades gelificantes y espesantes, y su extracción exitosa abre una vía de aprovechamiento industrial para una macroalga que, hasta ahora, el país ha tratado sobre todo como un problema de recolección y disposición final.

Lo que queda pendiente

Quedan, todavía, dos procesos corriendo en paralelo y a distintas velocidades. Por un lado, el informe integral que el PNUMA debe elaborar por mandato de la resolución dominicana, y la reunión de alto nivel que debería convocar para discutirlo, sin fecha pública conocida hasta ahora.

Por el otro, una temporada de sargazo que, según la propia USF, ya bate récords sobre récords cada año desde 2024, y una ciencia dominicana que, sin esperar por Nairobi ni por Nueva York, ya busca convertir la macroalga en materia prima.

Entre los dos ritmos, el diplomático y el científico, se juega buena parte de si República Dominicana logra pasar de gestionar una crisis recurrente a convertirla, como plantea el propio Intec, en una oportunidad de bioeconomía circular.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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