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Por José Arias

El Inmobiliario

La clase dominante del Santiago del Siglo XIX rechazó el merengue por sus letras
libertinas y el roce de caderas en el baile.

SANTO DOMINGO.-Si suena por casualidad un merengue perico ripiao en medio de un seminario, taller oalmuerzo empresarial, de seguro los participantes moverán, aunque no quieran y el contexto
no lo amerita, alguna parte de su cuerpo.

La cadencia, la sabrosura y la picardía del ritmo autóctono y patriótico por excelencia de
los dominicanos y dominicanas, provoca reacciones de este tipo. Solo hay que estar vivo
para disfrutarlo.

Pero ¿de dónde viene apodar al merengue típico como perico ripiao?

El destacado escritor y folclorista, Rafael Chaljub Mejía, nos responde en su maravillosa
obra “Por los Caminos Del Merengue”, que, a finales del Siglo XIX en la ciudad de
Santiago de los Caballeros, específicamente en el sector de Hospedaje, arribaban cientos de
comerciantes, compradores y vendedores de animales, cosecheros de tabaco y frutas,
bandidos de caminos y galleros con el propósito de vender y comprar sus productos para
luego revenderlos en otras zonas del país.

Las jornadas de estos hombres llegados desde lejos -para entonces no existían las autopistas de ahora- eran arduas, estresantes y fatigosas. Los viajeros aprovechaban las noches para botar el golpe en los centros de diversión de la época, es decir, en las fiestas de galleras, en las enramadas de pisos de tierra y, por supuesto, en los prostíbulos.

En esos garitos, los hombres de todas las edades se acostaban con las prostitutas y a la
acción amatoria la denominaron ¡a ripiar el perico! o ¡aquí se va a ripiar el perico!. Por lo tanto, la expresión a ripiar el perico recoge el doble sentido y la picardía que caracteriza nuestro merengue desde sus primeros acordes hasta la fecha de hoy.

Para una ciudad de Santiago, conservadora, parejera y culta, el origen libertino y erótico del
baile junto al roce de caderas en las galleras y burdeles generó un rechazo total del
merengue.

Equivale a decir que, para la clase dominante de la Ciudad Corazón, el merengue era
sinónimo de vagabundería, o lo mismo, odiaban ese baile “de campesinos sin moral ni
buenas costumbres”. Lamentablemente, el dictador Trujillo “honró” años después al
calumniado merengue.

Para contrarrestar esa vagabundería, “la gente decente” de la ciudad cibaeña bailaba sus
danzas europeas-vals y polka-, en sus amplios y pulcros salones. De merengue, nada.

También registra Chajulb Mejía que las primeras letras de un merengue conocido -muchos
investigadores así lo destacan- podrían ser el famosísimo Juan Gomero. Ese que dice así:
«las muchachas de Juan Gómez son bonitas y bailan bien, pero tienen un defecto que se ríen
de tó el que ven».

Al principio, el perico ripiao se tocaba con instrumentos de cuerda (guitarras tres y cuatro y
luego con el arribo de alemanes por el muelle de Puerto Plata, llegó entre sus pertenencias,
el famoso acordeón. Décadas después se integró a la gozadera el sonido sabrosón del
saxofón.

Entre los primeros precursores del merengue perico ripiao se destacan Ñico Lora,
considerado uno de los primeros padres del ritmo, Papá Baudillo, a quien se le presume ser
el autor del merengue Juan Gomero, el General Larguito y Guandulito.

Luego, nuestras últimas generaciones conocieron a Tatico Henríquez, Francisco Ulloa y en
la actualidad Fefita La Grande, El Cieguito de Nagua, María Díaz, La India Canela, El Prodigio, Krisppy y
Geovanny Polanco, entre otros.

¡A Ripiar el Perico se ha dicho, carajo!

Publicado originalmente en la 5ta edición de El Inmobiliario impreso, sección El Cibao en Concreto, que destaca la rica cultura cibaeña.