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República Dominicana tiene dos fallas activas y el 70% de su construcción es informal

Aunque digamos ‘estamos preparados’, ningún país sabe qué día va a recibir el impacto, la sociedad no está bien entrenada para reaccionar y a eso se suma que la mayor parte de la construcción es informal”, advierte el geólogo Osiris de León

SANTO DOMINGO. – El geólogo dominicano Osiris de León advirtió que la República Dominicana enfrenta un riesgo sísmico severo por la combinación de dos fallas activas de gran magnitud, suelos que amplifican las ondas sísmicas en el valle del Cibao y un 70% de construcción informal en todo el territorio nacional.

Las declaraciones las ofreció en entrevistas en los programas radiales Ahora por la Súper 7 FM y El Rumbo de la Tarde por Rumba FM, en el marco del análisis del terremoto que afectó a Venezuela la pasada semana y que hasta ayer domingo había dejado un saldo de más de 1,500 fallecidos y miles de desaparecidos.


Según De León, la isla La Hispaniola alberga dos fallas sísmicas capaces de generar terremotos de gran magnitud. La primera es la falla Enriquillo Plantain Garden, que atraviesa Jimaní, Barahona y el sur de Azua, la misma que generó el terremoto de Puerto Príncipe del 12 de enero de 2010, con 316,000 muertos y la segunda es la falla septentrional, que corre al norte de Monte Cristi, Puerto Plata, Sosúa, Cabarete, Río San Juan y Samaná.

El geólogo señaló que el valle del Cibao presenta un factor de riesgo adicional: su suelo está compuesto por un grueso espesor de arcilla marina blanda que amplifica las ondas sísmicas. «Las ondas se amplifican, multiplican el empuje, la fuerza de empuje y entonces terminan haciendo colapsar estructuras», explicó De León en Súper 7 FM.

Como antecedente histórico citó el terremoto del 2 de diciembre de 1562, cuyo epicentro estuvo en la costa atlántica pero que destruyó completamente Santiago y La Vega debido a la respuesta de los suelos del valle. Santo Domingo, construida sobre roca caliza, no registró daños.


De León precisó que el riesgo se extiende desde Piedra Blanca y Bonao hasta Monte Cristi, a lo largo de toda la franja del valle. «Los suelos buenos para agricultura son malos al momento de un terremoto para las construcciones que hay sobre esos suelos», afirmó.

70% de informalidad constructiva

El geólogo indicó que el dato más alarmante y peligroso es que el 70% de las construcciones que se levantan en el territorio nacional son informales. Describió la práctica común de agregar segundos y terceros pisos, eliminar columnas de soporte, construir paredes sin estructura y realizar anexos sin criterio técnico. «El día que viene el terremoto, todo eso se va al suelo», señaló en la entrevista en Super 7 FM.


De León vinculó directamente esta condición con los daños históricos en eventos sísmicos comparables, como el caso de Haití, donde identificó tres factores que multiplicaron el impacto del terremoto de 2010: la falla pasaba al costado inmediato de Puerto Príncipe, el hipocentro fue superficial, a 10 kilómetros de profundidad, y las estructuras eran vulnerables. «Encontró una sociedad muy vulnerable, estructuras que estaban muy vulnerables», dijo en El Rumbo de la Tarde, en Rumba FM.

La lección de Venezuela

De León usó el caso venezolano para ilustrar los límites de la preparación institucional. Aseguró que Venezuela inició su programa de ingeniería sismorresistente en los años 60, tras el terremoto de Caracas de julio de 1967, con magnitud 6.5.


Desde entonces operaba con una especialidad universitaria en sismorresistencia en la Universidad Central de Venezuela, una fundación dedicada al tema y varias instituciones activas. Aun así, el terremoto de junio de 2026 ha generado hasta el momento más de 40,000 desaparecidos y el colapso de miles de estructuras en Caracas, Maiquetía, Macuto y La Guaira.

«Ellos no esperaban ver tanta destrucción», afirmó De León a El Rumbo de la Tarde, y explicó que el error conceptual estuvo en diseñar estructuras para cumplir con el código de construcción sin evaluar la respuesta sísmica local del suelo.

«Tú no has diseñado una estructura para el suelo, sino una estructura para el código. Y son dos cosas distintas», precisó.


De León recordó que la escala sísmica es logarítmica, no lineal, por lo que cada unidad que sube multiplica la energía liberada por 32. El terremoto dominicano del 4 de agosto de 1946, con epicentro en la zona de Matanzas y Nagua, alcanzó magnitud 8.1, seguido de una réplica de 7.6.


«La diferencia entre uno de 8 y uno de 7 es 32 veces», explicó. «Uno de 8 es 32 veces más grande que uno de 7 porque la escala es logarítmica», reiteró.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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