Los recuerdos de las visitas a países extranjeros forman parte del equipaje. Llevar a los seres queridos un hermoso presente con identidad criolla o simbolismo o simplemente como colección es parte de la agenda. Es por ello que el souvenirs se convierte en un elemento clave dentro de la cadena turística global, que dinamiza las economías locales, como parte de la cultura de un país.
Los historiadores lo sitúan en la Antigua Grecia y el Imperio Romano con vasos para beber que servían como recuerdos usados por los romanos y que cumplían además una función de prestigio social.
Las familias pudientes mostraban en estanterías, estratégicamente situadas en sus viviendas, colecciones de estas piezas traídas de distintos puntos del imperio, para mostrar su influencia. Estos vasos se elaboraban con materiales, factura o estilo típicos de la zona de donde provenían, destaca el diario Caixabank.
La peregrinación lo impulsó
Las peregrinaciones en la Edad Media se convirtieron en la principal manera de conocer el mundo. Así empezó la colección de los recuerdos. Muchos empezaron a llevar pequeñas reliquias relacionadas con el culto de la peregrinación. Roma, Jerusalén o Canterbury también despachaban sus propias insignias. Incluso estaban reguladas por los propios gremios de artesanos, que sólo permitían su producción a partir de un molde autorizado (por cuyo uso debían abonar un importe al gremio) y se pactaba un precio.
Algunas sólo eran colgantes con alguna figura simbólica reconocible, que se podían coser en la ropa para que fueran visibles; otros recuerdos eran cantimploras para transportar agua bendita u óleo de vuelta a casa.
Roma, la cuna industrial
Pío IV ejerció su papado en el último cuarto del siglo XVIII. Destacó por su especial interés en recuperar y conservar el arte, promoviendo excavaciones para encontrar piezas de la antigua Roma. Sólo es un ejemplo de la sensibilidad de la época, que valoraba especialmente el arte clásico original.
Aprovechando esta tendencia, el grabador italiano Giovanni Volpato obtuvo permiso del Papa para trabajar en los yacimientos y extraer piezas para vender a extranjeros, especialmente a jóvenes aristócratas británicos, que tenían como costumbre viajar por la Europa continental como rito de iniciación.
Pero el volumen de piezas no era suficiente. Y los precios no eran aptos para todos los bolsillos. Así que Volpato empezó a producir pequeñas reproducciones de estatuillas romanas en un material parecido al mármol, con gran éxito.
Paris y las bolas de nieve
La exposición Universal de París fue la primera en comercializar bolas de nieve en 1889, con una pequeña Torre Eiffel en su interior. Más adelante, también las ciudades o regiones empezaron a vender sus souvenirs, inspirados en aquello que las diferenciaba.
De dónde viene
Souvenir es una palabra que proviene del francés y hace referencia al recuerdo, a la memoria. En Japón, por ejemplo, está muy enraizado culturalmente el omiyage, intercambiar con familia, amigos o compañeros de trabajo pequeños objetos o especialidades gastronómicas después de un viaje.
Aunque deberá evolucionar a la par con la era, los souvenirs continuarán siendo parte de la sostenibilidad del turismo, como una pieza viviente de los recuerdos del visitante.
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