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A pesar de que su pasado industrial le persigue, al igual que su vinculación con las casas de campo, las paredes de ladrillo no se dejan encorsetar ni limitar, solo hay que pensar en sus diferentes usos, ya que además pueden usarse como tabiques tipo celosías para separar ambientes o a modo de revestimientos de islas de cocina. 

Sin duda, estamos ante un elemento con grandes posibilidades decorativas dentro de casa. Esto implica que puedan pasearse por todas las estancias, aportando en cada una su granito de… ¡arcilla! Descubre cómo integrarlas en el dormitorio, sea cual sea su estilo, y ríndete a su encanto y naturalidad.  

Versátil y ponible

Foto: Jordi Canosa.

Decorativamente hablando, abren un abanico de posibilidades, ya que resultan fáciles de combinar con diferentes colores y materiales.

Así, forman una buena pareja con textiles en tonos tierras, donde incrementarán su calidez y su lado más natural, como con neutros como el gris e, incluso, rojos y azules, con los que lucirán su versión más moderna y sofisticada. De la misma manera, la madera incrementará su lado más hogareño, mientras que el metal, su parte más industrial

Foto: RQH Studio.

Carácter camaleónico

Por su pasado, lo vinculamos siempre con el estilo industrial. Sin embargo, aunque el aire de loft le sienta como un guante, no siempre luce el mismo look.

Según con qué se combine, el ladrillo visto se adapta tanto a un dormitorio rústico, luciendo su lado más natural; contemporáneo, con colores neutros y una decoración a su medida; minimalista cálido, reduciendo el resto de elementos a la mínima expresión; boho, aderezado con alfombras y fibras vegetales.

Foto: Furniture Village.

Sola o bien acompañada

El ladrillo visto puede lucir en solitario o hacerlo en compañía de otro material. Una buena idea es combinarlo con un arrimadero que aporte una nota de color, pueda sustituir al cabecero o imprima personalidad.  

Foto: Dariusz Jarzabek.

Su lugar en el dormitorio

La pared del cabecero es la opción más usual para una pared de ladrillo, ya que acapara las miradas, puede ejercer de cabecero y protege el paño. Pero no es el único lugar. Una buena idea es usarlo en las laterales para que enmarquen la zona de la cama y la rodeen con su natural calidez. 

Foto: Studio Guilherme Torres.

Sencillez con estilo propio

Aunque puedan parecer desnudas, no lo están, ya que detrás de su austeridad y aspecto como de ‘no acabado’, se encuentra, para todo aquel que quiera verlo, un gran potencial decorativo. Su textura imperfecciones aportan personalidad y elegancia, sin olvidar su capacidad de adaptación.

Foto: Fritz Fryer.

Efectos y acabados

El ladrillo visto al natural combina materia y textura, produciendo un gran impacto visual y aportando belleza y calidez al dormitorio. Si se trata de una pared que dejamos al descubierto durante una reforma, su aspecto envejecido por el paso del tiempo también sumará puntos. Ten en cuenta, además, que los ladrillos de las viviendas más modernas suelen estar colocados de una manera más regular y homogénea. 

Una alternativa más fácil de digerir visualmente, es pintando la pared de blanco, lo que produce que se integre mejor sin perder sus cualidades ni el encanto de su textura. 

Foto: Alex Lesage. 

Duraderas y para siempre

Quizás te canses tú antes de ella que ella de ti porque las paredes de ladrillo apenas precisan mantenimiento y resisten bien el paso del tiempo. Eso sí, es conveniente limpiarla regularmente con un cepillo de nailon, especialmente las juntas donde suele acumularse el polvo. Además, hay limpiadores específicos que pueden usarse, incluso, si están pintados en blanco. 

https://www.arquitecturaydiseno.es