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¿Cuál es el talón de Aquiles del crecimiento dominicano ante el Banco Mundial?

A las puertas de la evaluación del Banco Mundial, la República Dominicana exhibe solidez macroeconómica, pero arrastra rezagos estructurales en educación, habilidades y calidad del empleo, que limitan la sostenibilidad del crecimiento y frenan la expansión del mercado inmobiliario

SANTO DOMINGO. – La República Dominicana entra en la fase final del Marco de Alianza de País 2022–2026 del Banco Mundial, cuyo cierre en junio de 2026 dará paso al proceso de evaluación de resultados, Completion and Learning Review, y al diseño de una nueva estrategia país.

Más que un cierre administrativo, este momento obliga a una lectura estructural que ayude a comprender hasta qué punto el crecimiento económico reciente ha venido acompañado de transformaciones en los fundamentos del desarrollo.


El balance es conocido en lo macroeconómico: un ritmo de expansión sólido y sostenido en el período, con estabilidad relativa de precios, dinamismo del turismo y resiliencia frente a choques externos.

Sin embargo, el propio diseño del Marco de Alianza advertía que el reto del país no era crecer, sino transformar ese crecimiento en desarrollo inclusivo y sostenible.

Cuatro años después, los indicadores disponibles muestran avances limitados en ese objetivo, especialmente en el componente de capital humano.

Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA 2022), de la OCDE, son particularmente elocuentes. En matemáticas, apenas 8% de los estudiantes dominicanos alcanza el nivel mínimo de competencia; en lectura lo hace el 25%, y en ciencias el 23%. En los países de la OCDE, esas proporciones se sitúan, en promedio, en torno a 74% y 76% en lectura y ciencias, respectivamente.

La brecha no es marginal, ya que implica que entre tres cuartas partes y más del 90% de los estudiantes en República Dominicana no adquieren las habilidades básicas necesarias para integrarse de manera productiva a la economía.


Este rezago no responde a un problema de acceso, sino de calidad. El país ha expandido la cobertura educativa y ha incrementado el gasto público en el sector (4% del PIB), pero los resultados de aprendizaje no han acompañado ese esfuerzo.

En términos económicos, esto se traduce en una acumulación insuficiente de capital humano efectivo, es decir, de habilidades que incrementen la productividad.

A esta limitación se suma un desajuste entre la formación y la estructura productiva. Datos del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología muestran que apenas alrededor de 17% de la matrícula universitaria se concentra en áreas STEM -ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas- mientras más del 80% se orienta hacia carreras no técnicas, principalmente administración, derecho y educación.

Dentro de las áreas técnicas, la escala también es limitada: en torno a 43,000 estudiantes en ingeniería e industria, 39,000 en tecnologías de la información y unos 3,500 en ciencias básicas.
El resultado es un desajuste persistente entre oferta y demanda de habilidades. Sectores dinámicos de la economía enfrentan restricciones para encontrar perfiles técnicos, mientras una proporción significativa de egresados se inserta en ocupaciones de baja productividad o fuera de su campo de formación.

No se trata, por tanto, de un déficit de educación en términos cuantitativos, sino de pertinencia.
Esta brecha se manifiesta con claridad en el mercado laboral. Según la Oficina Nacional de Estadística y el Banco Central de la República Dominicana, la informalidad laboral se mantiene en torno a 55%-60% del empleo total, con niveles que superan el 70% en segmentos de menores ingresos.

La OCDE ha documentado que aproximadamente 65% de los trabajadores informales son por cuenta propia y cerca de 29% son asalariados sin protección social.

La implicación económica es directa. La alta informalidad refleja y, al mismo tiempo, reproduce bajos niveles de productividad, ingresos inestables y limitada cobertura de seguridad social, al tiempo que también restringe la base tributaria y condiciona la capacidad del Estado para financiar políticas públicas de mayor alcance.

En esencia, el mercado laboral actúa como el canal a través del cual las deficiencias en capital humano se traducen en resultados económicos agregados.Impacto en mercado inmobiliario

El vínculo con el sector inmobiliario es inmediato, aunque no siempre explícito.

La informalidad limita la capacidad de los hogares para demostrar ingresos y acceder a la bancarización o al financiamiento hipotecario, reduciendo la demanda efectiva de vivienda formal. Al mismo tiempo, la baja calidad del empleo restringe la expansión de una clase media con capacidad de compra sostenida, lo que condiciona la profundidad y sofisticación del mercado.

En este contexto, el crecimiento económico no se traduce plenamente en ampliación del acceso a vivienda ni en desarrollo urbano más estructurado.

Si se compara la situación actual con el punto de partida del Marco de Alianza en 2022, el patrón es claro: la economía ha mantenido su dinamismo, pero los indicadores estructurales de capital humano, calidad educativa, pertinencia de la formación e informalidad laboral, no muestran cambios sustanciales.

No ha habido, en este ámbito, una ruptura que permita hablar de transformación.
De cara al cierre del ciclo y a la evaluación del Banco Mundial, el país llega con fortalezas evidentes en estabilidad macroeconómica y crecimiento, pero con rezagos en el componente que define la sostenibilidad de ese crecimiento en el tiempo.

El capital humano emerge, así, como el principal punto de tensión entre desempeño económico y desarrollo.

Los datos sugieren que la principal limitación no radica en el crecimiento, sino en la calidad del mismo: hasta junio, y en el marco del cierre del ciclo, no se anticipan variaciones sustanciales en los indicadores estructurales. El desafío permanece en términos de política pública: mejorar los resultados de aprendizaje, alinear la formación con las demandas del aparato productivo y elevar la calidad del empleo.

En ausencia de avances en estos frentes, el potencial de crecimiento de la economía y, por extensión, del mercado inmobiliario, continuará condicionado por limitaciones estructurales, en línea con los diagnósticos del Banco Mundial.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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