Una investigación académica dominicana recoge el programa más ambicioso de vivienda social ejecutado por un gobierno en la historia del siglo XX en Santo Domingo: multifamiliares de cuatro niveles, urbanizaciones para clase media y conjuntos mixtos que cambiaron la silueta de la ciudad
SANTO DOMINGO. – Durante sus doce años de gobierno ininterrumpido, entre 1966 y 1978, el doctor Joaquín Balaguer promovió al menos 31 proyectos habitacionales identificados en Santo Domingo, entre urbanizaciones para la clase media, conjuntos multifamiliares de interés social y desarrollos mixtos con uso comercial, de oficinas y residencial.
Así lo documenta la arquitecta Evelyn Vanessa González Mueses en su tesis de maestría Sobre la vivienda social dominicana en el siglo XX: Caso de Santo Domingo.
El programa fue, según la autora, sin precedentes en la historia del país. El gobierno asumió el sector construcción como línea de inversión prioritaria de su política económica y puso en ejecución obras públicas que incluyeron, además de viviendas de interés social, edificios gubernamentales, equipamiento cultural, de salud y deportes.
Fue también la época en que nació la arquitectura moderna dominicana y surgieron los primeros proyectos habitacionales de promoción pública a gran escala.
Los proyectos
González Mueses clasifica la producción habitacional del período en dos grandes categorías: los proyectos en zonas degradadas, orientados formalmente a sectores de bajos ingresos, y las urbanizaciones para clase media impulsadas con el respaldo del sistema financiero creado desde inicios de la década de los sesenta.
En la primera categoría, la autora identifica como prioritarios los conjuntos citados en un reportaje anterior, como Matahambre, Guachupita, Plaza Trinitaria, Honduras (también llamado General Antonio Duvergé), Barrio Simónico, Anacaona, Los Tres Brazos, 27 de Febrero, Félix María Ruiz, el Conjunto Shell CONALCO (1970) y el conjunto habitacional contiguo al Hotel El Embajador (1976), conformado por varias torres de viviendas. Estos conjuntos se construyeron predominantemente como bloques multifamiliares de cuatro niveles.
En la segunda categoría, el texto registra las urbanizaciones Los Jardines, El Millón (o Los Millones), Los Maestros en Mirador Norte, Los Ríos, Las Caobas, Alma Rosa, Villa Carmen, Las Palmas de Herrera, Mirador Sur, Villa Duarte, Los Jardines del Sur, Costa Brava, Cacique, Coplan, Miramar, Ensanche Naco, Piantini, Evaristo Morales, Julieta, Fernández y Arroyo Hondo.
Tipología y diseño
El arquitecto Erwin Cott, citado en la tesis, describió los multifamiliares de Balaguer como edificios de cuatro niveles construidos con una visión totalmente nueva respecto de lo que se había hecho hasta ese momento en la República Dominicana.
El arquitecto Rafael Tomás Hernández y el ingeniero José Miguel Mondesí fueron los responsables de diseñarlos, introduciendo según la autora una nueva tipología dentro del tejido urbano.
La investigación de González Mueses, apoyada en planos elaborados por la arquitecta Natalia Ulloa Cáceres, precisa las características de las unidades habitacionales en algunos de estos conjuntos.
El proyecto Honduras (General Antonio Duvergé), referente tipológico desde 1966, tenía unidades de 78 metros cuadrados, organizadas en planta en cruz con cuatro viviendas por nivel y tres alturas; el área total por bloque alcanzaba 1,330 metros cuadrados y la densidad era de 63 viviendas por hectárea.
Las Palmas de Herrera y Mirador Sur registran unidades de 60 y 155 metros cuadrados respectivamente. Villa Duarte, también de 1966, presenta unidades de 72 metros cuadrados. Los Jardines del Sur, igualmente de ese año, llegaba a 110 metros cuadrados. Las Caobas, documentadas hacia 1977-1978 dentro del mismo período, registra unidades de 60 metros cuadrados.
El edificio mixto de la avenida 27 de Febrero representaba un modelo de mayor complejidad: cinco pisos con comercios en la primera planta, oficinas en la segunda, y viviendas en la tercera, cuarta y quinta. Según la Fundación Joaquín Balaguer, citada en la tesis, ese edificio constituyó un patrón para las obras urbanas del período.
A partir de mediados de la década de los setenta surgieron nuevas tipologías multifamiliares, como los edificios de apartamentos del entorno del Hotel El Embajador en 1976, según registra Ulloa Cáceres en otra investigación citada por la autora.
Lógica territorial

Barrio La Fuente, en la cabecera occidental del puente Duarte. Fuente: Libro Vivienda y Renovación Urbana en la República Dominicana.
González Mueses describe el principio urbanístico rector del programa: la tipología de cada proyecto estaba determinada por su ubicación en la trama urbana.
En los sectores más céntricos y de mayor concentración poblacional predominaban los bloques multifamiliares de varios niveles; conforme los proyectos se alejaban hacia la periferia, la altura disminuía hasta convertirse en viviendas unifamiliares o dúplex de un nivel.
En general, eran nuevas urbanizaciones que se fueron conectando para conformar la red urbana que es hoy Santo Domingo.
El gobierno realizó también intervenciones en zonas marginadas específicas: Loma de Chivo, a la entrada del puente Duarte; la avenida Francisco del Rosario Sánchez; Los Tres Brazos; y Katanga. Para ejecutar algunos de estos proyectos, según documenta la autora con fuentes de la época, el gobierno desalojó a un número de familias que fueron asentadas en Los Alcarrizos, comunidad que comenzó a crecer vertiginosamente a partir de ese traslado forzado.
La inversión privada, canalizada por los sistemas financieros creados desde inicios de los sesenta, acompañó el programa estatal. Las decisiones de localización de esa inversión estaban en manos de las instituciones financieras, lo que concentró el crédito en la clase media y alta y agudizó la segregación social de la ciudad, según apunta la autora citando a Llamazares, Mejía Ricart y Delgado (1990).
Una escuela, pero con sesgo político
González Mueses recoge una valoración histórica de doble filo. Los proyectos de vivienda de Balaguer fueron, en palabras que circulan en el sector, una orientación y una escuela: los primeros multifamiliares orientaron al sector privado hacia ese tipo de construcción de tres o cuatro pisos.
Por otro lado, la autora documenta una crítica estructural del programa: dado que en ese período no había suficientes obreros calificados, los apartamentos se otorgaban predominantemente a personas con relaciones políticas.
Las viviendas sociales no llegaban necesariamente a los sectores vulnerables, sino que eran utilizadas como prebendas políticas de un determinado momento, en palabras del arquitecto Cott recogidas en la investigación.
La fuente
El trabajo de González Mueses es una tesis de maestría académica y no un catálogo oficial de obras. La autora trabaja a partir de fuentes secundarias especializadas, entre ellas el libro Joaquín Balaguer: El Estadista de la Construcción y el Urbanismo (Fundación Joaquín Balaguer, 2008), el libro Vivienda y Renovación Urbana en la República Dominicana, y la tesis de Diana María Germán La acción habitacional del Estado durante el período de Balaguer (1966-1978).
Los datos de área y tipología de las unidades habitacionales provienen de los planos elaborados por la arquitecta Natalia Ulloa Cáceres, incorporados por González Mueses como material de referencia. El texto no registra, en la mayoría de los casos, la cantidad total de unidades construidas por proyecto ni los costos de ejecución.
Serie: Historia de la vivienda social en República Dominicana. (Capitulo X).
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