Por su ubicación geográfica, el país se encuentra expuesto a fenómenos meteorológicos que desnudan altos niveles de vulnerabilidad estructural
SANTO DOMINGO. – Las lluvias intensas asociadas a la vaguada en altura que ha afectado al país en los últimos días no constituyen un hecho aislado, sino que se insertan en un patrón histórico de alta recurrencia de eventos hidrometeorológicos en la República Dominicana, según evidencian datos recientes de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).
De acuerdo con la infografía oficial, entre 1995 y 2024 se registraron 75 eventos hidrometeorológicos en el país, con un promedio anual de dos fenómenos en la última década. Esta estabilidad en la frecuencia no implica una reducción del riesgo, sino más bien una exposición constante del territorio a lluvias intensas, tormentas y ciclones.
Picos críticos
El análisis por tipo de fenómeno muestra que el 81.33% de los eventos está asociado a sistemas tropicales, siendo las depresiones y tormentas tropicales las más recurrentes, con 44 casos registrados en el período y en menor proporción, los fenómenos de perturbación representan el 16%, mientras que los eventos extratropicales apenas alcanzan el 2.67%.
Aunque la temporada ciclónica, de junio a noviembre, concentra la mayor parte de estos eventos, los datos revelan una marcada concentración entre agosto y septiembre, meses en los que ocurre el 65.28% de los fenómenos registrados.
Sin embargo, episodios como la vaguada que aun incide en el territorio nacional, ponen de relieve que los impactos pueden producirse fuera de los picos más críticos, ampliando el período de vulnerabilidad.
Recurrencia y riesgo acumulado
En el plano territorial, la distribución de las trayectorias evidencia que provincias como La Altagracia, Azua, San Juan, Elías Piña y La Vega han sido históricamente las más afectadas, una concentración geográfica que sugiere la persistencia de corredores de riesgo donde las condiciones climáticas y geográficas favorecen la incidencia de estos fenómenos.
Esta recurrencia no solo indica exposición geográfica, sino también la persistencia de condiciones estructurales que favorecen el impacto repetido de estos eventos.
Más allá de la identificación de zonas afectadas, la infografía evidencia la frecuencia con que ciertas provincias han sido impactadas a lo largo del tiempo, acumulando múltiples trayectorias de eventos entre 1995 y 2024.
Este patrón de repetición permite interpretar el riesgo no como un evento aislado, sino como un fenómeno acumulativo que incrementa la vulnerabilidad social, económica y ambiental en estos territorios.
¿Nos preparamos?
A nivel de preparación, la ONE destaca que en 2024 el 64.7% de los hogares adoptó medidas para proteger sus viviendas ante alertas, principalmente asegurando puertas, techos y ventanas.
Otras acciones incluyen la protección de electrodomésticos (20.8%) y el amarre de objetos vulnerables (17.7%). No obstante, medidas más estructurales o de evacuación preventiva presentan menor adopción, como el uso de albergues (5.4%) o la colocación de sacos de arena (3%).
Este comportamiento evidencia que, aunque existe cierta cultura de prevención, predominan acciones reactivas y de protección inmediata, más que estrategias de mitigación a largo plazo.
Estacionalidad concentrada en pocos meses
Dentro de la temporada ciclónica, la ocurrencia de eventos no se distribuye de manera uniforme. Agosto (33.33%) y septiembre (31.94%) concentran en conjunto el 65.28% de los fenómenos registrados, seguidos por octubre (15.28%) y julio (13.89%).
Por el contrario, junio (0%) y noviembre (5.56%), presentan una incidencia mucho menor y estos datos reflejan un calendario climático altamente concentrado, donde el riesgo se intensifica en un período reducido del año.
Tipo de fenómenos y su impacto
La clasificación de los eventos distingue entre perturbaciones, ciclones tropicales y ciclones extratropicales, cada uno con características distintas en su formación y comportamiento. Mientras los ciclones tropicales obtienen su energía de las aguas cálidas del océano, las perturbaciones representan alteraciones del sistema atmosférico que pueden afectar su estabilidad, y los sistemas extratropicales dependen de contrastes térmicos.
Esta diversidad tipológica explica por qué eventos de distinta naturaleza pueden generar impactos similares en términos de lluvias, inundaciones y daños.
Qué implica en este momento
En el contexto de las lluvias recientes, estos datos permiten dimensionar mejor la magnitud del impacto: un país que enfrenta en promedio dos eventos hidrometeorológicos por año, con alta incidencia de sistemas tropicales y una marcada concentración estacional, se mantiene en una situación de vulnerabilidad estructural.
La actual vaguada, lejos de ser un fenómeno excepcional, se suma así a una tendencia histórica que plantea desafíos urgentes en términos de planificación territorial, fortalecimiento de infraestructuras y consolidación de una cultura de prevención más integral frente a desastres naturales.
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