SANTO DOMINGO.- Cuando el acceso a la vivienda se complica, la innovación suele acelerar. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en Australia, donde la escasez habitacional ha llevado a familias e inversionistas a mirar hacia una solución inesperada: pequeñas viviendas modulares que pueden instalarse en el patio trasero en cuestión de días.
La tendencia está ganando fuerza a medida que los precios inmobiliarios se mantienen elevados y construir una casa tradicional puede tardar más de un año. En ese contexto, los llamados backyard pods, o habitaciones compactas prefabricadas, están emergiendo como una alternativa más rápida y accesible para sumar espacio sin embarcarse en proyectos largos y costosos.
El fenómeno también refleja un cambio cultural: la vivienda ya no se concibe únicamente como una estructura permanente, sino como un sistema flexible capaz de adaptarse a nuevas necesidades familiares o de inversión.
Casas que llegan en cajas (y se arman en días)
La cadena australiana de ferretería Bunnings ha ampliado su catálogo para incluir unidades modulares tipo “flat-pack”, es decir, estructuras que llegan empaquetadas con paneles prefabricados, aislamiento y cubiertas listas para ensamblar. Algunos modelos pueden montarse en apenas dos días.
Los precios arrancan en torno a los US$26,100 para una habitación de aproximadamente 2.7 por 2.4 metros y alcanzan los US$42,900 en versiones más amplias tipo estudio. Esta diferencia de costos frente a la construcción tradicional explica parte de su creciente popularidad.
En ciertas zonas, además, estas estructuras pueden instalarse sin necesidad de permisos de obra, un factor que acelera aún más el proceso y reduce la burocracia. Para muchos propietarios, se trata de una manera práctica de agregar espacio funcional sin alterar por completo la propiedad.

Una tendencia impulsada por la crisis de vivienda
El auge de estas soluciones no ocurre en el vacío. Australia enfrenta un déficit habitacional relevante y, aunque el gobierno federal busca impulsar la construcción de 1.2 millones de viviendas antes de 2029, las proyecciones apuntan a que el país podría quedarse corto por más de 400,000 unidades.
Paralelamente, algunos estados han flexibilizado las normas urbanísticas para permitir viviendas secundarias, facilitando la expansión de este tipo de desarrollos. El resultado es un mercado que empieza a mirar la prefabricación como parte del futuro habitacional.
Los analistas prevén que el sector de viviendas modulares crezca cerca de 7% anual hasta alcanzar los US$18,000 millones en 2030, una cifra que ayuda a dimensionar el tamaño de la oportunidad.
Más allá de resolver necesidades familiares, como oficinas en casa, habitaciones para adolescentes o espacios para visitas, estos módulos también están captando la atención de inversionistas. Su rapidez de instalación y eficiencia energética los hace atractivos para alquileres de corta estancia y proyectos turísticos en zonas regionales.
De hecho, las ventas de estas unidades ya superan los US$9 millones, y casi un tercio se destina a iniciativas vinculadas al turismo o propiedades fuera de la red tradicional.
Lo que ocurre en Australia deja una lectura interesante para el mercado global: cuando la vivienda escasea, la creatividad se vuelve parte de la solución. Y en un mundo que exige cada vez más rapidez, la idea de ampliar la casa en días, en lugar de años, empieza a parecer menos futurista y más inevitable.
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