Tanto el ministro Collado como el Banco Central proyectan cerrar el año por encima de los 12 millones de visitantes y más de US$12,500 millones en divisas por el turismo durante 2026. Sin embargo, las cifras de que llegó un 14.5% menos de cruceristas y que Santo Domingo cubrió apenas un 60% de su ocupación hotelera, ofrecen otra lectura al discurso oficial
SANTO DOMINGO.– El Ministerio de Turismo (Mitur) confirmó ayer martes que República Dominicana recibió 921,718 turistas por vía aérea durante el mes de julio de 2026, la cifra más alta registrada para ese mes desde que existen estadísticas comparables.
El ministro David Collado presentó el dato como una hazaña doblemente meritoria: ocurre, dijo, «pese al momento bélico que atraviesa el mundo» y consolida a julio, tradicionalmente un mes de temporada baja, como el segundo de mayor movimiento del año, detrás solo de la temporada alta de invierno.
Los números, en efecto, son sólidos, pues el acumulado enero-julio llegó a 7,700,118 visitantes, un 7% más que en el mismo período de 2025 y la mayor cifra registrada para esos siete meses en la historia del sector, según el propio Mitur.
Con ese ritmo, Collado proyecta cerrar el año por encima de los 12 millones de visitantes, mientras el Banco Central estima que el turismo generará más de US$12,500 millones en divisas durante 2026.
Son cifras que, aisladas, justifican el tono celebratorio con que fueron presentadas, sin embargo, leídas junto al resto del reporte mensual, matizan bastante la narrativa de un éxito sin fisuras.
El primer matiz está en la letra pequeña del propio boletín: el crecimiento de 6.7% que Collado destacó corresponde únicamente a los llegados por avión. Pero julio también trajo 161,730 cruceristas, una cifra 14.5% menor que la de julio de 2025.
Al sumar ambas vías, el total de visitantes del mes, 1 millón 83 mil 448, creció apenas 2.9% respecto al año anterior, según los mismos datos oficiales difundidos por la Presidencia. Es decir, la desaceleración del turismo de cruceros absorbió buena parte del impulso aéreo, un detalle que no apareció en los titulares ni en la comunicación institucional del ministerio, pero que guardan las estadísticas.
El segundo matiz tiene que ver con la geografía del boom, con Punta Cana concentrando el 58% de las llegadas aéreas de julio, mientras Santo Domingo registró la ocupación hotelera más baja del país, de apenas 60%, frente al 92% de Bayahíbe.
Está claro que la bonanza turística sigue siendo, en buena medida, un fenómeno del este del país; el resto del territorio, incluida la capital, participa de ella de forma mucho más modesta, un detalle que se diluye en las cifras agregadas nacionales.
Un tercer elemento, es que el Banco Central proyecta que el sector aportará más de US$12,500 millones en 2026, pero no existen todavía cifras públicas y desagregadas sobre cuanto se queda en el mercado local, formalidad laboral, salarios promedio en el sector o el porcentaje de propiedad extranjera en la oferta hotelera, datos que permitirían medir con precisión esa derrama.
Contexto regulatorio
Desde la entrada en vigor de la Ley 30-26, la tasa de salida que pagan los pasajeros subió de US$20 a US$30, un incremento que las aerolíneas ya trasladan al precio de los boletos.
Collado ha insistido en que no ve «ninguna visualización a corto o mediano plazo» de que ese aumento afecte las llegadas, y atribuye la resiliencia del sector a la mayor competencia aérea, en particular la expansión de la línea aérea Arajet, que ha abaratado rutas hacia Nueva York, Miami, Orlando y Puerto Rico.
Es una explicación más verificable que la referencia al «momento bélico»: el propio ministro ha reconocido en otras declaraciones que el costo de los vuelos sigue siendo un obstáculo de competitividad para el destino.
Sobre ese último punto, la guerra como telón de fondo del éxito turístico dominicano, vale una precisión: organismos como ONU Turismo sí han documentado que la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente y Europa del Este está redirigiendo inversión y flujos de viajeros hacia América Latina y el Caribe, presentada por su directora ejecutiva, Natalia Bayona, como «la única región del planeta con 0% de probabilidad de tener un conflicto armado entre países».
Pero los propios actores del sector, incluido el empresario Frank Rainieri, matizan que ese argumento no basta por sí solo, ya que la ventaja competitiva del país descansa más en la estabilidad institucional, la infraestructura y el capital humano que en servir de refugio pasivo frente a las guerras ajenas.
Reducir julio de 2026 a un efecto colateral de conflictos lejanos simplifica una historia que tiene, sobre todo, causas internas: más asientos aéreos, más rutas, más competencia entre aerolíneas y una demanda diversificada que crece con fuerza en mercados como Colombia y Argentina.
Nada de esto contradice el dato central: julio de 2026 fue, en llegadas aéreas, el mejor de la historia reciente del país, pero el mismo boletín que celebra ese récord contiene las señales de un modelo turístico que crece de forma desigual. Entre vías de transporte, entre regiones y, todavía sin cifras claras, entre quienes participan de sus beneficios.
Lecturas recomendadas:




