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La demanda de detener la improvisación y el “enganche”, se hace urgente en el sistema. Con la regulación se frenaría el ingreso desproporcionado de “corredores”, que representan una amenaza para las inversiones de familias, parejas y personas, que ponen sus ahorros en manos inexpertas, a la hora de adquirir una vivienda o una propiedad.

Como sostén importante de la economía, la industria inmobiliaria plantea múltiples oportunidades para ganar dinero. No es casual que cuando se habla del sector, por lo general, la reacción colectiva es que “ahí se gana dinero”, como si se tratara de una expresión mágica que no conlleva mayores esfuerzos.

El renglón construcción crece y lo avalan los indicadores de los organismos oficiales, que lo sitúan como el segmento de mayor crecimiento en los primeros siete meses del presente año. Esas buenas noticias deben ir acompañadas de la reacción de los actores que inciden en el mismo.

Un soporte fundamental de este segmento lo representan los agentes inmobiliarios, que fungen como intermediarios entre clientes y constructores y sin los cuales no sería posible el éxito del mismo. Por eso a la par con el crecimiento se hace necesario la normatización  de ese importante eslabón.

La demanda de detener la improvisación y el “enganche”, se hace urgente en el sistema. Con la regulación se frenaría el ingreso desproporcionado de “corredores”, que representan una amenaza para las inversiones de familias, parejas y personas, que ponen sus ahorros en manos inexpertas, a la hora de adquirir una vivienda o una propiedad.

Pioneros, afiliados, expertos, todos coinciden en la gran debilidad que representa para el sector la fácil incursión de personas impreparadas. El gobierno, como garante de las políticas públicas, está en la obligación de apoyar el sector privado, que es el que maneja los grandes capitales del sector.

Pero ninguna iniciativa prosperará hasta lograrse mayor unidad en una industria que luce dispersa, cada quien halando para sus intereses, sin gremios fuertes que empujen las decisiones que hacen falta para fortalecer sus bases.

Sabemos de gestiones encaminadas por la Asociación de Empresas y Agencias Inmobiliarias (AEI), quien desarrolla un encomiable papel dentro del sector, pero se necesitan aunar fuerzas para alcanzar las conquistas. La certificación de los agentes inmobiliarios y la creación de un instituto para capacitar los aspirantes, es tarea de anteayer.

Una creciente Diáspora Dominicana, ha hecho crecer las remesas en los últimos tiempos. Muchos tienen la intención de venir a su país a invertir; pero conozco de casos resguardados por temor a ser engañados o a no recibir la asesoría adecuada que asegure su capital; con la medida estaríamos aupando  y protegiendo el importante turismo, pieza clave en la economía dominicana.

Los esfuerzos desplegados ante la reciente creada Ley del Ministerio de la Vivienda, no deben desfallecer y continuar hasta lograr convertir en realidad el anhelo de contar con un sector tan fuerte, como los recursos económicos que maneja.

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