El calor dejó de ser una condición climática o excusa para iniciar una conversación, para convertirse en una experiencia estructural que impacta el bienestar
SANTO DOMINGO. – A las diez de la noche, la casa todavía está caliente. El techo cuela el sol acumulado todo el día y las paredes conservan un vapor invisible. El aire en 16 ni se siente, si es abanico, gira rápido, pero mueve aire tibio y en la cama, el sueño llega interrumpido, porque en este país el calor ya no termina cuando cae la noche.
El calor modifica mucho más que la temperatura del cuerpo: altera el sueño, agota la concentración y cambia el humor cotidiano. Las noches demasiado cálidas reducen la calidad del descanso y obligan al organismo a mantenerse en estado de alerta incluso durante la madrugada.
En ciudades tropicales densamente urbanizadas, donde el concreto y el zinc retienen calor durante horas, dormir bien puede convertirse en un privilegio térmico. Y cuando el descanso falla de manera constante, también se deterioran la productividad, la paciencia y el bienestar emocional. Y este año podría sentirse peor.
Lo que viene
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, advirtió este mes que existe un 82% de probabilidad de desarrollo de El Niño, fenómeno que suele asociarse a temperaturas más altas en distintas regiones del planeta entre mayo y julio de 2026, con posibilidades de fortalecerse hacia finales de año.
Pero el calor extremo no depende únicamente del clima. También depende de cómo están construidas las ciudades y las viviendas y ahí comienza otro problema, el que se siente en silencio, de madrugada, cuando el concreto y el zinc continúan devolviendo el calor absorbido durante el día.
Un estudio publicado en abril de 2025 por la revista científica Sustainability, centrado en viviendas sociales dominicanas, concluyó que el confort térmico dentro de los hogares influye directamente en la salud, el bienestar, la productividad y el consumo energético de las personas.
La investigación (Evaluation of Passive Strategies for Achieving Hygrothermal Comfort in Social Housing Buildings in the Dominican Republic) advierte además que República Dominicana todavía tiene pocos estudios enfocados en el desempeño térmico de viviendas vulnerables.
La investigación analizó condiciones de ventilación, temperatura y materiales constructivos, y encontró un patrón conocido por millones de dominicanos, aunque pocas veces descrito desde la ciencia: muchas viviendas conservan el calor durante horas después de la puesta del sol.
En barrios densos de Santo Domingo y ciudades con densidad poblacional alta, donde el concreto desplazó patios y árboles, la sensación térmica parece quedarse atrapada entre las paredes.
El descanso depende de la madrugada
Hay días y lugares en los que dormir implica abrir puertas, mover colchones hacia la sala o encender el aire acondicionado o el abanico toda la noche, incluso cuando la factura eléctrica ya resulta difícil de pagar. En definitiva, el calor termina organizando la rutina y los gastos domésticos.
Hay familias que cocinan más tarde para evitar aumentar la temperatura interior. Niños que hacen tareas sudando. Adultos que despiertan agotados. Personas que describen irritabilidad, dolores de cabeza o cansancio constante después de noches de sueño fragmentado.
El problema no es solamente la temperatura exterior, sino la forma en que la vivienda la absorbe y la retiene.
Otra investigación, enfocada en arquitectura vernácula dominicana, encontró que el reemplazo de materiales tradicionales, como la cana, por techos de zinc o concreto, modificó significativamente las condiciones de confort térmico dentro de las casas. (researchgate.net)
Durante décadas, buena parte del Caribe construyó viviendas pensadas para convivir con el calor: techos altos, sombra, ventilación cruzada, patios, galerías y materiales menos agresivos térmicamente.
Pero la urbanización acelerada alteró esa lógica con más concreto, menos árboles, más apartamentos sellados, menos circulación de aire, más superficies que almacenan calor durante el día y lo liberan lentamente durante la noche.
La ciudad moderna comenzó a calentarse incluso después del atardecer y el calor dejó de ser únicamente una condición climática para convertirse también en una experiencia estructural que impacta el bienestar.
En Santo Domingo, basta caminar de noche por sectores densamente urbanizados para sentirlo: en las calles el pavimento irradia calor, los edificios expulsan aire caliente de acondicionadores, y dentro, en las habitaciones, el calor parece inmóvil.
La amenaza de un nuevo episodio de El Niño ocurre en un contexto global especialmente delicado. Diversos organismos internacionales han advertido que los últimos años figuran entre los más cálidos registrados y que las olas de calor nocturno se están volviendo más frecuentes e intensas.
En ciudades tropicales y desiguales, ese fenómeno no se vive igual para todos, ya que hay quienes pueden climatizar una casa completa y hay quienes esperan las tres de la madrugada para sentir, por fin, una brisa mínima entrando por la ventana.
Porque el verdadero drama del calor caribeño no siempre ocurre bajo el sol, muchas veces se agrava durante la noche, cuando la casa no logra enfriarse.
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