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Un edificio bien hecho se mueve

Un cliente me llamó una vez preocupado porque había encontrado una línea fina y perfectamente recta que se repetía en el mismo lugar en todos los niveles de su edificio. Le dije que eso era buena noticia. Esa línea era el edificio haciendo exactamente lo que se diseñó para que hiciera.

Los materiales se mueven. El hormigón se dilata y se contrae con la temperatura a razón de unas diez millonésimas por grado centígrado por cada metro de longitud. Suena a nada hasta que se multiplica: una estructura de cien metros de largo sometida a veinte grados de variación entre la madrugada y el mediodía se mueve alrededor de dos centímetros. Ese movimiento va a ocurrir. La única pregunta de diseño es si el edificio tiene por dónde hacerlo o si va a abrirse camino a la fuerza.

Para eso existen las juntas. La junta de dilatación separa físicamente cuerpos del edificio y atraviesa toda la estructura. La junta de control se induce en losas y pisos para que la fisura que de todos modos va a aparecer lo haga en una línea recta y planificada en lugar de en diagonal por el medio de la sala. La junta de construcción marca dónde se detuvo un vaciado y se retomó el siguiente. Son tres cosas distintas y confundirlas en obra es caro.

En LATAM hay una capa adicional que no se puede saltar: casi toda la región es sísmica. República Dominicana, México, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y toda Centroamérica diseñan con movimiento en la ecuación. Cuando un proyecto tiene varios cuerpos, o cuando una torre nueva se levanta junto a una existente, la separación sísmica entre ellos sale del cálculo estructural y es lo que evita que dos cuerpos con periodos de vibración distintos se golpeen durante un evento. La fachada se resuelve después, en ese orden.

Lo que suele fallar en la práctica es el sello. Un sistema de junta bien diseñado incluye un sello elástico y un cubrejunta que permite el movimiento sin dejar pasar agua, y ese sello tiene vida útil. Cuando se vence y nadie lo cambia, la junta se convierte en la mejor entrada de agua que tiene el edificio, y el agua nunca aparece donde entró. Por eso en los manuales de mantenimiento que entregamos, la revisión de sellos de junta va con fecha, no con criterio.

La otra mitad del trabajo es arquitectónica. Una junta puede leerse como una cicatriz que parte la fachada por la mitad o puede desaparecer dentro de la composición. Se alinea con un cambio de material, se esconde en un retranqueo, se hace coincidir con el ritmo de la modulación. Cuando el arquitecto y el estructural la deciden juntos en anteproyecto, la junta se vuelve parte del diseño. Cuando se resuelve en obra, siempre se nota.

Ese es el punto de fondo. En los proyectos que dirigimos, las juntas se dibujan desde el anteproyecto, con el estructural y el arquitecto en la misma mesa, y se detallan antes de que exista un solo plano constructivo. Ese es el único momento del proyecto en que todavía es gratis moverlas.

Un edificio rígido es un edificio que se va a agrietar donde no debe. Uno bien hecho se mueve, y lo hace por donde alguien decidió con anticipación que se moviera.

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El contenido y las opiniones aquí expuestas corresponden únicamente a su autor. Inmobiliario.do no asume responsabilidad por dichas afirmaciones ni las considera vinculantes a su visión editorial.
Yermys Peña
Yermys Peña
Yermys Peña es arquitecta, empresaria de la construcción y desarrolladora inmobiliaria con más de una década liderando proyectos de alto impacto en el Caribe. CEO de Studio YP, firma internacional de arquitectura y desarrollo; socia directiva de Construger; y fundadora de Eleva Business Institute, donde transforma perfiles técnicos en líderes empresariales. Miembro del Forbes Business Council.
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