El huracán Georges, en septiembre de 1998 puso a prueba, en pleno auge de la construcción, casi siete décadas de política habitacional dominicana
SANTO DOMINGO. – En 96 años de historia meteorológica documentada, solo tres huracanes de categoría mayor han golpeado de forma directa a la República Dominicana y el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), los tiene señalados: San Zenón, en 1930; David, en 1979; y Georges, en 1998.
Los tres coinciden en algo más que su magnitud: cada uno en su momento, golpeó la vivienda de los dominicanos con una fuerza que ningún otro fenómeno atmosférico ha vuelto a repetir en el país y cada uno generó situaciones políticas a los gobiernos de turno.
San Zenón sirvió de plataforma propagandística a un régimen que apenas comenzaba, el de Rafael Leónidas Trujillo, quien convirtió la reconstrucción de Santo Domingo en el relato fundacional de su dictadura. David, en 1979, dejó proyectos habitacionales de emergencia, como el de Los Barrancones, que seguían sin terminarse casi 20 años después. Y Georges, en 1998, encontró a un país que todavía cargaba con esa deuda pendiente, en medio de una economía que crecía a un ritmo sin precedentes.
Un huracán en la ruta menos esperada

El ciclón Georges produjo olas de 12 pies y una presión mínima de 971 milibares, según los registros del Indomet. (Foto/AGN).
Georges se formó como onda tropical a mediados de septiembre de 1998 y siguió una trayectoria que cruzó el arco de las Antillas Menores el 21 de septiembre como huracán mayor. Al día siguiente, con categoría 3 y vientos sostenidos de hasta 200 kilómetros por hora, tocó tierra dominicana por la provincia La Altagracia, cerca de Boca de Yuma y la isla Saona, abarcando San Pedro de Macorís, La Romana, Monte Plata, El Seibo, Hato Mayor, Santo Domingo, San Cristóbal, Peravia, San Juan, Barahona y Elías Piña, hasta salir del territorio por la frontera con Haití.
El fenómeno produjo olas de 12 pies y una presión mínima de 971 milibares, según los registros del Indomet.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estimó posteriormente el monto total de los daños en 2,193 millones de dólares. Las cifras de muertos varían según la fuente, entre 283 y más de 600 personas, la mayoría por inundaciones y deslizamientos de tierra en zonas montañosas.
Un huracán de categoría 3, en la escala de Saffir-Simpson, no debería por sí solo explicar semejante nivel de destrucción habitacional, pero la explicación está, en buena medida, en el tejido construido sobre el que actuó el fenómeno: un parque de vivienda donde, según ha documentado la investigación académica sobre el tema, la mayor parte de las soluciones habitacionales del país se levantan por fuera de cualquier norma de construcción formal.
Esa misma vulnerabilidad estructural, más que la fuerza del viento, fue la que convirtió a Georges en el tercer gran quiebre habitacional del siglo.
120 mil viviendas afectadas
El impacto sobre el parque habitacional dominicano quedó registrado en el propio discurso de rendición de cuentas del presidente Leonel Fernández ante la Asamblea Nacional, el 27 de febrero de 1999. Según esa intervención, 120,000 viviendas resultaron afectadas por el huracán.

En 2017 todavía los habitantes de «La mesopotamia», en San Juan de la Maguana, clamaban por la terminación de los apartamentos construidos tras el desastre del huracán Georges en la provincia. Fuente: Bohechío Digital.
El gobierno reportó, para esa fecha, la reparación de más de 80,000 de ellas y la construcción de 4,488 albergues provisionales para las familias cuyas casas quedaron destruidas, distribuidos en Santo Domingo, San Juan de la Maguana, Azua, Bonao, San Cristóbal y La Romana.
La cifra de personas sin hogar, según registros posteriores, llegó a 185,000, de las cuales unas 100,000 permanecieron en refugios hasta mediados de octubre de ese año, mientras se restablecían los servicios de electricidad y agua potable.
La emergencia habitacional no fue el único frente que el gobierno tuvo que atender de forma simultánea. El mismo discurso de 1999 detalla que el Banco Agrícola concedió préstamos por más de 2,359 millones de pesos durante 1998, un incremento de 88% respecto al año anterior, y que la Junta Monetaria declaró una moratoria de seis meses en el pago de préstamos DEFINPRO para los sectores productivos afectados.
El propio presidente aseguró a la población, en los días posteriores al paso del huracán, que en el país no se pasaría hambre, y según ese mismo relato oficial, así fue. La atención a la vivienda compitió, en las semanas siguientes a Georges, con la necesidad de sostener la producción agropecuaria y evitar una crisis alimentaria.
Casas prefabricadas y «megaproyectos de los pobres»
La respuesta habitacional del gobierno combinó dos velocidades. La primera, de emergencia inmediata: 10,000 viviendas de bajo costo mediante un sistema prefabricado de rápida ejecución, diseñadas y confeccionadas en Florida y Carolina del Norte, destinadas a igual número de familias que perdieron su techo.
La segunda, de reconstrucción a mediano plazo: los proyectos que el propio discurso presidencial del 2000 bautizó como «megaproyectos de los pobres», miles de viviendas levantadas en El Tamarindo, en la capital, y en San Juan de la Maguana y Bonao, en beneficio directo de los damnificados de Georges.
Esos megaproyectos se insertaron, además, en un momento de expansión histórica del sector construcción, que creció 18.2% durante 1999, el año inmediatamente posterior al huracán.
La paradoja del período queda así planteada con claridad: mientras el capital privado levantaba torres y proyectos turísticos a un ritmo que llevó a la República Dominicana al primer lugar en consumo de cemento per cápita de América Latina y el Caribe, el Estado construía, con paneles prefabricados traídos de Estados Unidos, la vivienda de emergencia para 10 mil familias que lo habían perdido todo.
La deuda que Georges heredó y la que dejó
Cuando Georges golpeó el país, el Instituto Nacional de la Vivienda (INVI) todavía no había cerrado los expedientes abiertos por David, dos décadas atrás. El proyecto de Los Barrancones, iniciado en 1979 para los damnificados de aquel huracán, apenas se anunció como «por concluir» en el discurso presidencial de 1998, meses antes de que Georges añadiera una nueva capa de emergencia habitacional sobre una infraestructura que ya arrastraba compromisos sin resolver.
Ese patrón, cada huracán mayor dejando un stock de vivienda de emergencia que la siguiente administración hereda a medio construir, es quizás el hilo más persistente de la historia habitacional dominicana del siglo XX.
San Zenón dejó una Ciudad Trujillo reconstruida bajo el relato del dictador. David dejó Los Barrancones. Georges dejó El Tamarindo y las 10,000 viviendas prefabricadas, cuya durabilidad de mediano y largo plazo como solución habitacional definitiva, más allá de la emergencia inicial, no forma parte del balance oficial de ningún discurso posterior.
Con Georges, el país cerraba el siglo XX confirmando una vulnerabilidad estructural que ningún ciclo de crecimiento económico, por vigoroso que fuera, alcanzó a resolver: la de una vivienda social que se construye, mayormente, como respuesta a la catástrofe, y no como política sostenida de prevención.
Ese diagnóstico, y el giro hacia nuevos mecanismos de mercado que el propio gobierno de Leonel Fernández introdujo en esos años, es el tema del próximo reportaje de esta serie.
Fuentes: Discursos de rendición de cuentas del presidente Leonel Fernández ante la Asamblea Nacional (27 de febrero de 1999 y 2000), publicados en La Modernización de la República Dominicana: Memorias de una Gestión 1996-2000; Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), declaraciones de su directora Gloria Ceballos citadas por Diario Libre y El Nacional; Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), estimación de daños del huracán Georges.
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