SANTO DOMINGO. –El perfil del cliente inmobiliario ha evolucionado al ritmo de la tecnología, la globalización y el acceso a la información. El resultado es un inversionista más analítico, que no solo pregunta cuánto cuesta un inmueble, sino qué retorno puede ofrecerle y cómo esa compra contribuirá a proteger su patrimonio.
Para el desarrollador Jordi Díaz, el cambio más evidente es que el comprador actual conoce mejor el mercado y evalúa con mayor detenimiento dónde colocar su dinero.
«Hoy el cliente es un experto en el área de compra y en búsqueda de información. Es más precavido al momento de invertir y ha dejado a un lado parte del componente emocional para tomar decisiones más estratégicas, ya sea buscando un mejor retorno o una vivienda principal», explica.
Un mercado que también rejuveneció
Ese cambio en la forma de comprar ha venido acompañado de un relevo en el perfil de quienes llegan al mercado inmobiliario.
Díaz señala que cada vez es más frecuente encontrar inversionistas jóvenes que comienzan a construir su patrimonio desde edades tempranas, impulsados por un acceso más amplio a información sobre inversiones y oportunidades inmobiliarias.
Según explica, entre los compradores que predominan actualmente figuran parejas que realizan su primera inversión, dominicanos residentes en el exterior, extranjeros interesados en el mercado local y, al mismo tiempo, inversionistas tradicionales que continúan ampliando sus portafolios mediante la diversificación de activos.
Comprar una propiedad ya no significa solamente adquirir metros cuadrados
Con más de 18 años de experiencia en el mercado inmobiliario de Punta Cana, la agente y asesora inmobiliaria Altagracia Poueriet afirma que la transformación va mucho más allá de un cambio generacional.
Recuerda que hace una década las motivaciones de compra estaban asociadas principalmente a la adquisición de una segunda vivienda, la protección del patrimonio familiar o el aprovechamiento del crecimiento que comenzaba a experimentar ese destino turístico.
Hoy, asegura, que el comprador analiza variables que antes tenían un peso menor dentro de la decisión.
«La seguridad jurídica, la calidad de la construcción, la estabilidad económica, la rentabilidad y la calidad de vida forman parte del análisis antes de invertir», señala.
A ello se suma un fenómeno que ha cobrado fuerza en los últimos años: el incremento de compradores internacionales, dominicanos de la diáspora y profesionales independientes que buscan propiedades no solo como inversión, sino como parte de un proyecto de vida orientado al bienestar o al retiro.
De una compra patrimonial a una decisión de vida
Poueriet considera que el cambio más importante no está únicamente en quién compra, sino en el propósito con el que lo hace.
A su juicio, el mercado inmobiliario ha dejado de entenderse exclusivamente como una vía para adquirir una propiedad y se ha convertido en una herramienta de planificación patrimonial y financiera.
«El comprador moderno ya no compra solo un inmueble; compra tranquilidad, bienestar y futuro», resume.
Esa visión coincide con la percepción del desarrollador Jordi Díaz, quien observa que el componente emocional ha cedido terreno frente al análisis estratégico de la inversión.
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