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El botellón como infraestructura invisible

Lo que el Censo 2022 revela sobre el agua potable en los hogares dominicanos, y lo que eso significa para el mercado inmobiliario: la solución tiene el mérito de resolver un problema que la ONE acaba de poner en blanco y negro: en la República Dominicana, tener acueducto no significa tener agua para beber

SANTO DOMINGO. – ¿Cuál es la fuente que suplirá el agua potable del proyecto? Esta pregunta o su respuesta difícilmente aparezca en un brochure o un render y es casi improbable que el comprador la haga y que el desarrollador responda: “de botellón”. Hasta ese punto se ha normalizado la carencia de agua potable corriente, ya sea en un solar por una loma en Cabrera, un predio en Barahona o una torre en el Ensanche Ozama.

El Fascículo II Agua y saneamiento en los hogares de la República Dominicana, publicado en mayo de 2026 por la Oficina Nacional de Estadística, a partir del X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, lo confirma: el 84.3% de los hogares dominicanos bebe agua de botellón.

La cifra no retrata un sector rezagado en la marginalidad ni una franja rural sin tuberías. Es el reflejo de casi todo el país, con matices mínimos entre la ciudad y el campo.

En la zona urbana, donde viven 2.7 millones de hogares, el porcentaje sube al 87% y en la zona rural baja al 77.1%, pero solo porque allí compiten el camioncito, la lluvia y la llave pública, no porque el acueducto haya llegado a resuelva el problema.

El agua potable directa de la tubería dentro de la vivienda, lo que en cualquier otro contexto regional sería la condición mínima de habitabilidad urbana, la tiene apenas el 5.9% de los hogares a nivel nacional: solo 220,867 de los 3.7 millones censados.

La brecha que no está en el contrato de compraventa

El dato que el mercado inmobiliario debería leer con atención no es el del botellón sino el del acueducto: que el 62.7% de los hogares dominicanos use el agua doméstica para lavar, fregar y bañarse, mientras solo el 5.9% lo usa para beber, traza una línea clara: el agua llega a la vivienda, pero nadie confía en beberla.

Esa desconfianza tiene un precio, debido a que el botellón no es gratis, ni el camioncito que recorre las urbanizaciones vendiendo agua procesada, única fuente de abastecimiento para el 3.6% de los hogares urbanos.

Cada familia que vive en un apartamento con acueducto nominal y compra su agua en botellones, está pagando dos veces: la tarifa del acueducto y el costo del agua que sí bebe. El consumo semanal para una familia de 4 integrantes podría ser de 4 botellones y le dejamos a los lectores el cálculo anual por este concepto, a los precios actuales entre 110 y 130 pesos el garrafón de 5 galones.

El agua “de tomar” es una carga económica casi invisible que nunca aparece en el análisis de rentabilidad de un proyecto residencial ni en las tablas de valoración de los peritos tasadores.

¿Cuánto suma eso en la vida útil de un activo? ¿Lo descuenta el mercado del precio por metro cuadrado? ¿Lo revela alguien durante el proceso de debida diligencia de una hipoteca?

El camioncito salvador

Según el documento de la ONE el 3.2% de los hogares dominicanos, 119,637 en números absolutos, bebe agua “procesada” de la que venden los camioncitos: ese vehículo pequeño que circula por calles residenciales vendiendo agua “potable” a domicilio.

En zona urbana el porcentaje es mayor que en zona rural (3.6% vs. 2.3%), lo que demuestra que no es un fenómeno de zonas sin infraestructura: es un servicio de mercado que llena el vacío donde el acueducto sí llega, pero no es bebible.

Para el sector inmobiliario, la distribución geográfica de ese camioncito es, involuntariamente, un mapa de la desconfianza hídrica. Las provincias con mayor dependencia de esta fuente son también mercados de desarrollo activo y no se trata de zonas marginales sino de territorios donde la red existe y no es suficiente.

Los 37,241 hogares que recurren al camión cisterna grande, fuente cualitativamente distinta, asociada a comunidades sin red, completan el cuadro: en zonas rurales de interés turístico e industrial, como el corredor del este o la costa norte, el agua llega en vehículo o no llega.

Lo que el promotor no calcula

La pregunta que el informe de la ONE instala sin nombrarlo es regulatoria: ¿qué estándar de agua potable garantiza un proyecto residencial?

La normativa dominicana exige conexión a la red de acueducto como condición para la habilitación de un edificio, pero no hay parámetro que obligue al promotor a demostrar la calidad del agua entregada ni a proveer sistemas de filtración o tratamiento en las unidades.

El resultado es una externalidad silenciosa: el comprador asume el costo de resolver lo que la infraestructura por la que pagó no hace.

En proyectos de mediano y alto estándar, torres en Piantini, Naco, Los Cacicazgos, urbanizaciones en el Este, esa solución suele ser el filtro en la cocina, el botellón por suscripción o la conexión a un sistema centralizado de agua purificada que el propio condominio administra. Y el problema sigue generando cargas.

En proyectos de bajo costo, la solución es el camioncito o el botellón individual, con un peso presupuestario desproporcionado para hogares de ingreso limitado.

Pero ninguno de estos escenarios aparece en la promesa de venta.

Una oportunidad de diferenciación

Lo que el censo documenta como déficit, el mercado puede leerlo como ventaja. El promotor que incorpora sistemas de filtración centralizada, garantía de agua potable en la unidad o certificación de calidad hídrica en su proyecto, tiene un argumento que el 94% de los hogares urbanos dominicanos no puede dar por descontado: el agua de la llave es bebible.

En un contexto donde la diferenciación de producto es cada vez más difícil, amenidades similares, acabados comparables, ubicaciones compitiendo en los mismos corredores, la solución del agua potable tiene el mérito de resolver un problema real que el Censo 2022 acaba de poner en blanco y negro: en la República Dominicana, tener acueducto no significa tener agua para beber.

Fuente: Fascículo II. Agua y saneamiento en los hogares de la República Dominicana. X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, ONE, mayo de 2026.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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