En construcción, los errores cuestan. Pero cuando no se detectan oportunamente, pueden costar mucho más. Una tubería mal instalada, una pendiente inadecuada, una impermeabilización defectuosa, una instalación eléctrica fuera de especificaciones o un elemento estructural ejecutado sin control pueden permanecer ocultos hasta que corregirlos implique demoler, reconstruir y retrasar otras actividades.
Ahí radica una de las principales funciones de la supervisión técnica: detectar la desviación antes de que se convierta en retrabajo.
Las investigaciones permiten dimensionar económicamente el problema. Un estudio publicado por la American Society of Civil Engineers (ASCE), basado en 359 proyectos de la base de datos del Construction Industry Institute, señala que los costos directos del retrabajo pueden alcanzar alrededor del 5 % del costo total de construcción.
Esto significa que, en una obra de RD$500 millones (ejemplo), eso equivaldría potencialmente a RD$25 millones. (Fuente: Hwang, Thomas, Haas y Caldas, Journal of Construction Engineering and Management, ASCE, 2009).
Otros estudios muestran impactos mayores.
Una investigación realizada sobre 161 proyectos identificó costos directos de retrabajo equivalentes al 6.4 % del valor contractual e indirectos del 5.9 %, asociados a pérdida de productividad, administración, interrupciones y retrasos. (Fuente: Love y Edwards, Civil Engineering and Environmental Systems, 2005).
Sin embargo, no existe un porcentaje universal aplicable a todas las obras.
Una revisión académica de 2026 estimó que las fallas de calidad pueden representar entre 0.03 % y 26 % del valor del proyecto, según la definición de falla, retrabajo o no conformidad y la metodología utilizada, evidenciando la dificultad de cuantificar el costo real de la mala calidad. (Fuente: Construction Management and Economics, 2026).
Hay otro dato revelador: estudiar solamente cuánto cuesta reparar puede subestimar el problema.
Un estudio que analizó 19,605 eventos de retrabajo en 346 proyectos encontró que estos redujeron en promedio 28 % el beneficio anual del contratista durante el período analizado. Apenas 88 eventos, el 0.45 % del total, concentraron el 34 % de los costos registrados. (Fuente: Love et al., Production Planning & Control, 2018-2019).
Es decir, unas pocas fallas importantes pueden afectar considerablemente la rentabilidad.
Para la República Dominicana el tema adquiere especial relevancia por el volumen económico del sector.
La Encuesta Nacional de Actividad Económica 2025 de la ONE reportó un valor bruto de producción de la construcción de RD$224,687.37 millones en 2024, dentro de las empresas comprendidas por esa investigación. (Fuente: Oficina Nacional de Estadística, ONE, ENAE 2025–Sector Construcción).
Además, el Banco Central informó que en julio de 2026 la construcción creció 8.1 % interanual y que el crédito destinado al sector aumentó 18.2 %, equivalente a más de RD$28 mil millones adicionales.
Pero el costo de una supervisión deficiente no termina en el presupuesto.
Una instalación que debe demolerse retrasa el cronograma; un trabajo oculto sin inspección dificulta verificar su calidad; una prueba tardía puede convertir una pequeña fuga en reparaciones mayores, y las incompatibilidades entre estructura e instalaciones pueden afectar varias especialidades.
Supervisar no es observar la obra: es controlar técnicamente su ejecución. Implica inspeccionar, medir, documentar, realizar pruebas, registrar no conformidades, verificar correcciones y liberar procesos antes de permitir que sean cubiertos por las etapas siguientes.
Por eso, el costo de la supervisión técnica efectiva no debe analizarse simplemente como un gasto adicional, sino frente al impacto económico que puede representar construir sin ella.
En construcción, el error más costoso no siempre es el que se comete, sino el que se detecta demasiado tarde.
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