El ingeniero sanitario Raymond Martínez advierte que el crecimiento inmobiliario ha elevado las descargas de aguas residuales sin que los colectores y las plantas de tratamiento amplíen su capacidad al mismo ritmo
SANTO DOMINGO.- En 2024, el 24.70% de las viviendas dominicanas tenía el inodoro conectado al sistema de alcantarillado, mientras que el 75.30% utilizaba pozo séptico, según el Anuario de Estadísticas Ambientales 2025 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), con datos de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT).
La proporción de hogares conectados a la red apenas varió respecto a 2016, cuando alcanzaba el 24.93%. Durante los nueve años de la serie, el indicador osciló entre el 23.84%, registrado en 2017, y el 26.37%, correspondiente a 2019.
Sin embargo, la cobertura de los servicios sanitarios mostró avances importantes, especialmente en las zonas urbanas. De acuerdo con el mismo anuario, los hogares urbanos con inodoro de uso privado pasaron del 83.88% en 2016 al 93.01% en 2024. En el ámbito rural, la proporción aumentó del 52.78% al 77.58%, mientras que el uso de letrinas privadas descendió del 35.14% al 13.92%.
Estas cifras reflejan una diferencia entre la disponibilidad de instalaciones sanitarias dentro de las viviendas y su conexión a una red colectiva para gestionar las aguas residuales. No obstante, las estadísticas no detallan las causas de ese comportamiento.
No se ha expandido al ritmo de la construcción
Para Raymond Martínez, ingeniero sanitario y presidente de Sistemas Hidrosanitarios & Asesoría Ambiental SRL (SIHISA), una de las razones que contribuyen a explicar este desfase es que la infraestructura sanitaria no se ha expandido al ritmo de la construcción de nuevos proyectos inmobiliarios.

El desarrollo inmobiliario aumenta las descargas
Martínez señaló que en ciudades como el Gran Santo Domingo y Santiago, donde la actividad constructiva ha experimentado un crecimiento considerable, las redes de alcantarillado sanitario continúan prácticamente sin cambios frente a las nuevas exigencias.
Como ejemplo, citó el sector de Gazcue, en el Distrito Nacional, donde, según explicó, existen tuberías de alcantarillado con alrededor de 100 años de antigüedad, pese a que durante ese período se han levantado nuevas torres residenciales y aumentado las descargas de aguas residuales.
A juicio del especialista, esta situación responde, en parte, a la limitada inversión estatal en soluciones de saneamiento. Además, advirtió que la capacidad del sistema no puede evaluarse únicamente por la extensión de las tuberías, sino también por la disponibilidad de instalaciones para procesar los líquidos recolectados.
En ese sentido, distinguió entre los colectores, que captan y transportan las aguas residuales, y las plantas de tratamiento, donde estas reciben el procesamiento necesario antes de su disposición final.
“Una cosa es ampliar la capacidad de recogida de los colectores y otra cosa es construir plantas de tratamiento de aguas residuales para tratar las aguas residuales”, explicó.
Por tanto, el incremento de las viviendas equipadas con inodoros supone también una mayor generación de efluentes domésticos. Sin embargo, según el ingeniero, esa demanda adicional no ha estado acompañada de una ampliación equivalente de las redes de recolección y de la capacidad para tratar los desechos líquidos.
Pozos sépticos y riesgos para las aguas subterráneas
Ante la limitada cobertura del alcantarillado, los sistemas individuales de disposición de aguas residuales mantienen un papel importante en los hogares dominicanos. Su funcionamiento, sin embargo, plantea consideraciones ambientales que deben analizarse según las condiciones de cada localidad.
Martínez explicó que los sistemas sépticos pueden estar compuestos por una o dos cámaras y complementarse con pozos filtrantes, estructuras que permiten la infiltración de líquidos en el subsuelo.
En las zonas donde no existe una red sanitaria y se recurre a estos mecanismos, advirtió, puede producirse contaminación de las aguas subterráneas. No obstante, aclaró que la magnitud del riesgo depende de las características del terreno y de las condiciones técnicas en que se construyen y operan dichas instalaciones.
Por esta razón, el manejo de los efluentes mediante pozos filtrantes constituye un aspecto que requiere atención ambiental, especialmente por su posible incidencia en los acuíferos, que representan una fuente de agua subterránea.
De ahí la importancia de considerar no solo la disponibilidad de inodoros y otras instalaciones dentro de los hogares, sino también el destino de los líquidos generados y las condiciones en que son eliminados.

( Fuente externa).
El gasto ambiental destinado a aguas residuales disminuyó
A este panorama se suma la reducción del gasto público registrado en la categoría de ordenación de aguas residuales, drenaje y alcantarillado.
Según el Boletín de Estadísticas Ambientales No. 10 de la ONE, los recursos contabilizados en ese renglón pasaron de RD$7.72 millones en 2023 a RD$2.54 millones en 2024, lo que representa una caída del 67.09%.
A partir de esas cifras, los cálculos indican que el monto correspondiente a 2024 equivalió aproximadamente al 0.03% del gasto ambiental total de ese año, que ascendió a RD$8,620.59 millones.
Sin embargo, el boletín no identifica las obras ni las instituciones comprendidas en esa categoría presupuestaria. Tampoco el cuadro del anuario desglosa la conexión al alcantarillado entre las zonas urbanas y rurales ni precisa la base de cálculo del porcentaje publicado.
En consecuencia, los indicadores permiten constatar que la proporción de viviendas conectadas a la red sanitaria se ha mantenido prácticamente estable, pese al aumento de los hogares con inodoros de uso privado. Asimismo, los registros oficiales muestran una disminución de los recursos contabilizados en el renglón de aguas residuales, drenaje y alcantarillado.
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