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José Arias

El Inmobiliario

El barrio de San Miguel, uno de los más  antiguos de la ciudad de Santo Domingo, forma parte de la red de sectores ubicados al norte de la Ciudad Colonial: El Polvorín, San Lázaro, San Miguel, San Antón y Santa Bárbara.

Algunas de las viviendas de San Miguel corresponden a la época colonial con sus patios interiores con aljibes en el centro para la provisión de agua. Fueron diseñadas y  construidas  a base de piedras calizas extraídas de las minas de Santa Bárbara, cal  y arcilla con la finalidad de que resistieran el asedio de los cañones de los barcos piratas que asolaban la región del Caribe.

Las casas de San Miguel se construyeron a base de rocas para resistir a los piratas. Justo Feliz/El Inmobiliario.

Luego, a  principios del siglo XX se empezaron a construir las casas de madera unifamiliares con patio al fondo  para la siembra de árboles frutales.

Estas viviendas rodeaban el parque María Trinidad Sánchez que todavía existe, justamente frente a la Iglesia San Miguel Arcángel, patrono del barrio y centro de devoción al general de los Ejércitos Celestiales, San Miguel o Belié Belcán, en el marco del sincretismo religioso y popular de la República Dominicana.

Las casitas de madera fueron derrumbadas sin piedad por el ciclón San Zenón de 1930, sin embargo, a raíz de la ascensión  al poder del dictador Rafael Trujillo Molina, la madera fue sustituida por el cemento dando lugar al estilo republicano en la mayoría de las viviendas.

Vistosas y alegres las viviendas republicanas a mitad del siglo XX. Justo Feliz/El Inmobiliario.

San Miguel ¡Llévate lo malo!

Cada 29 de septiembre se celebra la fiesta de San Miguel en el pequeño pero intenso sector capitaleño. Es el día en que los devotos a Belié Belcán se visten con atuendos de colores rojo y verde (falda y pantalón).

También  con sus pañuelos anudados al cuello, fumando tabaco y un gran consumo de bebidas alcohólicas.

Los migueletes (así se les llama a los oriundos del barrio) bailan con fervor al ritmo de palos y salves.

Los fieles migueletes acuden a su general para “el pago de deudas o por la curación de enfermedades”. Varios apodos tiene el único que derrota a Lucifer con su espada triunfal: “el chiquito y jodón”, “tumba tó ” y “nació barón”.

De acuerdo con el fenecido historiador  y destacado miguelete, Miguel Antonio Ramírez Obilongo,  este espacio religioso fue mandado a construir por el Tesorero Real de la Colonia, Don Miguel de Pasamonte. En el año 1740 se reedifica el templo con materiales sólidos.

Destruida la edificación por un terremoto en el 1751, fue enteramente reconstruida en el 1765 más amplia y fuerte, como es actualmente.

El llamado Código Negro Carolino, del 1796, dispuso que la Iglesia de San Miguel, fuera el local de todas las cofradías negras. La iglesia es una sencilla solución de nave única, levantada directamente sobre los límites de la vía pública y muy cerca de la muralla norte de la ciudad, colindante con el barrio de los canteros, de Santa Bárbara.

Los devotos de San Miguel fuman tabaco y visten de rojo y verde. Justo Feliz/El Inmobiliario.

La nave está cubierta por una bóveda de cañón corrido de sección de medio punto rebajado. Consta de tres tramos, divididos por arcos de descarga, sostenidos por contrafuertes que se aprecian al exterior de las fachadas norte y sur.

Actualmente el proyecto de restauración y embellecimiento de la alianza entre el Ministerio de Turismo y el financiamiento del Banco Interamericano de desarrollo (BID) interviene no solo la Iglesia de San Miguel sino también la mayoría de las edificaciones coloniales y templos religiosos.

El barrio posee asimismo la Primera Iglesia Evangélica Dominicana, que fue erigida en el 1922, efectuando su primera asamblea constitutiva en la ciudad de San Pedro de Macorís. La misma surgió de un proyecto mancomunado de tres misiones norteamericanas: Metodista, Presbiteriana y Hermanos Unidos.

Salvemos las casas de San Miguel y su entorno, un legado histórico de nuestros primeros espacios urbanos, tan relevante como cualquier barrio de Europa.

Publicado originalmente en El Inmobiliario impreso.