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San Zenón: el huracán que le dio a Trujillo el poder de decidir quién merecía un techo

Esta es la primera entrega de una serie que rastrea la historia de la vivienda social en la República Dominicana desde los escombros del ciclón San Zenón hasta nuestros días. El punto de partida no es una política pública ni un decreto de planificación urbana: es una catástrofe, y la pregunta de quién se reconstruyó primero

SANTO DOMINGO. – El 16 de agosto de 1930, Rafael Leónidas Trujillo asumió la presidencia de la República Dominicana tras unas elecciones precedidas de violencia política, y el 3 de septiembre el ciclón San Zenón arrasó Santo Domingo, una ciudad que, según Frank Moya Pons en Historia General del Pueblo Dominicano, tenía aproximadamente 50,000 habitantes en ese momento.

La ciudad quedó en ruinas casi totales: 4,000 muertos y 19,000 heridos. El investigador Marcos Prados Martín, en «From bohíos to social housing» (Culture & History Digital Journal, 2025), señala que las zonas de expansión surgidas en la década anterior fueron completamente destruidas, y que solo la ciudad colonial resistió el embate.

La causa principal, según el mismo autor, fue la fragilidad estructural de las viviendas de madera con techos de zinc que predominaban en los barrios más pobres, aunque el uso generalizado de técnicas deficientes en concreto también provocó numerosos colapsos.

Trujillo respondió desde la Fortaleza Ozama con una cadena de decretos que, según el libro oficial “La Nueva Patria Dominicana” (Presidencia de la República, 1935), comenzaron apenas 48 horas después del ciclón, el 5 de septiembre.

En los decretos 8, 9, 10 y 11, constituyó la Cruz Roja, presidida por el gobernante; formó comisiones de valorización de pérdidas integradas por la élite comercial y militar; prohibió vender provisiones por encima del precio de costo, con la Corte Marcial como sanción y organizó cocinas ambulantes y limpieza de la capital.

Mediante el Decreto Nº 24, del 9 de septiembre, congeló los precios de materiales de construcción y jornales en todo el territorio nacional.

El 20 de septiembre, diecisiete días después de la catástrofe, Trujillo envió un cablegrama garantizando el pago de la deuda externa sin moratoria, según documenta el mismo libro oficial, una señal de que el nuevo gobierno era confiable para los acreedores internacionales.

Prados Martín confirma que la campaña propagandística del régimen resultó eficaz para obtener crédito para la reconstrucción y para establecer un vínculo simbólico entre la restauración de Santo Domingo y el proyecto de reconstrucción nacional.

En noviembre de 1935, cinco años exactos después del huracán, el régimen publicó “La Nueva Patria Dominicana”, editado por Emilio Espínola, Subsecretario de Estado de la Presidencia, y Ramón Emilio Jiménez, Secretario de Educación.

El libro, conservado en el Archivo General de la Nación, presenta en imágenes y texto la «obra reconstructiva» del dictador y en su Recapitulación final, fechada el 14 de noviembre de 1935, afirma que «la obra de la reconstrucción ha sido una obra de gigante, irrealizable para un gobernante que no disponga de la extraordinaria cantidad de energía de que dispone el ilustre mandatario».

En su intención declarada, el libro es un balance quinquenal del régimen. En su contenido, es también un inventario de quiénes se beneficiaron y quiénes no.

Anonimato en la destrucción

“La Nueva Patria Dominicana” organiza su contenido fotográfico en dos bloques que el libro presenta como complementarios: la destrucción causada por el ciclón y la reconstrucción protagonizada por Trujillo.

Pero una lectura minuciosa de los pies de foto revela una asimetría que el libro no comenta. Las imágenes de destrucción documentan el barrio de Ciudad Nueva en dos páginas de escombros de madera, zinc y mampostería derruida, sin un solo nombre propio.

Los funerales colectivos en la Plaza Colombina, hoy Parque Eugenio María de Hostos, la romería un año después, los efectos del huracán en torno al Faro: todos anónimos.

¿Quiénes se beneficiaron de la reconstrucción?

A partir de la página 70, en cambio, el mismo libro dedica más de doce páginas a residencias privadas reconstruidas, cada una identificada con nombre y apellido de sus propietarios. El Mayor General José García, secretario de Estado de Interior, Policía, Guerra y Marina, aparece en su «aristocrática residencia» en Gazcue (p. 71).

El teniente coronel Manuel E. Castillo, del Ejército Nacional, en su «elegante residencia» también en Gazcue, fotografiada con la bandera dominicana ondeando (p. 73). El Doctor Jacinto B. Peynado, vicepresidente de la República, en su «hermosa mansión residencial» en la Avenida Pasteur (p. 75), el Mayor J. Arismendy Trujillo, hermano del dictador, en su «bella mansión» en San Carlos Land, carretera Duarte (p. 80).

La lista incluye además al Mayor Frank Félix en Gazcue (p. 70), Virgilio Pimentel en la calle Doctor Báez (p. 72), Miguel Ángel Recio en la calle Doctor Delgado (p. 72), Manuel Alfaro Reyes en la Avenida Pasteur (p. 74), Ernesto Freites y Arsenio Freites en la Avenida Independencia (p. 76), Marcos Guerrero en la Avenida Pasteur (p. 78), Pedro Freites en la Avenida Independencia (p. 80) y René M. de Lepervanche en la Avenida Bolívar (p. 82).

Ninguna de estas propiedades es identificada como vivienda de interés social ni como beneficiaria de ayuda estatal para la reconstrucción.

La Recapitulación final del libro menciona los barrios intervenidos: Gascue, «hoy elegantemente modernizado»; Villa Francisca, dotada de la nueva avenida «José Trujillo Valdez», hoy avenida Duarte, nombre del padre del dictador; Ciudad Nueva y San Carlos, descritos como «populosos ensanches que rivalizan con los mejores de la República».

El contraste entre los barrios nombrados en la destrucción y los nombrados en la reconstrucción define, sin proponérselo, la geografía del privilegio en la Santo Domingo de 1935.

Prados Martín señala que el proceso de modernización vino acompañado de prejuicios profundos hacia la arquitectura popular. En registros internos de la Secretaría de Salud Pública y Asistencia Social de 1941, citados por el mismo autor, se documentó la «eliminación de obstáculos y peligros» identificados por el subsecretario de Estado durante un «viaje en automóvil por las calles de la ciudad».

La decisión de demoler o conservar no dependía de criterios técnicos, sino del recorrido y los prejuicios de un funcionario.

Fuentes consultadas:

Espínola, Emilio y Jiménez, R. Emilio (eds.). La Nueva Patria Dominicana – Suplemento. Santo Domingo: Presidencia de la República, 1935. Archivo General de la Nación.

Prados Martín, Marcos. «From bohíos to social housing: authoritarian modernization and urban transformation in Ciudad Trujillo, Dominican Republic (1930-1961)» (Del bohío a la vivienda social: modernización autoritaria y transformación urbana en Ciudad Trujillo, República Dominicana 1930-1961). Culture & History Digital Journal, vol. 14, núm. 2, 2025. DOI: 10.3989/chdj.2025.418.

Moya Pons, Frank. Historia General del Pueblo Dominicano. Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia, 2007.

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Serie: Historia de la vivienda social en República Dominicana. Capítulo I.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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