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¿Sabías que el Faro a Colón fue diseñado para dibujar una cruz en el cielo?

SANTO DOMINGO.- Hay algo que casi todos los dominicanos han visto alguna vez: la enorme silueta gris del Faro a Colón elevándose sobre Santo Domingo Este.

Muchos lo recuerdan por las visitas escolares, otros por las interminables discusiones sobre si allí realmente descansan los restos de Cristóbal Colón. Y algunos, simplemente, por esas noches en las que una gigantesca cruz de luz parecía dibujarse sobre el cielo de la ciudad.

Pero hay un detalle que suele pasar desapercibido: el monumento completo fue diseñado precisamente para eso, para convertirse en una cruz monumental vista desde las alturas.

Y no fue una casualidad.

Un monumento que quería verse desde el cielo

Aunque el Faro a Colón fue inaugurado en 1992, durante la conmemoración de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, la idea de construir un gran homenaje al navegante tiene mucha más historia.

De acuerdo con los registros históricos que conserva la Red Nacional de Museos de la República Dominicana, el primer planteamiento surgió en 1852, cuando el historiador Antonio Delmonte y Tejada propuso levantar un monumento en honor al descubridor.

Sin embargo, tuvieron que pasar cerca de 140 años para que aquel proyecto pudiera convertirse en realidad.

Cuando finalmente se organizó un concurso internacional de arquitectura, participaron 455 propuestas procedentes de 48 países. El ganador fue un joven arquitecto inglés llamado Joseph Lea Gleave, que apenas tenía 24 años cuando presentó el diseño.

Su idea era sencilla, pero cargada de simbolismo.

La frase de Colón que inspiró toda la obra

Según recoge el portal educativo EducanDo y la propia historia institucional del museo, Gleave tomó como referencia una frase atribuida a Cristóbal Colón:

«Pongan cruces en todos los caminos para que Dios bendiga esta tierra».

Por eso el edificio fue concebido como una inmensa cruz acostada sobre el terreno. Vista desde el aire, la estructura revela una figura casi perfecta, una representación de la evangelización y del encuentro entre Europa y América que el monumento buscaba recordar.

El propio arquitecto llegó a explicar que no pretendía construir un edificio con un estilo pasajero, sino un símbolo capaz de pertenecer «a todos los tiempos», una idea que todavía hoy forma parte de la identidad del Faro.

La cruz de luz que podía verse a kilómetros

Pero el simbolismo no terminaba en la arquitectura.

Según la Red Nacional de Museos, el monumento fue equipado con 156 luminarias y un sistema especial que proyectaba una gigantesca cruz luminosa hacia el cielo nocturno.

Durante sus primeros años, ese haz de luz podía observarse a decenas de kilómetros de distancia y se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de Santo Domingo. La propia institución señala que la proyección podía apreciarse hasta a 64 kilómetros.

Con el paso de los años, el sistema dejó de utilizarse de forma permanente debido al enorme consumo energético que implicaba, por lo que hoy solo se enciende en ocasiones especiales.

Aun así, muchos dominicanos todavía recuerdan aquellas noches en las que parecía que una cruz flotaba sobre la ciudad.

Mucho más que un mausoleo

Existe otra curiosidad que pocas personas conocen.

Aunque popularmente se le llama Faro a Colón, el edificio funciona también como museo. En su interior alberga decenas de salas donde diferentes países exhiben parte de su patrimonio cultural.

El portal de la Zona Colonial explica que actualmente más de cuarenta naciones cuentan con espacios propios, junto a colecciones arqueológicas, exposiciones sobre naufragios históricos y áreas dedicadas a la historia de América.

Además, allí se encuentra el mausoleo que, según las autoridades dominicanas, guarda los restos de Cristóbal Colón, una afirmación que ha sido objeto de debates históricos durante décadas debido a que España sostiene que los restos auténticos permanecen en la Catedral de Sevilla.

Un símbolo que sigue mirando al futuro

Quizá por eso el Faro a Colón nunca ha sido solamente un edificio. Es un monumento construido para ser observado desde arriba, una cruz gigantesca levantada sobre el Caribe y pensada para contar una historia de descubrimiento, fe y encuentro entre culturas.

Y aunque hoy sus potentes luces ya no iluminan el cielo dominicano como antes, la idea con la que fue concebido sigue intacta.

Porque, al final, el Faro a Colón nunca buscó señalar un camino en el mar.

Su verdadera intención fue convertirse, literalmente, en una marca permanente sobre la historia de República Dominicana.

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Luisa Saldaña
Luisa Saldaña
Periodista con experiencia en medios digitales e impresos. Estudiante de Derecho, con interés en el desarrollo económico y los temas que conectan empresa, ciudad y sociedad. Para mí la escritura es una forma de investigar y entender el entorno que nos rodea.
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