La especie extinta Quemisia gravis llegó a pesar aproximadamente 10 kilogramos. El hallazgo de nuevos fósiles en una cueva inundada de San Pedro de Macorís contribuyó a ampliar el conocimiento sobre la fauna prehistórica del Caribe
SANTO DOMINGO.- Mucho antes de que la fauna de la República Dominicana adquiriera las características que conocemos hoy, la isla de La Española albergó mamíferos que desaparecieron con el paso del tiempo. Entre ellos se encontraba Quemisia gravis, una especie de roedor extinto que alcanzaba un peso aproximado de 10 kilogramos, una dimensión extraordinaria en comparación con la mayoría de los roedores actuales.
Este animal forma parte de la historia paleontológica del Caribe y constituye una muestra de la diversidad de especies que habitaron la isla en épocas pasadas. Además, los restos fósiles encontrados en territorio dominicano han permitido ampliar los conocimientos sobre su anatomía y la fauna que existió antes de la desaparición de numerosas especies.
Un descubrimiento que tardó décadas en ampliarse
El primer registro conocido de Quemisia gravis se remonta a marzo de 1925, cuando el investigador Gerrit Miller encontró restos de una mandíbula en Haití. Sin embargo, durante varias décadas, el conocimiento científico sobre esta especie permaneció limitado debido a la escasez de material fósil disponible.
Posteriormente, el 30 de noviembre de 2019, una expedición del Museo Nacional de Historia Natural de la República Dominicana recuperó una mandíbula completa y una vértebra en una cueva sumergida de la provincia de San Pedro de Macorís.
Este hallazgo representó un aporte importante para el estudio del animal, ya que permitió ampliar la colección de restos conocidos de una especie cuyos huesos son poco frecuentes en el registro fósil.
De esta manera, la recuperación de nuevas piezas contribuyó a fortalecer la investigación sobre los mamíferos extintos que habitaron La Española y a documentar mejor la diversidad biológica del pasado.
¿Cómo era este roedor gigante?
De acuerdo con las estimaciones disponibles, Quemisia gravis pesaba alrededor de 10 kilogramos, una característica que lo distinguía de muchos roedores contemporáneos.
No se trataba de una rata común, sino de un integrante de un grupo de roedores caribeños extintos. Según el Museo Nacional de Historia Natural, su tamaño lo sitúa entre los roedores más grandes registrados para La Española.
A pesar de los avances en su estudio, todavía existen interrogantes sobre su apariencia completa, sus hábitos y las circunstancias que provocaron su desaparición. Aunque los fósiles proporcionan información sobre su anatomía, no permiten determinar con absoluta certeza todos los aspectos de su comportamiento o de su vida cotidiana.
Por ello, cualquier reconstrucción visual del animal debe considerarse una representación científica ilustrativa y no una imagen real de cómo lucía la especie.
Las cuevas sumergidas: archivos naturales del pasado
Además de su importancia geológica, las cuevas inundadas constituyen espacios de gran interés para la investigación paleontológica, debido a que pueden conservar restos de animales durante largos períodos.
En la República Dominicana, estos depósitos han contribuido a documentar diversas especies de mamíferos extintos y a reconstruir parte de los ecosistemas que existieron en la isla antes de la configuración de la biodiversidad actual.
En este contexto, segun el descubrimiento de los restos de Quemisia gravis demuestra el valor científico de explorar estos entornos naturales. Incluso piezas aparentemente pequeñas, como una mandíbula y una vértebra, pueden aportar información relevante sobre animales que desaparecieron hace miles de años.
Asimismo, el estudio de estos materiales ayuda a comprender mejor los cambios experimentados por los ecosistemas insulares y la evolución de la fauna caribeña.
Una historia natural que todavía guarda secretos
El caso de Quemisia gravis pone de manifiesto que la historia natural de la República Dominicana aún conserva numerosos aspectos por investigar. Cada nuevo hallazgo paleontológico puede ofrecer pistas sobre las especies que habitaron el territorio, sus características físicas y los ambientes en los que vivieron.
Por esta razón, las exploraciones científicas en cuevas y otros depósitos fósiles continúan siendo fundamentales para ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad prehistórica de La Española.
En definitiva, los restos de este roedor gigante representan una valiosa ventana al pasado y recuerdan que, mucho antes de la fauna que conocemos hoy, la isla fue hogar de animales sorprendentes cuya historia continúa revelándose a través de la investigación científica.
Lecturas recomendadas:


