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El día que no cierra se va a la cama contigo

Si terminas la jornada con demasiados pendientes, no duermes solo: te acompañan el correo sin responder, la llamada aplazada y la reunión de pasado mañana. Y eso, tarde o temprano, le pasa factura a tu salud, a tu trabajo y a tu equipo

SANTO DOMINGO. – Desde la semana pasada los cielos sobre el país han estado medio nublados, en algunos lugares ha llovido, pero en sentido general, el calor ha pegado distinto y hay una especie de pesadez en el ambiente difícil de explicar.

Es la nube de polvo del Sahara, con aproximadamente 6,890 kilómetros de longitud, unas cien veces el tamaño del territorio dominicano, cubre la isla y sigue conectada todavía con África. El fenómeno genera un ambiente más seco, cielo opaco y un notable aumento en la sensación térmica en gran parte del territorio nacional, hasta esta semana casi completa según los pronósticos.

El calor, el aire pesado, la imposibilidad de ver el cielo azul, crean una sensación espesa muy particular: las horas pasan lentas y parece que el día no termina de resolverse, no cierra. Y a todo eso hay que agregar el modo en que terminamos las jornadas de trabajo. No toda la culpa es del polvo del Sahara.

La mente también tiene su nube de polvo

Piénsalo así: igual que el polvo sahariano cubre el cielo y no deja que la brisa corra ni que llueva con fuerza, los asuntos del trabajo que se dejan sin cerrar quedan flotando en la mente. La llamada que no hiciste, el correo que quedó pendiente, la conversación que aplazaste. Partículas invisibles que se acumulan, y tiene nombre científico.

La psicóloga soviética Bluma Zeigarnik descubrió en los años 20 algo que hoy parece obvio pero que pocos aplicamos: el cerebro guarda «archivos abiertos» para los asuntos pendientes, y la tensión mental que genera una tarea incompleta capta nuestra atención y nos hace volver a ella, aunque preferiríamos pasar a otra cosa. Es decir, el cerebro no descansa hasta que siente que cerró ese asunto.

El resultado es ese estado tan familiar: llegas a la casa, te sientas a cenar, y sigues mentalmente en la oficina. Ves una serie y estás pendiente al teléfono. Te acuestas y empiezas a repasar la lista de lo que quedó sin resolver.

Las tareas pendientes al final del día no solo ocupan espacio en la mente, pueden inducir un ciclo de preocupaciones y emociones negativas que perturba significativamente el sueño y no es solo un problema personal.

Una encuesta realizada por Asana, una de las plataformas de gestión de trabajo más usadas en el mundo, que permite a los equipos organizar proyectos y hacer seguimiento de tareas, encontró que el 71% de los trabajadores se sentían agotados, y citaban el cambio constante entre tareas y el trabajo incompleto como los principales responsables.

Más de siete de cada diez personas llegando al final del día sin haber cerrado nada del todo.

Un punto final al día laboral

Cal Newport, profesor de la Universidad de Georgetown y autor de Deep Work (Trabajo profundo), propone algo tan sencillo que parece demasiado simple para funcionar: crear un ritual de cierre diario.

Y no se trata de apagar la computadora y salir corriendo. Es un momento breve y deliberado para decirle al cerebro: ya terminamos por hoy.

Su propio ritual incluye revisar por última vez la bandeja de entrada, comprobar el calendario de los próximos días y anotar los recordatorios pendientes.

Newport indica que la clave es terminar con la sensación de que todo está bajo control y que no queda nada urgente por resolver esa noche.

Y como gesto final, recomienda una acción simbólica de cierre, algo tan simple como cerrar la laptop con intención, o decir en voz alta una frase que marque el fin del día laboral.

Newport usa: “Revisado, cerrado, se acabó.” Tú puedes inventar la tuya.

¿Por qué funciona? Porque no es magia, es neurociencia básica.

El ritual da al cerebro evidencia de que todo ha sido capturado y planificado, reduciendo así la ansiedad nocturna y los pensamientos repetitivos. El archivo queda cerrado, no abierto a medias.

Lo que gana tu equipo

Este hábito no solo te beneficia a ti. Cuando los líderes y los profesionales de una empresa desarrollan rituales de cierre, están construyendo algo más grande: una cultura que distingue entre tiempo de trabajo y tiempo de vida.

Los estudios en psicología organizacional muestran con regularidad que los empleados que mantienen límites claros entre el trabajo y la vida personal reportan mayor satisfacción laboral, menor burnout y mejor desempeño general.

Un equipo que sabe cerrar el día es un equipo que al día siguiente llega entero.

Como el polvo del Sahara, los pendientes del trabajo viajan solos, sin que los invites, y se cuelan en tus noches y tus fines de semana. La buena noticia es que, a diferencia del fenómeno climático, a este sí le puedes poner freno.

Cinco minutos al final de cada jornada. Un repaso rápido, un plan para mañana, una señal de cierre.

Así de simple. ¿Cuándo empiezas?

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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