SANTO DOMINGO.– Hay propiedades que tienen dueño, historia y hasta generaciones viviendo sobre ellas, pero no existen en los papeles. No tienen límites definidos, ni registro oficial, ni garantía jurídica. En República Dominicana, ese limbo tiene un nombre: terrenos sin sanear.
El saneamiento es el proceso mediante el cual un inmueble es reconocido por primera vez por el sistema legal. Es el momento en que una porción de tierra deja de ser solo ocupación o tradición familiar y pasa a convertirse en propiedad con derechos formalmente establecidos.
Sin embargo, llegar a ese punto no es automático. Detrás hay un procedimiento que combina levantamientos técnicos, validaciones legales y una cadena de notificaciones que buscan garantizar que nadie más reclame ese mismo espacio.
De acuerdo con informaciones del Registro Inmobiliario, el saneamiento inicia con un levantamiento parcelario que permite ubicar, delimitar e individualizar el terreno. Este proceso define por primera vez sus características físicas y legales dentro del sistema inmobiliario.
En la práctica, explica el agrimensor Rando Martínez, este es uno de los puntos más sensibles del proceso, ya que implica traducir una ocupación muchas veces informal en datos técnicos precisos. “Hay terrenos que tienen décadas siendo habitados, pero nunca han sido saneados. Eso significa que, legalmente, no existen como propiedad”, comenta.
A partir de ahí, comienza una fase que va más allá de lo técnico. Se deben notificar los trabajos a instituciones públicas, autoridades locales y propietarios colindantes. Incluso, es necesario hacer pública la información en un medio de circulación nacional, como forma de garantizar transparencia y abrir la posibilidad de objeciones.
El proceso también exige documentos que prueben la posesión del terreno, su origen y antigüedad. En algunos casos, se incluyen actas de nacimiento, matrimonio o defunción cuando se trata de herencias, así como decisiones judiciales o actos de transferencia, dependiendo de la situación del solicitante.
Martínez advierte que uno de los mayores retos es precisamente la falta de documentación. Muchas familias han ocupado terrenos por generaciones sin registros formales, lo que complica demostrar la titularidad. A esto se suma el desconocimiento del proceso, que lleva a que muchas personas ni siquiera inicien el saneamiento.
En paralelo, los profesionales autorizados elaboran planos, informes técnicos y registros digitales que respaldan la información levantada en campo. Todo esto se deposita para evaluación, en un proceso que puede tomar varios días o incluso semanas dependiendo de la complejidad del caso.
Las ventajas de un terreno saneado
Más allá de los requisitos, el saneamiento representa algo más profundo: seguridad. Un terreno saneado permite vender, hipotecar, heredar o invertir sin el riesgo de disputas futuras. Es, en términos simples, pasar de la incertidumbre a la certeza.
Sin embargo, la realidad es que aún existe una gran cantidad de terrenos en esta condición en todo el país. Para el especialista, esto no solo limita el desarrollo individual de las familias, sino también el crecimiento ordenado de las ciudades, donde la informalidad sigue marcando el ritmo en muchas zonas.
En un país donde gran parte del patrimonio familiar está ligado a la tierra, el saneamiento no es solo un procedimiento legal. Es el paso que convierte la posesión en derecho, y la historia en propiedad reconocida.
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