El mercado local se sostiene sobre una fuerte producción nacional de cemento y acero, pero con baja diversificación en el uso de materiales
SANTO DOMINGO. – La construcción en la Región Metropolitana se levanta, casi en su totalidad, sobre una fórmula conocida: cemento gris y varilla y los datos del ROE 2025-2 de la Oficina Nacional de Estadística confirman que más del 94% de las obras utilizan estos materiales básicos, en su mayoría de producción nacional.
En paralelo, el país produce alrededor de 6.5 millones de toneladas de cemento y cerca de un millón de toneladas de acero al año, según cifras de la Asociación Dominicana de Productores de Cemento Portland y reportes del sector industrial recogidos por medios económicos locales, lo que evidencia una industria robusta.
Sin embargo, la baja diversificación en el uso de materiales plantea una pregunta clave: ¿se trata de eficiencia, o de estancamiento técnico
Una receta que se repite
El patrón es claro. De las 5,792 obras activas registradas en el ROE 2025-2, el 94.6% utiliza cemento gris de uso general, mientras que el 94.9% emplea barras corrugadas (varilla) como principal componente estructural.
El uso de materiales más especializados, como cementos estructurales o perfiles metálicos, es marginal. En el caso del acero, apenas un 1.4% de las obras incorpora perfiles como vigas o columnas, lo que refleja una baja penetración de sistemas de construcción más avanzados.
Este comportamiento confirma que el modelo predominante sigue siendo el de hormigón armado tradicional, una solución probada, accesible y ampliamente dominada por el sector.
El peso de la industria local
Si algo define al sector es su fuerte dependencia de la producción nacional. El 89.9% del cemento utilizado en las obras proviene de fabricantes locales, mientras que, en el caso del acero, el 82.7% también es de origen nacional, de acuerdo con el ROE 2025-2. Las importaciones, en ambos casos, son prácticamente inexistentes.
Este dato no es relevante, debido a que indica que República Dominicana cuenta con una industria cementera consolidada, con una producción que ronda los 7 millones de toneladas anuales, según la Asociación Dominicana de Productores de Cemento Portland, suficiente para abastecer la demanda interna e incluso generar excedentes para exportación.
En paralelo, la producción de acero, principalmente varilla, se aproxima al millón de toneladas por año, conforme a reportes del sector industrial dominicano, cubriendo una parte significativa del mercado local.
En términos estructurales, el país ha logrado capacidad productiva interna para sostener su crecimiento inmobiliario, lo que es clave para una industria cuyo desarrollo es continuo.
Eficiencia operativa… ¿o límite técnico?
La estandarización tiene ventajas evidentes. Reduce costos, simplifica procesos constructivos y permite mayor velocidad de ejecución, variables que son determinantes en un mercado dinámico.
Sin embargo, también plantea interrogantes. La baja diversidad en materiales puede estar limitando la evolución del sector hacia soluciones más eficientes, sostenibles o adaptadas a nuevas demandas arquitectónicas.
El uso casi exclusivo de varilla y cemento gris sugiere un modelo que prioriza lo conocido sobre la innovación. En otras palabras, el sistema funciona, pero no necesariamente evoluciona.
El dato que no se ve
Hay otro elemento que merece atención y, como en otros indicadores como el financiamiento, es vital: la falta de información.
Hasta un 9.9% de las obras no especifica la procedencia del cemento, y un 17.1% no detalla el origen del acero, según los cuadros A.26 y A.28 del ROE 2025-2 de la Oficina Nacional de Estadística. Asimismo, un porcentaje menor no identifica el tipo de material utilizado.
Aunque estos valores no alteran la tendencia general, sí evidencian brechas en la calidad del levantamiento de datos o en la trazabilidad de los materiales, un aspecto cada vez más relevante en un contexto donde la transparencia y la sostenibilidad ganan peso en la industria.
Construir hacia adelante
La construcción dominicana se encuentra en una posición sólida: cuenta con industria local, capacidad instalada y un modelo operativo eficiente. El reto, sin embargo, no es menor.
El siguiente paso no parece estar en producir más, sino en construir mejor. Diversificar materiales, incorporar nuevas tecnologías y ampliar las soluciones estructurales disponibles podría marcar la diferencia en la competitividad del sector en los próximos años.
Porque, al final, no se trata solo de cuánto se construye, sino de cómo se construye.
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