En tres décadas, las noches extremadamente cálidas se multiplicaron por seis y, de mantenerse la tendencia, el calor dejará de ser un fenómeno estacional para convertirse en una condición permanente
SANTO DOMINGO.– El problema ya no es únicamente que los días sean más calurosos. Lo que más preocupa a los científicos es que Santo Domingo ha comenzado a perder la capacidad de enfriarse durante la noche, un cambio silencioso que, según especialistas, representa una de las señales más claras del avance de la denominada «isla de calor urbano».
Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) titulado »Hábitat, Vivienda y Construcción 4.0» concluye que, si continúa el ritmo actual de calentamiento registrado durante los últimos 30 años, la sensación térmica promedio de la capital podría alcanzar los 46.9 grados Celsius en 2035, mientras las noches tropicales superarían las 200 al año, dejando de ser episodios aislados para convertirse en parte de la normalidad climática de la ciudad.
La investigación, elaborada por la doctora Gilkauris Rojas Cortorreal y el arquitecto Julio Peña, ambos investigadores de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la UNPHU, sostiene que el fenómeno ya está ocurriendo y que las proyecciones son el resultado de una tendencia comprobable, no de escenarios hipotéticos.
Una ciudad que cada año retiene más calor
De acuerdo con el análisis, la temperatura máxima promedio en Santo Domingo aumentó 1.4 grados Celsius entre 1995 y 2025. Sin embargo, el incremento más acelerado ocurrió durante las noches, cuando la temperatura mínima subió 1.9 grados, un comportamiento que preocupa especialmente a los climatólogos.
Según los investigadores, este patrón evidencia que la ciudad está acumulando calor durante el día y ya no logra liberarlo cuando cae la noche, afectando el descanso de la población y elevando los riesgos para la salud.
«La temperatura nocturna está creciendo más rápido que la diurna, una característica típica de las grandes ciudades donde el desarrollo urbano modifica el comportamiento natural del clima», señala el estudio.
El dato que más preocupa: las noches cálidas se multiplicaron por seis
Uno de los hallazgos más significativos del informe es el crecimiento de las llamadas noches tropicales, aquellas en las que la temperatura nunca desciende de los 25 grados Celsius.
En 1995, Santo Domingo registró apenas 26 noches bajo estas condiciones. Para 2023, esa cifra había ascendido a 167, lo que representa un incremento superior al 540 % en menos de tres décadas.
De mantenerse esa tendencia, la investigación proyecta que en 2035 la ciudad podría experimentar más de 200 noches tropicales cada año, reduciendo considerablemente los períodos de recuperación térmica para las personas.
Más de 11 mil registros respaldan las conclusiones
Los investigadores explican que las conclusiones provienen del análisis de 11,084 registros meteorológicos diarios recopilados durante un período continuo de 30 años.
La información utilizada corresponde a la Estación Central del Instituto Dominicano de Meteorología (INDOMET) y al Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC), dos de las principales fuentes oficiales de monitoreo climático del país.
Según la UNPHU, el estudio no busca plantear escenarios alarmistas, sino mostrar, mediante evidencia científica, cómo ha evolucionado el clima urbano de Santo Domingo y cuáles podrían ser las consecuencias si el crecimiento de la ciudad continúa sin incorporar medidas de adaptación.
El efecto de reemplazar árboles por concreto
El informe identifica como uno de los principales factores el fenómeno conocido como isla de calor urbano, que ocurre cuando las superficies naturales son sustituidas por materiales que absorben y almacenan calor.
Los investigadores explican que la expansión del concreto, el asfalto y las edificaciones, junto con la disminución de áreas verdes y suelos permeables, ha reducido la capacidad de la ciudad para disipar la temperatura acumulada durante el día.
Como consecuencia, también se ha reducido el llamado rango térmico diurno, la diferencia entre la temperatura máxima y la mínima de una jornada, que pasó de aproximadamente 9.2 grados Celsius en 1995 a 7.8 grados en 2025.
Para los especialistas, este comportamiento confirma que la capital dominicana se está calentando de manera sostenida.
Un año entero bajo alerta por calor
El estudio identifica a 2023 como el año más extremo de toda la serie analizada.
Durante ese período, el índice de calor, que combina temperatura y humedad para reflejar la sensación térmica real sobre el cuerpo humano, superó los niveles considerados de peligro o peligro extremo durante 325 de los 364 días con registros disponibles.
Esto significa que el 89 % del año presentó condiciones que el Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos (NWS) clasifica como potencialmente peligrosas para la salud.
Los restantes 39 días permanecieron bajo la categoría de precaución extrema, mientras que solo un día alcanzó el nivel de precaución simple. El estudio destaca que no hubo un solo día sin algún grado de alerta térmica.
Un desafío para la planificación urbana
Más allá del impacto climático, los investigadores consideran que los resultados representan una advertencia para la planificación de Santo Domingo.
A juicio de los autores, el comportamiento observado plantea la necesidad de fortalecer las áreas verdes, proteger los espacios naturales existentes e incorporar criterios de resiliencia climática en el desarrollo urbano para reducir la acumulación de calor y mejorar la calidad de vida de la población.
«La información ya existe y ha sido registrada durante tres décadas. El reto ahora es convertir esos datos en decisiones que permitan preparar a la ciudad frente a un fenómeno que ya está ocurriendo», concluye el estudio.
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